Sonido & Visión

Copa América (IV): llegaron los goles

La esperanza revive con un gol recién levantado el segundo medio y de ahí, el vendaval amarillo sobre la puerta de los bolivianos, cuyo arquero transitaba de lo sublime, con grandes atrapadas, a lo ridículo, cuando intentaba hacer tiempo con lances de caricatura.

Un par de encuentros en los que las redes se movieron a placer, dándole al torneo continental una bocanada de aire fresco después de vivir partidos de ríspida intensidad.

La sorpresa boliviana

No fue muy bien jugado y tácticamente resultó discutible, pero cuando te sabes inferior y de pronto te encuentras con una ventaja cómoda, puede ser difícil saber qué hacer con ella. Los bolivianos optaron por retroceder, hacer tiempo de manera burda y asumir una actitud destructiva, más que defender con el balón: faltó poco para que la estrategia resultara ser un disparo al propio pie, dada la bravía reacción de los ecuatorianos, extraviados en sus propios errores. Incomprensible cómo un equipo puede ceder tanto la iniciativa sin tener los recursos para controlar la del equipo de enfrente.

Un remate de cabeza completamente solo en el área rival, donde se supone que se debe hacer guardia permanente; un error en la salida bien resuelta con tiro colocado desde fuera del área; imprudencia en la zona de peligro que trae como consecuencia un penal innecesario: tres goles a cero en un primer tiempo de ésos en los que nada sale bien para un equipo, en este caso Ecuador, incluyendo un par de salvadas angustiosas y un penal repetido por invasión que, como cabría esperarse, fue errado en segunda instancia.

La esperanza revive con un gol recién levantado el segundo medio y de ahí, el vendaval amarillo sobre la puerta de los bolivianos, cuyo arquero transitaba de lo sublime, con grandes atrapadas, a lo ridículo, cuando intentaba hacer tiempo con lances de caricatura. Un gran segundo gol ecuatoriano a diez minutos del final contribuyó al surgimiento del drama en un partido cuyo guion parecía estar destinado a la tragedia de trámite: el cierre acabó por ser absorbente hasta para quienes nacimos en otros países con todo y ese disparo que resonó en el travesaño dejando un sonido vacío de triunfo.

Lo mejor hasta ahora

La selección mexicana saltaba a la cancha como un buen sinodal para que luciera el juego chileno tan estético como efectivo de media cancha hacia adelante. De ahí que la estrategia por parte de los nuestros funcionara en el primer tiempo: presionar la salida y atacar al rival, jugándotela un poco atrás, sobre todo considerando los delanteros con los que cuentan los anfitriones. El primer gol de Vuoso confirmaba el acierto táctico, aunque el inmediatista empate nos volvía a la realidad sin darnos tiempo para la ensoñación.

La contienda seguía en la misma tónica, más allá del resultado; ambos equipos sabían reaccionar ante la adversidad. Segunda ventaja gracias al reparador gol de Jiménez, que lo necesitaba tanto como el equipo, y nuevamente la reacción chilena para empatar el marcador otra vez vía un cabezazo implacable, incluyendo marca distraída de los mexicanos, no obstante el gran juego que brindaron en este lapso. Un primer tiempo memorable que el público supo reconocer con sentido aplauso.

Para el segundo tiempo podíamos temer lo peor y, en efecto, todo apuntaba hacia allá. Los chilenos fueron superiores, dominaban el campo, tejían jugadas de fantasía y ahora sí se sentían casa con el público en pleno trance celebratorio: su tercer gol vía penal fue premio justo al esfuerzo y talento puestos al servicio de un fútbol arrasador y siempre agradecible, aunque en este caso duela.

Pero (siempre hay un pero), el improbable héroe Vuoso, cuyo llamado fue cuestionado, anotó el empate y el segundo en su cuenta personal, tras gran pase de Aldrete quien salió lastimado. Un par de goles chilenos válidos que no contaron mientras que el entrenador mexicano, usualmente crítico con los jueces, ahora se abstuvode quejarsepor los evidentes errores arbitrales que fueron directo al marcador.

Viaje en globo por el arte balompédico

El fútbol puede ser arte en el campo y en el lienzo. El artista irapuatense Francisco Javier Vázquez, mejor conocido comoJazzamoart, también ha retomado la imaginería futbolera para crear arte a partir de sus elementos centrales, tal como lo ha hecho con la música sincopada, de donde tomó se sobrenombre: si el jazz implica una graciosa flexibilidad y la posibilidad de improvisar como manifestación del momento experimentado, sus pinturas al respecto expresan esa fluidez y colorido que reflejan los acordes y las conversaciones que se establecen entre los instrumentos, particularmente el saxofón, y las formaciones típicas del fascinante género.

La obra artística de Jazzamoart vinculada con el fútbol surgió a partir de una invitación del INBA durante el Mundial de 1986 para participar en una exposición y desde entonces ha producido una notable obra relacionada con este deporte, retomada específicamente cada cuatro años en coincidencia con la cita mundialista: el aficionado se imbrica con el artista para producir jugadas pictóricas de elusiva belleza.

En La vuelta al balón en 80 mundos de pinturas, las obras expresan esa combinación entre lúdica y pasional que implica sumergirse en un estadio de fútbol o bien enfrentarse con los cuates en un cerrado partido de futbolito, también convertido en objeto para ser decorado cual vehículo a la niñez presente en el campo.La idea de celebración comunitaria y los elementos como la portería y los balones, las formaciones de los equipos para la foto y hasta la sensualidad femenina aparecen en sus obras cargadas de sugerencias oblicuas, como si de un regate maestro se tratara.

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