Sonido & Visión

Copa oro 2015: los cuartos de final

El fútbol practicado en el certamen mejoró en relación con la fase anterior, sin llegar a niveles de alarido ni mucho menos. Parece que la sentencia de vivir o morir le inyectó a la mayoría de los equipos ciertas vitaminas en esfuerzo y talento, a pesar de las limitaciones técnicas, los calores infernales y la necesidad, en algunos casos, de seguir jugando más allá de los noventa minutos: habría que pensar en cambiar los horarios o bien pasar del tiempo regular directo a los penales.

En el marco de una nueva relación

En el estadio M & T Bank de Baltimore, cubanos y estadounidense se veían las caras, justo cuando sus gobiernos están rompiendo el hielo para, por lo pronto, instalar las respectivas embajadas en ambos países y en un futuro, ojalá, decretar la finalización del embargo y la llegada de la democracia a la isla, además de ya no ser testigos de cómo algunos jugadores desertan para quedarse en tierras norteamericanas. Si la disparidad económica es evidente entre los dos, también el nivel futbolístico, deporte que en Cuba, a diferencia de muchos otros, no ha alcanzado un desarrollo importante. No obstante, el hecho de llegar a estas instancias ya podría considerarse como un logro.

El contraste se apreció casi desde el silbatazo inicial con un cabezazo de Dempsey, señalando de inmediato el destino del partido que en su primera parte terminó con una clara ventaja para los de las barras y las estrellas: cuatro anotaciones que reflejaron el dominio y la diferencia abismal entre estos dos equipos. Para la segunda mitad, el propio Dempsey se encargó de ampliar el marcador con otros dos tantos que igualaron el resultado que los mismos cubanos padecieron frente a México: varias enseñanzas están listas para ser convertidas en aprendizajes, tanto en fútbol como en política.

La batalla del Caribe

En un partido que cumplió con los pronósticos en cuanto a su equilibrio y fuerte disputa, los jamaiquinos lograron vencer a los haitianos a pesar de tener mucho menos tiempo el balón en los pies. Cuando el partido apenas vivía sus primeros minutos, una punzante escapada por la banda derecha derivó en preciso centro al área chica rematado con contundencia por Barnes: la temprana anotación modificó planes para organizarse de acuerdo a las nuevas condiciones. Haití controló las acciones pero no pudo concretar, mientras que los de enfrente también tuvieron las suyas antes del término de la primera mitad.

Al regreso, se mantuvo la búsqueda incesante para alcanzar el empate aunque las llegadas no resultaban tan claras; los Reggae Boyz, por su parte, parecían estar cómodos sin la pelota y sus espaciados avances al arco rival resultaban más peligrosos que los que recibían en su meta. Cuando el partido entró a zona definitiva, el técnico francés de Haití empezó a mandar cambios para agotar todos los recursos disponibles pero la peligrosidad se mantuvo a un nivel más bajo de lo esperado, a diferencia de Jamaica que pudo aumentar el marcador con mayor claridad.

Tanda interminable

Tuvieron que lanzarse 18 penales en el estadio Met Life de Nueva Jersey para que hubiera un ganador entre panameños y trinitarios, después de empatar a un tanto durante los 120 minutos anteriores, entre grandes esfuerzos y una temperatura a prueba de resistencia contra el derretimiento. En la ronda de cinco disparos hubo dos fallas por bando; de la sexta a la octava ejecución se presentaron aciertos y yerros por igual, como si ninguno quisiera ganar o perder, hasta que en la novena ejecución se hizo la diferencia.

Los primeros 20 minutos fueron de Trinidad y Tobago pero no pudieron reflejarlo en el tanteador; Panamá reaccionó y se puso en ventaja a diez minutos del final del primer medio, en el que todavía se presentó alguna opción por bando. Para la segunda parte, los isleños presionaron y pronto encontraron el premio del empate que derivó en un desenlace equilibrado, aunque en los tiempos extra los centroamericanos se desempeñaron mejor, sin lograr la deseada concreción.

Cuando la presión obliga

Tanto costarricenses como mexicanos saltaron a la cancha con la necesidad de mostrar un poco de lo alcanzado en el Mundial de Brasil y olvidarse un mucho de lo demostrado en la fase previa. Para ambos se presentaba esa tensión que te puede paralizar o sacar lo mejor de ti: no fue ni una ni otra, pero los dos cuadros mostraron evidente mejoría y brindaron un partido decente, con gran entrega y algunos pincelazos obsequiados inesperadamente por jugadores ajenos al gran cartel que ostentan otros y que no han terminado de responder en esta justa.

Un primer tiempo nivelado en el que si bien se presentaron oportunidades para ambas escuadras, se desarrolló bajo la consigna del respeto, siendo precavidos en la zona defensiva y juntándose más en la media cancha. Para el complemento, el equipo tico se fue diluyendo paulatinamente y los mexicanos generaron muchas oportunidades de gol, al fin desperdiciadas más por fallas propias que aciertos ajenos: los cambios ahora sí fueron oportunos y la estructura propuesta funcionó mucho mejor que anteriores partidos.

Llegó el irremediable complemento a pesar de que México debió ganar en el lapso habitual; cuando ya se preparaban las listas para cobrar los penales, el juez de línea detecta un empujón mínimo y el árbitro señala un penal exagerado, convertido por el mejor jugador del partido, Andrés Guardado. Lástima que el partido se definiera de una manera nebulosa. Costa Rica se despide lejos del nivel alcanzado hace un año y los verdes ennegrecidos continúan en la batalla con varias incógnitas por desentrañar y, sobre todo, puntería que afinar.

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