Sonido & Visión

Cuartos de final de la Champions 2016: Partidos de vuelta

Después de una primera ronda que no dejó ningún favorito claro, los ocho equipos contendientes se presentaron para intentar quedar entre los cuatro mejores del continente europeo. Los encuentros resultaron en general equilibrados y coincidentemente todos se definieron con el mismo marcador al cabo de los dos cotejos: 3 a 2. En dos de ellos la angustia llegó hasta el final y en los otros dos los goles marcados como visitantes habían cumplido su función definitoria, más allá de un probable empate en el marcador global.

Remontada y control

La historia puede funcionar como un aliciente o como una pesada herencia difícil de cargar. En el caso del Real Madrid, el equipo con más títulos del torneo, tenían que apelar a su pasado para remontar los dos goles en contra pero mirando con más claridad su presente; además, tenían que evitar un gol en contra que duplicara la dificultad para seguir con vida. Enfrente, el Wolfsburg alemán que sorprendió a todos, ellos incluidos, en el partido de ida. La eliminatoria más dispareja en el papel se había convertido en una de las más disputadas en la realidad.

Pero al abrirse el escenario del mítico Santiago Bernabéu, el orgullo y entrega envolvió al equipo madrileño desde el arranque mismo, como si hubiera una afrenta que solventar; en contrapartida, el conjunto visitante parecía conforme con lo que había logrado, raro para un equipo teutón, o bien se sometieron a una especie de destino manifiesto. Y muy pronto llegó un gol clave para el ánimo y la confianza de los locales, operando en exacto sentido contrario para los rivales.

El aturdimiento era el momento preciso para insistir y el premio llegó, otra vez, demasiado rápido: antes de que todo mundo se diera cuenta, el global ya estaba empatado y Cristiano Ronaldo se mostraba no solo como el gran jugador que es, sino como el líder que podría ser con mayor frecuencia. Para mandar un mensaje desde atrás, el arquero Navas hizo su parte desviando un poderoso disparo que, de haber entrado a puerta, pudo romper en un instante el funcional hechizo de los merengues.

El tercer gol del portugués parecía cuestión de tiempo. Para la segunda parte, el equipo de los lobos se veía derrotado de antemano; un tiro libre que traspasó una barrera que se mostraba infranqueable, terminó por sacudir las redes y decretar la diferencia en el marcador, sellando una voltereta que suele estar asociada a los grandes equipos, ya conscientes de que necesitan algo más que la camiseta para sacar adelante los resultados. El equipo alemán se resquebrajó como el muro defensivo que se abrió para darle entrada a la derrota.

En el otro duelo del martes, el Manchester City jugó a esperar, más que a proponer, apostando a la fuerza de sus dos goles conseguidos en el césped principesco; el PSG tuvo el balón con poca profundidad, lo intentó con limitado convencimiento y no consiguió poner en situación de asedio la portería enemiga, sobre todo porque no se veían conexiones claras ni plasticidad en los desplazamientos, además de las erráticas actuaciones, discretas en el mejor de los casos, de la mayor parte de sus estrellas. Desde la banca tampoco se emitían señales claras.

El equipo inglés incluso se dio el lujo de fallar un penal, mientras que el cuadro francés no descifraba el enigma; apenas con el ingreso de Pastore se mostró cierta fluidez que no produjo frutos. Con gran disparo de fuera del área ejecutado por De Buyne y notable parada del arquero Hart en mano a mano frente a Cavani, los locales sentenciaron la eliminatoria que enfrentaba a los jeques en busca de ver fructificar sus petrodólares invertidos. Quizá le haga falta más competencia al conjunto parisino en su propia liga.

Dignidad y sorpresa

Habrá nuevo campeón. El Atlético de Madrid era el equipo que podía eliminar al poderoso Barcelona y así fue: los catalanes lo sabían y parecieron dejarse influenciar por esa idea. Reflejo fiel del carácter y estilo de juego de Simeone, quien se da tiempo para dirigir también a la tribuna, los once colchoneros se murieron en la raya y sacaron un partido muy disputado, con escasa llegada al arco y cargado por el nervio.

Un doblete del francés Griezmann, con la cabeza rematando un excelso centro de tres dedos y por la vía penal, inclinó la balanza para los de casa. Para el fútbol en general es mejor que haya diversidad en los equipos que se coronen, aunque el estilo del cuadro catalán pueda gustar más dado su enfoque netamente ofensivo y la forma en la que tratan la pelota, tanto individualmente como en conjunto.

A pesar de tener poco el balón, el Atlético se mantuvo en la línea de lucha todo el tiempo, frente a un Barcelona que salió con la idea de la posesión sin profundidad como estrategia para agobiar al rival: la apuesta no funcionó y a pesar de tener la oportunidad al final de mandar el juego a tiempo extra por un penal no señalado, se quedó muy por debajo de su potencial creativo en el escenario del Vicente Calderón, que ya tiene un nuevo recuerdo épico instalado en sus muros, túneles y gradas.

En tanto, el Benfica dio una muestra de pundonor durante el partido, a pesar de estar frente a un rival superior como el BayernMunichy con el marcador casi todo el tiempo en contra, salvo cuando Raúl Jiménez colocó el primero para los de casa, empatando el marcador global, ante la incredulidad del cuadro teutón; de hecho estuvo muy cerca de anotar un segundo tanto tres minutos después, lástima.

Pero pronto Vidal y Müller pusieron orden para darle la vuelta a un partido que si bien era en general dominado por el equipo alemán, mantenía cierto interés por la disposición del equipo portugués, que incluso alcanzó el empate a dos goles con soberbio tiro libre: para ponerle más emotividad al encuentro, ahí están las lágrimas del entrenador entre triste por la derrota y orgulloso por el desempeño del equipo.

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