Sonido & Visión

Copa América (XIV): Fracaso y sorpresa

El último partido de la fase de cuartos de final arrojó un resultado sorpresivo de acuerdo con la historia de ambas escuadras pero no en función de lo mostrado en el presente torneo. En sus respectivas fases previas, brasileños y paraguayos se desempeñaron de manera distinta a lo esperado, para mal los primeros y para bien los segundos: mientras que la Canariña ganó dos partidos apenitas y perdió el otro, enseñando un funcionamiento errático, la Albirroja presentó un fuerte carácter para la recuperación y solidez en su juego cooperativo.

El partido empezó con los brasileños haciendo un buen ejercicio de memoria para retomar parte de su esencia perdida. Un aviso tempranero y después, al cuarto de hora de partido, Robinho se encargó de empujar a gol un pase preciso de Alves. Un tanto en el amanecer del partido puede traer buenos augurios en cuanto a espectáculo se refiere: el equipo que previsiblemente se iba a defender, tendrá que salir a buscar el empate y el rival puede seguir insistiendo con mayores espacios al frente para aumentar la ventaja.

Pero en este caso, la anotación solo benefició a Paraguay, quien poco a poco fue adelantando líneas y apropiándose del balón, aunque sin demasiada llegada a la meta enemiga. En cambio, los brasileños dejaron de insistir y si bien tuvieron alguna oportunidad para la ampliación, su disposición en el campo parecía inclinarse hacia el conformismo: otra vez el olvido de su propia leyenda invadía los botines de unos jugadores que parecen destinados solo a cumplir instrucciones. El primer tiempo terminó con varias interrogantes a discutir en los vestidores de ambos cuadros.

Ramón Díaz, el técnico paraguayo de origen argentino y gran jugador en su momento, olfateó que el empate era una posibilidad cercana, sobre todo viendo que el Brasil que enfrentaba era una versión desteñida y con escasez de gracia. Con base en misiles aéreos fueron haciendo mella en la portería de los cariocas hasta que llegó uno de esos penales inexplicables tanto por el jugador infractor, el gran defensa Thiago Silva, como por la forma: una mano en un centro que parecía controlado, dado que iban dos jugadores en defensa y la distancia era considerable para intentar un remate.

El empate abría la posibilidad para que cualquiera definiera en el tiempo reglamentario, aunque fueron los paraguayos quienes parecían tener más fondo físico. El segundo tiempo se fue esfumando con lucha cerrada y una mayor sensación de peligro por parte de los guaraníes, aunque las oportunidades no fueron tan claras para ninguno de los dos. La presencia de la definición de los penales crecía en el estadio de Concepción, hasta que se materializó en definitiva al escucharse el silbatazo final del juez, quien llevó por buen cauce las acciones.

Gran juego de Pájaro Benítez adelante y Paulo Da Silva atrás (ambos del Toluca, por supuesto), además de la presencia goleadora de Derlis González, quien puso el empate y anotó el definitivo en la tanda de tiros desde los once metros, generando un festejo explosivo que incluso, se sabría después, alcanzó a uno de sus tíos, quien literalmente falleció de emoción al ver que su sobrino le daba a su país el pase a las semifinales.

Como hace cuatro años, Paraguay eliminó a Brasil en la instancia de penales, aunque esta vez con todo el merecimiento de su parte, dado que al final de los noventa minutos demostraron más deseos de ganar y, comparativamente en relación con sus potencialidades, desplegaron un mejor fútbol en el terreno de juego, tanto desde la perspectiva de la entrega individual como del trabajo colaborativo.Los paraguayos se apuntaron merecidamente en la lista de los cuatro mejores del torneo.

Por su parte, Brasil todavía no se repone de su tragedia mundialista. Acusan falta de jugadores que encarnen el jogo bonito y de entrenadores que sean capaces de revivir legados que parecen abandonados en el cajón de la historia. Por el bien del fútbol y más allá de simpatías, ojalá que pronto encuentren los caminos para volvernos a regalar esa magia que nos lleva directo a nuestra más feliz infancia.

LA IMPRONTA BRASILEÑA VISTA POR LOS EXTRANJEROS

El inglés Alex Bellos fue corresponsal de TheGuardian en Río de Janeiro, labor que le permitió realizar una indagación acerca de la genética futbolera en un país como Brasil, “fundado sobre historias, mitos y radio macuto” y relacionado directamente con la cultura de este deporte y donde se han alcanzado algunas de las más grandes gestas estéticas. El libro se titula Futebol. Brasil y el deporte que le da la vida (Ariel, 2002) y contiene tanto historias tejidas con cierto realismo mágico,como análisis que permiten entender y disfrutar al complejo gigante sudamericano con sus múltiples y contrastantes rostros, dificultades y alegrías,a través de su deporte insignia.

Recordar las historias tristes sirve no solo como bálsamo, sino también para mirar hacia adelante, aunque el presente sea demasiado tormentoso. Para tal efecto, ahí está Brasil 50. Retratos del Mundial del Maracanazo (Contra, 2014) de Toni Padilla. A través de cuarenta protagonistas clave de esta justa deportiva, el oriundo de Sabadell, Barcelona, recrea el desarrollo de esta Copa del Mundo famosa por su trágica final, pero en la que también se dieron cita diversas situaciones y circunstancias dignas de permanecer en la memoria.

 

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