Sonido & Visión

Discos 1964 (II): Jazz y talento femenino

Continuamos con nuestro recorrido por los discos que cumplen este año el medio siglo de vida, esperando a ser escuchados tal como sucediera cuando apenas salieron del horno.

SÍNCOPA IMPARABLE

Desde el Mississippi, el pianista, vocalista y trompetista Mose Allison (1927), uno de los grandes representantes de la región donde el jazz creció fuerte y sano, tomó la palabra con The Word of Mose. El coloso John Coltrane (1926-1967) siguió su fiel recorrido hacia la búsqueda trascendental con The Believer y Crescent, mientras que Archie Sheep (1937) le rendía virtuoso homenaje con la obra maestra Four for Trane. El prodigioso pianista Oscar Peterson (1925-2007) grabó, junto a su trío, + One Clark Terry, encontrando la cuadratura al círculo.

El fundamental trompetista Miles Davies (1926-1991), quien presentó Four & More, era capturado en vivo en Miles in Berlin y Charles Mingus (1922-1979), por su parte, en The Great Concert of Charles Mingus, par de álbumes que permiten adentrarse en el ritual jazzístico de la improvisación sustentada, oficiados por dos de los músicos de referencia indiscutida del género.A la altura, el experimentado saxofón de Ben Webster (1909-1973)arregló una cita impecable en See You at the Fair.

Freddie Hubard (1938-2008) seguía rompiendo rítmicas y armonías, siempre encontrando el punto justo en Breaking Point! y el guitarrista Grant Green (1935-1979) hizo lo propio con el elusivo y ya clásico Matador, álbum que fue acompañado este mismo año por los también brillantes Solid y Talkin’ About!Gil Evans (1912-1988) nacido en Toronto y fallecido en Cuernavaca, presentó el fílmico The Individualism of Gil Evans, como para distinguir su trabajo particular al de sus puntuales colaboraciones, aunque en esta obra, cuya versión en CD se nutrió con cinco temas adicionales, contó con invitados de altísimos vuelos.

Uno de estos personajes fue el gran saxofonista Wayne Shorter (1933), para quien este año representó su definitiva consagración con tres obras maestras al hilo: Night Dreamer, Speak No Evil y Ju Ju. Por si no fuera suficiente, participó con energía en el polirrítmico Free For All del innovativo baterista Art Blakey (1919-1990) y sus Jazz Messengers, ahora con el mensaje libertario para todos por igual; asimismo se involucró en el clásico Search for the New Land del trompetista Lee Morgan (1938-1972).Hablando de encuentros milagrosos, The Modern Jazz Quartet se reunió con Laurindo Almeida para grabar una joya titulada, explícitamente y como que no quiere la cosa, Collaboration.

El saxofonista tenor Joe Henderson (1937-2001) confirmó su elevado momento creativo con Inner Urge e In’n Out, al tiempo que el recién fallecido Horace Silver (1928-2014), uno de los precursores del hardbop y visitador frecuente de géneros diversos, firmaba su pase a la inmortalidad con su obra cumbre Song For My Father, en absoluto tono respetuoso. Dos personajes animados muy queridos fueron objeto de sendos discos que aún hoy se siguen tarareando: Vince Guaraldi (1928-1976) propuso A Boy Named Charlie Brown y Henri Mancini (1924-1994) compuso el score The Pink Panther.

El multiinstrumentista de viento Eric Dolphy (1928-1964), alcanzó una de sus cimas artísticas con Outto Lunch!, especie de testamento en el que derrocha libertad interpretativa y capacidad de improvisación, potenciadas por la conjuntada alineación de primera línea; además colaboró en Point of Departure, quizá la obra mayor del pianista avant-garde Andrew Hill (1937-2007), quien se destapó con otros dos álbumes esenciales de su exploradora trayectoria: Judgment! y Andrew!!!, ya en completa y admirativa tesitura postbop.

En estos terrenos sembrados de impulso experimental, germinó el clásico Spiritual Unity, confeccionado por el saxofón de Albert Ayler (1936-1970) y la intensidad de Peacock (bajo) y Murray (batería). Desde Suecia, el pianista Jan Johansson (1931-1968) presentó Jazz påsvenska, acompañado del bajo de Georg Riedel y en el que combina folklor de su tierra con síncopa discreta. Herbie Hancock (1940) trabajó horas extra para firmar Inventions and Dimensions y Empyrean Isles, un par de discos que lo colocaron en los reflectores del escenario jazzístico en plena transición.

 

FEMINIDAD VOCAL

La doliente Nina Simone (1933-2003) demostró su profunda expresividad en el álbum en vivo Nina Simone in Concert, mientras que The Ronettes saltaban a la palestra vía Presenting The Fabulous Ronettes Featuring Veronica y The Supremes firmaban Where Did Our Love Go, su primer gran disco que señalaba la ruta por seguir. Barbra Streisand (1942) grabó People, confirmando que su debut no había sido suerte de principiante, además de The Third Album. Por no dejar el álbum navideño, ahí estuvo Brenda Lee (1944) y su robusta vocal para grabar Merry Christmas for Brenda Lee.

Aretha Franklin (1942), una de las voces más privilegiadas de la historia de la música popular, rindió tributo a otra grande en Unforgettable: A Tribute to Dinah Washington, mientras que la matriarca Ella Fitzgerald (1917-1996) hacía lo propio en Sings Johnny Mercer Songbook. La excepcional blusera Etta James (1938-2012) aventó la casa por la ventana con Rocks the House, una de sus más importantes producciones y Mina (1940), la diva italiana de amplio registro presentó Mina (1964).

 

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