Sonido & Visión

Copa América 2016 (I): Un siglo después

El torneo de selecciones más añejo del mundo cumple 100 años de existencia, motivo suficiente (sumando el económico, por supuesto) para organizar un certamen fuera de calendario y en medio de las turbulencias que vive la FIFA y las confederaciones asociadas, específicamente la CONMEBOL, por los manejos opacos en cuanto a la asignación de sedes y arreglos difusos con patrocinadores. La CONCACAF tampoco se queda muy atrás.

Justamente fueron las autoridades estadounidenses las que empujaron las investigaciones, país que se convierte en el primer anfitrión fuera de Sudamérica para albergar una copa que ahora sí pareciera ser de todas las américas y no nada más las del sur con invitados de ocasión, principalmente México. Así, nuestros vecinos del norte pueden organizar un certamen para el día siguiente sin problemas de infraestructura y con un mínimo nivel de improvisación.

Equipos diezmados o quedándose fuera de la posibilidad de asistir (Honduras, El Salvador, Guatemala), dirigentes en graciosa huida o en rol discreto, entrenadores en plan de sobrevivencia o confirmatorio y jugadores resolviendo problemas más allá del campo, son algunos de los ingredientes que anteceden la celebración de este torneo que esperamos se convierta, a partir de ahora, en auténticamente continental.

PARTIDO INAUGURAL

Klinsmann y Pekerman son dos técnicos que gustan del fútbol creativo aunque no pasan precisamente por el mejor momento al frente de sus selecciones. Después de una tendencia ascendente a lo largo de varios años que tuvo una de sus crestas en el Mundial del 2014, la selección de Estados Unidos ha caído en una espiral involutiva: no se advierten procesos de renovación, juego de conjunto o sello distintivo que se había cifrado en la entrega irrestricta y el bien común.

Por su parte, Colombia navega a la mitad de la tabla en la eliminatoria sudamericana y a pesar de sus grandes individualidades, no ha logrado alcanzar el nivel de juego que casi los lleva a eliminar a Brasil en el 2014 (quizá hubiera sido mejor para los anfitriones, después de ver lo que les pasó), mostrando un jugo vistoso y con lucidoras polirritmias muy propias de su sonora tierra. Con su imponente diseño de geometrías múltiples, techos verdes, paneles solares y racionalidad ecológica, el estadio Levi´s, ubicado en Santa Clara y casa de los 49´s de San Francisco, abrió sus puertas para que el tránsito de la redonda supliera, de momento, al vuelo del habitual ovoide.

El encuentro representaba una oportunidad para ambas escuadras en cuanto a recuperación de confianza y, si cabe, de una crisis de identidad reflejada en los discretos resultados recientes. Los colombianos empezaron el partido en plan de dominancia, tanto de los tiempos como de los movimientos, mientras que sus anfitriones se veían como desde hace un par de años: extraviados, ausentes de enfoque y cumpliendo un requisito más que disfrutando de una profesión. Los primeros minutos fueron todos de los sudamericanos, luciendo elegante uniforme.

En un tiro de esquina y como reflejo del dominio establecido por los cafetaleros, Zapata se encargó de rematar preciso centro con el pie en el centro del área, tras una sincronizada danza ofensiva en el área que provocó el descontrol en la marca. El gol suele cambiar los ánimos en los partidos: en este caso, para detrimento del espectáculo. De pronto, nos instalamos en la situación de un equipo que quería pero no podía y otro que era capaz pero no mostraba interés. Los locales crecieron un poco más por la complacencia del rival que por méritos propios.

Cuando se gestaba una reacción un poco más consistente de parte de los Estados Unidos, incluyendo algún arribo de peligro catapultado por Dempsey, una mano absurda en el área local, bien señalada por el juez García Orozco, le dio a James la oportunidad de sacudirse el recuerdo de la banca como fiel compañera de la temporada en España. El talentoso capitán colombiano no desaprovechó y anotó el segundo para los suyos vía impecable ejecución con engaño incluido. El resto de la primera parte se esfumó en naderías.

En plan de suficiencia, los colombianos jugaron la segunda parte administrando la ganancia, mientras que el equipo de las barras y las estrellas no parecía tal: dificultad para hilvanar jugadas con algún veneno y, fuera de su tradición, un derrotismo impropio del americandream, vuelto nebulosa pesadilla. Algún otro disparo de Dempsey bien resuelto por Ospina y los de ahora azul regateándonos la estética y atiborrándonos de contención. No mucho en este primer encuentro que se mantuvo por debajo de la expectativa generada.

GOLPE DE ESTADIO

Con amargos recuerdo del mundial de 1994 por la eliminación frente a los Estados Unidos y el posterior asesinato del gran jugador Andrés Escobar, todavía polémico en cuanto a su relación con el autogol que dejó fuera a su selección, el equipo de Colombia volvió a tierras norteamericanas veintidós años después. El fútbol está ligado a diversos fenómenos sociales para bien y para mal: puede detener temporalmente un conflicto armado o detonarlo, en el entendido que son las pasiones desbordadas, no la naturaleza propia del juego, las que finalmente lo provocan.

Dirigida por Sergio Cabrera con un dejo de comedia, Golpe de estadio (Colombia, 1998) recrea el cese al fuego temporal entre la guerrilla y la policía de una zona donde una empresa petrolera realiza investigaciones.Al solo haber un televisor en el poblado, los enemigos deciden deponer las armas para ver cómo su selección le propinaba una goleada histórica al cuadro argentino en el Monumental, cuando se disputaba la eliminatoria, justamente, para el mundial de 1994.Después de todo, existen motivos que acercan más allá de las diferencias.

Aparece de inmediato el recuerdo de la Tregua de Navidad en la I Guerra Mundial donde se dice que hubo, entre otros momentos de camaradería, algún partido futbolero entre ingleses y alemanes, quizá convirtiendo las trincheras en porterías y el campo de batalla en un espacio donde  pudiera rodar, a pesar del lodazal, un balón cual símbolo de lúdica tregua. Suena y pasa el video de Pipes of Peace de Paul McCartney

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