Sonido & Visión

Copa América (VIII): vuelve el equilibrio

Se disputaron los encuentros finales del grupo B apenas con chispazos de buen fútbol, como si los conjuntos hubieran asumido, de antemano, el lugar en el que finalmente quedaron.

BATALLA ENTRE RÍOS

Los países en cuyo nombre llevan la terminación guay de origen guaraní, relacionada con agua de río aunque hay polémica sobre su origen y significado, se enfrentaban en un choque que prometía firmeza y energía a lo largo del campo, esperando que alguna de sus figuras resolviera el críptico crucigrama defensivo planteado desde el cúmulo de candados impuestos en la media cancha. En efecto, el partido entre los finalistas de la anterior copa América arrancó muy cerrado con más énfasis en la destrucción que la articulación y con pocas visitas a los arcos.

Poco a poco, los uruguayos empezaron a adelantar sus líneas y a inquietar la meta rival hasta que cerca de la media hora en un tiro de esquina, como cabría esperar, rompieron la estructura vía cabezazo implacable pegado al postecortesía de Giménez, que bien ha aprendido a resolver este tipo de jugadas en el Atlético de Madrid. Fue el momento para los charrúas: generaron alternativas y dominaron pero no pudieron aumentar la diferencia y, extrañamente, cuando los paraguayos preferían que terminara el primer medio para reagruparse, vino un tiro de esquina a su favor y la Pantera Barrios, al igual que contra Argentina, decretó el inesperado empate con un sólido remate de cabeza.

Con la igualada decretada al final del primer medio, pareció que los dos equipos optaron por asegurar la clasificación antes que arriesgarse a romper la paridad. Apenas alguna llegada por bando, pero buena parte del tiempo complementario transcurrió bajo la lógica de la contención, a pesar de que los uruguayos sabían que ocuparían el tercer puesto, lo que los coloca para enfrentarse, muy probablemente, con el equipo que mejor fútbol ha desplegado en esta fase: el anfitrión.

POR LA MÍNIMA, OTRA VEZ

En el papel era el partido más disparejo de la primera fase: uno de los grandes favoritos frente a la cenicienta del torneo, aunque por lo visto en los anteriores encuentros de cada uno se podría pensar sí en la victoria del poderoso pero quizá menos holgada de lo presupuestado. Así fue: otra vez los argentinos empezaron controlando todo y poco a poco, como les ha sucedido, fueron disminuyendo la intensidad al punto que los rivales los ponen en aprietos, aunque en esta ocasión el triunfo peligró poco.

El vendaval inicial rindió fruto pronto: Pipita Higuaín resolvió en el área pasados los diez minutos para anotar el gol que sorprendentemente se convirtió en el del triunfo, no obstante la nutrida cantidad de ocasiones que tuvieron los pamperos gracias, sobre todo, a un Di María que andaba desatado. Los jamaicanos, trasladando a la cancha su lema De muchos, un pueblo, salieron con un cauteloso y realista 4-5-1, esperando llevarse una derrota digna, al igual que sus anteriores encuentros. Y lo consiguieron, incluyendo unaselfie de un reggae boy junto a Messi.

En comparación con su potencial, los argentinos entregaron poco; da la sensación que tienen un problema de gestión del ritmo y el tiempo, dado que se desbocan en los primeros minutos y se consumen muy pronto, como si los partidos tuvieran una duración de 45 minutos. Mientras que los caribeños pueden irse cadenciosamente, a ritmo de reggae, con la satisfacción de haberlo dejado todo en el campo, a pesar de sus limitaciones y su incapacidad para anotar un gol: dependerá de ellos capitalizar esta experiencia para mejorar en su juego colectivo.

BORGES Y EL FÚTBOL: NADIE ES PERFECTO

Aunque se le han asignado frases que nunca dijo acerca de diversos tópicos, hay evidencia de que el genial escritor argentino detestaba el fútbol y lo consideraba, al igual que lo  masivo y popular en general, una estupidez. Con su deslumbrante ironía, lo consideraba poco estético y falsamente nacionalista; ya encarrerado, comentó que el fútbol era uno de los más grandes crímenes de Inglaterra y los acusabade llenar el mundo de juegos estúpidos.

Durante el Mundial de 1978, se dice que afirmó: “Déjense de pavadas. La patria no es el futbol, sino la milonga y el dulce de leche”. El día de la final, organizó a la misma hora una charla sobre Espinoza y la inmortalidad, en la que cuestionó a los asistentes si alguno de ellos consideraba que era mejor ser de Argentina que de Holanda, de acuerdo con su conocida aversión a que alguien ganara y otro perdiera.

No obstante, el erudito poeta firmó un relatoen tono anticipatorio titulado Esseestpercip (1963), junto con Bioy Cásares (aquí como H. Bustos Domecq), sobre la relación entre la televisión y el fútbol, convertido en un género inventado que termina por suplir a la realidad. Los partidos, entonces, terminan siendo una representación creada por los poderes mediáticos. Cincuenta años después, esta juguetona historia nos puede poner a reflexionar sobre lo que está sucediendo con esta relación –televisión y deporte- y las peligrosas consecuencias que ya se advierten, por lo pronto bañadas de corrupción.

 

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