Sonido & Visión

Copa América (V): con lo justo

Para la parte  complementaria, los reggae boyz parecieron darse cuenta que no eran tan inferiores a la Albirroja y se animaron un poco más para buscar su primera anotación del torneo y un empate que para ellos resultaría histórico.

Un par de encuentros en los que si bien los favoritos terminaron por llevarse el triunfo, resultaron ser más disputados y parejos de lo esperado, confirmando esta tendencia histórica que indica el acortamiento de las distancias entre las selecciones nacionales, aunque al final los ganadores sigan siendo un reducido club de elegidos.

Gol insólito

Los paraguayos iniciaron el partido haciendo honor a su condición de favoritos obligados: controlaban la pelota, dominaban territorialmente y mostraban su mayor experiencia en este tipo de enfrentamientos. Los jamaicanos, por su parte, mantenían el espíritu de lucha intocado, haciendo lo que mejor podían para nivelar el campo del Regional Calvo y Bascuñán de Antofagasta: la apuesta es convertir esta participación en un significativo proceso de aprendizaje.

El gol de los guaraníes llegó de manera casi surrealista con error incluido: el portero rival sale a despejar un balón con la cabeza pero la redonda se encuentra entre el muslo y la rodilla del Pájaro Benítez que venía encarrerado buscando alguna oportunidad; la pelota se eleva como si se hubiera tratado de un fino disparo bombeado frente a la salida del arquero. Esta anotación, que pareció venir de un mundo paralelo, no cambió mucho el estado de las cosas durante el primer tiempo e incluso durante el resto del partido, más bien de emociones adormecidas.

Para la parte complementaria, los reggae boyz parecieron darse cuenta que no eran tan inferiores a la Albirroja y se animaron un poco más para buscar su primera anotación del torneo y un empate que para ellos resultaría histórico. No llegó porque hace falta mayor enfoque, pero por intención y convicción no quedaron: solo han recibido dos goles pero no han sido capaces de anotar. Los paraguayos también pudieron ampliar el marcador con un tiro al travesaño y con un penal no señalado, pero terminaron optando por asegurar la exigua ventaja que en términos de puntuación vale lo mismo, aunque no de convencimiento.

Gol decisivo

Empezaron cuidando las formas y los buenos modales en el estadio La Portada, ubicado en La Serena, con una Argentina dominante y un Uruguay bien agazapado, sobrepoblando el centro del campo y mandando en misión solitaria a Cavani, a veces acompañado de Rolan y Rodríguez. El primer tiempo se jugó, en su mayor parte, dentro de la cancha de los charrúas sin que se generaran demasiadas ocasiones de gol por parte de los pamperos, que rotaban posiciones en forma permanente.

Poco a poco, las aguas del Río de la Plata empezaban a agitarse, la cortesía cedía y la tradición estilística de este enfrentamiento se hacía evidente: “ahora sí parece un clásico entre Argentina y Uruguay” apuntaba el maestro Valdano que vivió varios de éstos en carne propia. La pasión ancestral se manifestaba a través de la rispidez, los careos vociferantes y la fortaleza al borde de la ley como recurso de ablandamiento, sobre todo cuando a alguno se le ocurría agradar a la tribuna con una jugada de lujo.

Joaquín Sabina quería enamorar a una mujer con agüita del mar Andaluz, pero pronto se dio cuenta que ella no tenía más amor que el del Río de la Plata: en efecto, acá los sentimientos tienden al desbordamiento y no hay oportunidad para la tregua. En el segundo tiempo se intensificó la lucha y a pesar de la fiereza, se vivieron acciones en ambas porterías, cuando alguna jugada llena de luz en medio del lodo iluminaba el campo de batalla.

Una de ellas surgió de la elegancia característica de Pastore, el jugador más lúcido en el campo, quien dejó a Zabaleta solo para tirar un centro preciso que motivó al Kun a lanzarse para el remate y conectar de cabeza al fondo del arco, a pesar de la pierna atravesada del defensor: un gran gol digno de un partido con este nivel de intensidad. Todavía hubo oportunidad para la ampliación argentina y el empate uruguayo, pero entre alguna falla inverosímil y lances oportunos de Romero y Muslera, el tanteador se inclinó por la mínima en favor de los albicelestes. La sangre no llegó al Río de la Plata.

Vendedor de ilusiones

Juan Carlos Onetti, el escritor uruguayo de múltiples oficios previos, cuando le ofrecieron ser vendedor de boletos en el estadio Centenario de Montevideo, escribió en Cartas de un joven escritor. Correspondencia con Julio E Payró (2009): “¿Concibe usted una tarea más autóctonamente uruguaya? Frente a mí, el pueblo; encima mío, el orgulloso mástil donde flameara la insignia patria en aquellas jornadas que pertenecen al bronce de la historia, las gloriosas tardes de 4 a 0, 4 a 2 y 3 a 1, la gloria entre aullidos, sombreros, botellas y naranjas.”

Se dice que el mencionado 4 a 2 se refiere al triunfo de la selección uruguaya sobre la argentina en la final del Mundial de 1930. En una entrevista con Ramón Chao, el autor de la trilogía de Santa María, comentó que a los doce años le gustaba mucho el fútbol e iba al estadio para pedirle a los jugadores que le dejaran cargar su valija y así entrar gratis, como “secretario del héroe de las canchas” (ramonchao.wordpress.com).

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