Sonido & Visión

Copa América (VII): Empiezan las definiciones

El inicio de la tercera jornada y última de la fase de grupos fue de carácter celebratorio para los de casa y decepcionante para los mexicanos.

CRÓNICA DE UNA DECEPCIÓN ANUNCIADA

La selección mexicana tuvo un mal torneo: solamente se salvan los últimos minutos frente a Bolivia, que resultaron improductivos, y el primer tiempo ante Chile, que terminó en empate; o sea, ni en sus mejores momentos superó a sus rivales. El resto del tiempo se observó a un equipo (es un decir) desencanchado, sin espíritu combativo y carente de respuestas oportunas desde la banca, más allá de las baladronadas que si primero fueron energizantes, ahora son de pena ajena.

Ecuador empezó jugando como se esperaría que lo hubiera hecho en sus dos partidos anteriores: de media cancha en adelante se veían dominantes, peligrosos e incisivos; era cuestión de tiempo para que cayera el primer gol. La media cancha mexicana no articulaba las jugadas y las conexiones se rompían al primer intento. Justo un error en esa zona provocó la descolgada para la anotación, que apenas le hacía justicia a un equipo ecuatoriano superior. Para México, únicamente un robo de Vuoso que generó peligro y mucha suerte para que no cayeran más tantos.

Los cambios de formaciones y jugadores de poco sirven cuando la idea colectiva es inexistente, así como la disposición para dejar todo en el campo. El segundo gol, también producto de un error, anunciaba un resultado de vergüenza para los nuestros, pero por fortuna no estábamos contra Alemania, sino contra un rival que bajó la presión e, innecesariamente, permitió que México se acercara por la vía penal y, en una de ésas, hasta que lo empatara sin merecerlo en absoluto.

Quizá el conformismo ecuatoriano se convierta en el motivo de su eliminación por diferencia de goles, aunque cierto es que estos dos seleccionados debieron hacer más frente a Bolivia, que curiosamente está en la siguiente fase. El resto del partido se jugó en las áreas, cual encuentro sabatino colegial, pero siempre con una mayor posibilidad de aumentar el marcador para los sudamericanos que de empatarlo para los norteamericanos.

No creo que tenga que ser el final de la era de Miguel Herrera, pero sí momento de un fuerte reenfoque. El hecho de ser ajonjolí de todos los moles (anuncios, elecciones, entrevistas) es una distracción que se alimenta de la necesidad de protagonismo, así como la actitud inmediatista de culpar a otros, en especial a los árbitros que ahora, paradójicamente, se equivocaron a nuestro favor: fue ridículo escuchar al técnico referirse a los nazarenos en este partido, cuando nos perdonaron un clarísimo penal. No basta decir que es un fracaso: ya no estamos para obviedades.

La autocrítica que conduzca a la reformulación de principios y estrategias es más necesaria que nunca, empezando a no vender humo que ya nadie compra y a reflexionar en torno a porqué se mandó esta selección al torneo más antiguo del mundo, así como desentrañar cuáles son las razones por las cuales se considera más importante la Copa Oro: ojalá los criterios decisorios hayan sido estrictamente deportivos.

PELOTA PONCHADA

La famosa fotografía de Gabriel Orozco, uno de nuestros artistas más relevantes, parece representar cómo se encuentra el fútbol de selecciones en nuestro país, después de los diversos fracasos en los torneos recientes de diferentes categorías. La pelota ponchada (1993) encuadra desde un picado a un balón desinflado, formando una especie de cuenco lleno de agua sobre una superficie que parece ser cemento.

Se presta a lecturas múltiples, como la de escarbar en la esencia del juego o bien la omnipresencia de un componente central del fútbol, aquí como recipiente del vital líquido venido de algún lugar incierto, acaso como abandono pero con intenciones de sobrevivencia. Los tonos grisáceos contrastan con el blanco ensuciado del balón, demostrando que rodó por campos de superficies varias y que, de alguna manera, regaló alegrías y tristezas cuando entraba en la portería o pasaba por en medio de las dos piedras habilitadas como postes.

FIESTA EN EL NACIONAL

Desde la entonación a capela del himno, se advertía que la noche para los chilenos iba ser de fiesta. Las miradas se posaban sobre el mal portado y arrepentido Vidal, parte de la alineación por una decisión populista de Sampaoli. No creo que los jugadores tengan la obligación ser ejemplo de nada, pero sí de respetar la ley dentro y fuera del campo. Ambos equipos llegaron clasificados a este partido, por lo que las presiones disminuían y se abría la oportunidad de para ver un fútbol de disfrute.

Así fue por parte de los chilenos quienes parecieron resolver el partido desde el minuto tres, cuando cayó la primera anotación. El control era casi completo y Alexis Sánchez empezó a bombardear la portería rival hasta que recibió justo premio al lanzarse de palomita para anotar el segundo en la cuenta. Con todo a favor, las tensiones olvidadas por un momento y un equipo con interconexiones precisas, terminó la primera mitad en un ambiente celebratorio.

Los dos atacantes estelares salieron de cambio para el segundo medio, como táctica precautoria y ya con la mirada puesta en la segunda fase. Los bolivianos tuvieron una pronta aproximación como aviso de que nos los dieran por muertos, pero con el tercero en la frente pasada la hora de partido, segundo para Aránguiz, todo estaba definido. Hasta el correoso y entrón Medel se vio elegante para anotar el cuarto y, como para no quedarse atrás, los bolivianos clavaron el quinto pero en propio arco. Los chilenos son el único equipo que ha ganado por más de un gol de diferencia.


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