Sonido & Visión

Copa América (XVII): Las definiciones

Hemos llegado al final de la Copa América 2015 después de vivir partidos intensos en todos los casos, algunos con brillantez y otros desde una fiereza que por momentos se confunde con rudeza fuera del reglamento. Ha convivido el juego leal y caballeroso con la marrullería puesta en práctica para engañar al árbitro, lastimar al rival o sacar ventaja por medios poco dignos: claro que las noticias suelen destacar más los casos deleznables que los que rescatan los valores esenciales de este deporte.

DOS GRATAS PARTICIPACIONES

El partido por el tercer y cuarto lugar puede ser difícil de jugar dada la reciente derrota sufrida con la consecuente imposibilidad para ganar el título. Pero para conjuntos que no eran favoritos en estas instancias y que ni siquiera se suponía que llegaran a semifinales, puede ser un aliciente más en cuanto a conseguir el tercer lugar de la competencia y, por lo menos, jugar un partido más. Es el caso de Perú y Paraguay, a quienes se les presentó la ocasión de despedirse tras una más que loable participación.

Pero como si quisieran conservar un prestigio duramente conseguido o bien por la presión de alcanzar el tercer puesto, ambos equipos saltaron al campo con una propuesta más precavida que atrevida, considerando las bajas de jugadores titulares, sobre todo en el ataque guaraní. Si bien los peruanos mostraron más ambición durante la primera parte, las llegadas a puerta escasearon y el trámite del partido resultó entrecortado, con un extraño temor ante la opción de soltar amarras, ya sin una presión aparente.

Para interrumpir la siesta provocada por la intrascendencia de los primeros cuarenta y cinco minutos, casi al saltar a la cancha se produce un tiro de esquina mal despejado por la defensa y bien aprovechado por Carrillo con remate desde la media luna. El gol benefició a todos, incluyendo a los aficionados. Perú empezó a mostrar ese fútbol que le conocimos en el certamen y los paraguayos se acordaron del área rival, en particular con un remate del Pájaro Benítez.

Casi al final, justo premio a Guerrero y a todo el equipo de Perú gracias a un certero contragolpe para anotar el segundo gol y colocar a los incas en la misma posición que hace cuatro años. Además, se hicieron acreedores al premio del fairplay, importante a pesar de ser un valor más cacareado que practicado. Ya veremos si este impulso le ayuda para enfrentar la eliminatoria mundialista con una autoestima más elevada y ver a los gigantes sudamericanos de frente para hablarles de tú. Lo mismo valdría decir de los paraguayos.

LUCIDEZ NUBLADA POR LOS NERVIOS

Los dos mejores equipos de la Copa protagonizaron la final. Países que vivieron dictaduras implacables hoy gozan de sistemas democráticos en los que, a pesar de los problemas y necesarias mejoras, la gente se puede expresar con mayor libertad, sin temor a ser encarcelada por su forma de pensar: las tribunas nos recordaban de alguna manera las garantías conquistadas por ambos pueblos, ahora celebrando la fiesta del fútbol sudamericano.

Ante un emotivo marco en el estadio Nacional, Chile y Argentina ponían en el terreno de juego el talento de sus jugadores para desplegarlo en la lógica de la colectividad: quien mejor pudiera conectar sus luminarias para formar elusivas constelaciones, resultaría el probable triunfador. Los chilenos buscaban su primer título y los argentinos iban por el décimo quinto, para igualar a los uruguayos.

La primera media hora de partido resultó como se esperaba: los dos conjuntos querían la pelota para construir y la buscaban en cualquier sector del campo con un dinamismo de antología; había cierto espacio para la creatividad y se pudieron disfrutar algunas estampas futboleras que saturaban la pupila. No obstante, el proceso era mejor que el resultado. Las llegadas a puerta no eran frecuentes ni con el suficiente grado de peligro, aunque en el ambiente se respiraba que en cualquier momento el juego iba a explotar, sobre todo del lado chileno.

Otra vez Di María tuvo que salir del campo y la delantera albiceleste perdió buena parte de su enfoque punzante, mientras que el equipo chileno seguía teniendo un poco de mayor posesión de balón en un partido definido por la paridad.En el último cuarto de hora el ritmo disminuyó y la salida para ambos cuadros se empezó a dificultar, en parte por los ajustes del rival y acaso por la necesaria administración del cansancio.

La segunda parte siguió la misma tendencia y los conjuntos empezaron a presionar con más enjundia desde la zona defensiva del rival, asumiendo acaso que el gol podría llegar más en la recuperación que en el tejido desde las propias áreas. Un episodio de intensa presión chilena y después un oportuno control de la situación por parte de los argentinos: cada vez más el partido se definiría por un gol que por poco llega al final en una de las clásicas conducciones de Messi con su respectiva triangulación.

Los tiempos complementarios dieron alguna otra oportunidad a los equipos pero los penales se iban haciendo inminentes, en un partido jugado con entereza pero lealtad, sin triquiñuelas de piscina. Ya ahí, después de que varios seleccionados jugaran al límite de sus capacidades, los chilenos resolvieron la tanda en su favor, con el consecuente estallamiento de felicidad de sus seguidores, ahora dignos campeones por vez primera. La noche más importante para la historia del fútbol chileno terminaba con una eterna entrega de premiaciones, mientras que la gente saltaba de alegría después de 99 años de paciente espera.

 

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