Sonido & Visión

Copa América (XII): duelo andino

El segundo enfrentamiento de los cuartos planteaba un duelo con un favorito visible aunque con una posible tendencia hacia el equilibrio. Los peruanos habían dejado un grato sabor de boca en sus partidos anteriores y los bolivianos dejaban dudas acerca de cuál sería su nivel, si el que mostraron ante Ecuador o el que desplegaron en sus otros dos encuentros. En función de lo demostrado hasta ahora, Perú llegaba con mayor probabilidad de avanzar a la siguiente ronda para medirse ante los de casa.

Lejos de cargar con una insigne historia, que a veces puede pesar como una loza, y a sabiendas de que lo realizado hasta ahora resultaba suficiente, ambos equipos saltaron a la cancha más o menos liberados de este tipo de presiones con las que conviven las selecciones de abolengo. Quizá gracias a ello y a la insistente actitud de los peruanos para irse al frente, vimos un partido que logró entretenernos, más allá de la ortodoxia. Desde los primeros minutos, la pelota conseguía circular fluidamente sin que se interrumpiera su tránsito por faltas excesivas, como ha sucedido en otros encuentros. La presión inicial de los de rojo se manifestó en tumultuarios tiros de esquina.

Fue entonces, como no queriendo la cosa, que Perú aplicó el uno-dos para mandar a la lona, provisionalmente, a los bolivianos: un buen centro lanzado a la zona de riesgo y la anticipación oportuna para rematar con el hombro y la cabeza; cuando Bolivia apenas se recuperaba amenazando con pelota parada, una descolgada punzante que contó con la lentitud defensiva y las dudas del impredecible portero de La Verde, provocó el segundo: las dos anotaciones en tres minutos de Paolo Guerrero, quien fue el campeón goleador de la copa pasada, parecían sentenciar prematuramente el partido.

El acierto de la selección inca fue seguir jugando con la mira puesta hacia el frente, sin enconcharse para defender una ventaja que nunca es definitiva, como se ha constatado una y otra vez. La foca Farfán saludó en un par de ocasiones los postes y, salvo algún remate a puerta de Bolivia, el primer medio terminaba con más probabilidad de ampliar la ventaja que de reducirla. Consciente de ello, el técnico boliviano lanzó dos cambios ofensivos y  apostó por la inteligente premisa de que es lo mismo perder por dos que por tres o cuatro, pero lo que no se puede permitir un equipo es morir por ósmosis.

La segunda parte se desarrolló de manera agradable con oportunidades para ambas escuadras y a partir de emociones compartidas. Justo cuando se percibía en el ambiente que Bolivia podría anotar el tanto de la motivación, vino un error de la defensa que capitalizó sin problema el guerrero inca para anotar el tercero en su cuenta; en contraste con las lucidoras pinceladas que habían decorado el campo de Temuco, el partido se empezó a ensuciar con patadas de más, primero de los bolivianos pronto respondidas por los peruanos.

Un cierto premio al esfuerzo de los ahora de blanco apareció en forma de penal, convertido por Martins con tiro decidido al centro del arco, como buscando la tan anhelada salida al mar para su país. Todavía las redes pudieron haber recibido alguna otra visita pero el silbatazo final lo impidió, al igual que el crecimiento de algunos connatos de bronca enfriados oportunamente. Bolivia se despide con una actuación de claroscuros que no obstante es la mejor que han tenido desde 1997.

EL FÚTBOL ES CULTURA

La Asociación Cultural de Fútbol Peruano es una entidad que pretende “comunicar la humanidad del fútbol a través de actividades culturales”; este 2015 se llevó a cabo en Lima el festival conocido como Minuto 90, con el apoyo de Cinefoot, organización responsable del Festival Internacional de Cinema de Futebol, fundado en el 2010 en Brasil. En el programa se proyectó Blanquiazul, el sentir de una nación (Castro, Perú, 2015) en el que se revisan los distintos tipos de aficionados del equipo Alianza de Lima, uno de los que más pasión despiertan en aquel país y alrededor del cual se integran seguidores de edades, orígenes y características diversas.

Justo la tragedia aérea ocurrida con este equipo en 1987, aún con misterios sumergidos en el mar, entre los que se plantean las dudas si fue un accidente o una premeditación, se retoma para el film F-27 (León Prado, Perú, 2014). Cerca de ganar el título y después de ganar un partido contra el Deportivo Pucallpa, tomaron un vuelo de la Marina de Guerra para regresar a Lima y cerca de aterrizar tras un vuelo complicado, el avión se desplomó en el mar. Extrañamente, el piloto fue el único sobreviviente y las hipótesis no han dejado de surgir acerca de las causas del desastre.

Por su parte, Mario Vargas Llosa recuerda en su libro de memorias El pez en el agua (1933) que la primera vez que asistió a un estadio fue en 1946 cuando tenía 10 años; el partido fue justamente entre el Alianza de Lima enfrentando al equipo de sus amores, los cremas del Universitario de Deportes, todo un clásico en Perú.

El ahora flamante Premio Nobel de literatura afirmó: “Nunca fui muy buen futbolista, pero mi entusiasmo compensaba mi falta de destreza y uno de los días más felices de mi vida fue aquel domingo en el que Terry, uno de los grandes de nuestro barrio, me llevó al Estadio Nacional y me hizo jugar con los calichines de Universitario de Deportes contra los del Deportivo Municipal. Salir a esa enorme cancha, vistiendo el uniforme de los cremas, ¿no era lo mejor que podía pasarle a alguien en el mundo?” (www.libero.pe). Ahora habría que ver qué le dio más gusto, si esta experiencia o haber ganado el Nobel.

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