Sonido & Visión

Copa América 2016 (XII): las decepcionantes semifinales

Llegaron a las instancias finales los representantes de los grupos A y D, tres esperados y una relativa sorpresa, la del sobreviviente de la CONCACAF después de la dolorosa partida del que antes se consideraba el gigante del área, hoy calificando apenas a los mundiales recientes y teniendo lastimosas actuaciones en las dos últimas ediciones de la Copa América, aunque logrando el título de la Copa Oro, que también se había vuelto un problema a resolver.Volviendo al torneo: las semifinales se antojaban contrastantes en cuanto al equilibrio porque en una destacaba un claro favorito y en la otra se podría esperar un juego más parejo. Al final, no estuvieron al nivel esperado.

EL RESPETO MAL ENTENDIDO

Los anfitriones se presentaron al campo, extraño en ellos, derrotados de antemano y nada más esperando evitar el escándalo que vivieron sus vecinos del sur. A pesar de estar en su territorio, la selección de Estados Unidos salió con un esquema demasiado conservador, de escasa presión en la salida y de resistencia justa para evitar la catástrofe. Por su parte, Argentina resolvió muy rápido el encuentro y optó por no ensañarse, sino más bien por pasear el balón de un lado a otro como si de una práctica entre semana se tratara. Daba la impresión que podía anotar en el momento en el que así lo decidiera.

En Houston y ante 70,000 espectadores, Lavezzi abrió el marcador tempraneramente con cabezazo de globito a pase de Messi, como señalando las diferencias entre uno y otro cuadro de una vez. Si el sello de los estadounidenses había sido la lucha en todos los sectores del rectángulo, aquí se desdibujaron como en automático y fueron perdiendo identidad ante las oportunidades del rival. Pasada la media hora, la Pulga cobró un tiro libre de alcance supremo a 25 metros del arco, insertando el balón en el ángulo superior izquierdo del portero, para además colocarse como el máximo goleador histórico del equipo argentino, sitio que le correspondía al gran Batistuta.

La segunda parte no presenció un cambio de los locales en cuanto a la actitud: rezagados, actuando de manera reactiva y sin iniciativa al frente, al grado que no tiraron a puerta en todo el partido. Pipita Higuaín puso el tercero tras un servicio de Lavezzi, quien saldría lastimado por una aparatosa caída provocada por la publicidad estática, y se encargó también del cuarto, ya cuando el partido se iba diluyendo. Messi marcaba el ritmo y la intención, en tanto sus compañeros jugaban mejor al tenerlo como sólido referente, comprometido con el equipo. Una buena noticia para el seleccionado pampero y para el fútbol en general.

TORMENTA INOPORTUNA

Después de su gran actuación frente a los mexicanos, los chilenos parecían haber recuperado la memoria inmediata y se presentaban en el Soldier Field dispuestos a mantener sus aspiraciones para alcanzar el bicampeonato. Enfrente, una selección colombiana de contrastes, con momentos luminosos de estética mágica y pasajes de menor claridad, aunque derrochando un talento que pocos conjuntos pueden presumir en sus filas, Brasil incluido. Un partido que prometía brindarnos un gran espectáculo que terminó enmohecido por una serie de eventos desafortunados propios del juego, pero también climáticos.

La selección colombiana tuvo que soportar una rápida desventaja de dos goles, una tormenta que pausó su reacción y una expulsión. Al menos, al día siguiente su gobierno y las FARC firmaron un acuerdo histórico de paz. En efecto, como manteniendo el vuelo de su triunfo ante los mexicanos, la selección de Chile, sin alinear a Vidal y Díaz, salió embalada y con tantos de Aránguiz y Fuenzalida se puso en ventaja apenas pasados los 10 minutos de juego. El fantasma de la goleada a la selección mexicana se le quería aparecer a los colombianos, como si quedarse en el recuerdo de los verdes no fuera suficiente presencia.

Pero los cafetaleros empezaron a hacer lo que saben y emparejaron el encuentro en su desarrollo, no en el resultado, gracias a puntuales intervenciones del portero Bravo, recuperando nivel y confianza después de un torneo difícil, provocado también por cuestiones extra cancha. En el entretiempo, los vientos de Chicago trajeron una fuerte tormenta eléctrica que pospuso el juego un par de horas, dejando el césped mojado aunque transitable. En la reanudación los colombianos lo intentaron pero la expulsión de Sánchez y un entorno ambiental complicado, impidieron que se pudiera dar una reacción, contenida además por unos oficiosos andinos que crecieron mucho en el torneo: de sus primeros partidos a estas instancias, parecen dos equipos distintos.

EL FUTURO DEL SELECCIONADO MEXICANO

Tras el naufragio, era de los que pensaba que Osorio tendría que presentar su renuncia, por decencia, y después analizar si valía la pena continuar con el proyecto o no. Según se reporta así lo hizo. Consideraba también que convenía mantener al técnico, a pesar del desastroso partido, y replantear el rumbo de cara a los siguientes torneos, incluyendo un análisis del papel de los jugadores (ausentes y presentes) y de los directivos, también responsables de esta catástrofe nada silenciosa.

El anuncio dado por la Federación de que se queda el técnico no dice mucho porque no sabemos cuál fue el planteamiento, en qué sentido se hizo la autocrítica y cómo se va a dibujar el futuro. Ojalá que esta decisión, con la que concuerdo en inicio, contribuya a pensar en términos más de mediano plazo pero con rumbo más o menos definido, y que los dueños y sus equipos se sumen al esfuerzo colectivo sin estar poniendo reglas que parecen entorpecer la generación y el futuro de los futbolistas mexicanos, varios de ellos destacados en niveles juveniles pero extraviados en el mundo de la profesionalización.

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