Sonido & Visión

Copa América 2016 (III): con diez se juega mejor

Tras un par de jornadas que ofrecieron poco para el recuerdo, los partidos domingueros levantaron el nivel, particularmente el segundo, observado hasta el momento. En ambos se presentaron expulsiones, provocando curiosamente mejoría de los equipos disminuidos, y las redes fueron sacudidas al menos en una ocasión, lo que ya es mucho decir en contraste con los encuentros del día anterior. Así se presentó el grupo C del certamen continental.

VIAJE POR EL CARIBE

Prácticamente fuera de toda aspiración mundialista y estrenando entrenador en la persona de Rafael Dudamel, cuyo apellido remite al virtuosismo en la dirección, la selección venezolana se presentaba en su primer partido como favorita frente al cuadro jamaicano, presente también en la Copa América del 2015 y comandado por el trotamundos técnico alemán Winfried Schäfer, con quien han logrado una cierta consistencia y evolución en su juego, considerando el aprendizaje logrado de varios de sus integrantes que juegan en Inglaterra.

El Soldier Field en Chicago, casa de los Osos, albergó un partido que de entrada no generaba mayor expectativa pero que inició con buen ritmo, acaso por el influjo de los sonidos del Caribe que movilizaban armónicamente a los equipos. Al cuarto de hora, después de un disparo bien desviado por el arquero venezolano y un remate al travesaño de los reggae boyz, fueron los de la vinotinto quienes se fueron al frente con una buena combinación en corto una vez que habían recuperado el balón en la salida del rival.

Justo cuando el gol prometía acrecentar la emoción, una expulsión a la mitad del primer medio dejó a Jamaica con uno menos y al partido en una situación desventajosa para el espectáculo. Sucedió que los venezolanos, tanto en el resto de la parte inicial como en la segunda mitad, optaron por cuidar la ventaja en lugar de insistir en aumentarla, dejando que los rivales tuvieran oportunidad de empatar, como de hecho casi ocurre en un disparo que volvió a visitar el travesaño.

LA GARRA NO ES EXCLUSIVA

En uno de los duelos más prometedores de la primera fase, mexicanos y uruguayosse veían las carasen el estadio de la Universidad de Phoenix con unas tribunas predominantemente verdes, aunque con algunas zonas pintadas de azul. La celebración empezó con un error lamentable: en lugar del himno uruguayo sonó el chileno, ante los gestos extrañados de los charrúas que no ubicaban sus representativas estrofas.

La selección mexicana salió confiada y dispuesta a confirmar la etiqueta de favorito que Messi le plantó; muy pronto se puso adelante en el marcador con autogol de Pereira tras venenoso centro de Guardado que Herrera buscaba con ahínco. La tribuna celebró con euforia pero sigue sin entender que el grito al portero ya no es asunto de discusión sobre si es homofóbico o no, sino que se va a convertir en motivo de castigo. Además, se suscitaron lamentables connatos de bronca con aficionados uruguayos.

Con la ventaja se mantuvo una buena disposición para seguir al frente con la constante rotación de Corona y Aquino que resultaban exasperantes para el rival. Atrás, Talavera resuelve la más peligrosa de los sudamericanos con brillante y valiente salida frente al obús del malhumorado Cavani que incluso después del silbatazo final se fue a discutir con el árbitro que, según lo visto, condujo con propiedad un juego bastante bravío que se empezó a intensificar con la expulsión de Vecino por segunda amarilla en la agonía de la primera mitad.

Con diez hombres en el terreno Uruguay vive sus mejores momentos en la segunda parte. La garra histórica se vuelve realidad presente y dominan a los once desconcertados mexicanos que en la superioridad numérica encontraron a su peor enemigo. Secuencia de eventos desafortunados: segunda amarilla para Guardado por una falta, cobro al área y remate implacable de un Godín que domina los aires desde el Manzanares madrileño hasta el desierto arizoniano.

Era el momento del técnico Osorio: revisar apuntes de colores y replantear la estrategia frente al cambio de escenario. Improvisación sustentada. La historia eterna de ver cómo México pierde ventajas se empieza a cernir como un fantasma de rostro conocido, o sea, de los más escalofriantes. Los cambios y ajustes dentro del campo parecen funcionar para convertir los quince minutos finales en un espacio para buscar el triunfo y no aceptar el empate, menos asumir la derrota.

Paradoja: en igualdad numérica, México vuelve a ser mejor, como si no le gustara jugar con ventaja. El partido, como reza el cliché, está para cualquiera. Un rebote en el área uruguaya es firmado por el eterno Márquez para colocar el balón en las redes a pocos minutos del final. El fantasma parecía abjurar de su cometido pero los charrúas vuelven a la carga para buscar el empate, combinando maña, fuerza y talento: no necesariamente en ese orden.

Para finiquitar un asunto que se resistía a la definición, el grandulón Jiménez, uno de los atinados relevos enviados por el técnico colombiano, consigue poner la pelota en la cabeza de Herrara para el tercero y decisorio tanto. Por mucho, el mejor partido en lo que va de la Copa con dos equipos que se presentan interesados y convencidos de buscar el título.

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