Sonido & Visión

Cine galo

Alguna muestras del cine donde se escupieron las primeras imágenes en movimiento públicamente: el arte cinematográfico mucho le debe a esta nación no solo por darle vida, sino por las tendencias de vanguardia que han nutrido su desarrollo y por la continuidad que mantienen como sólida industria en la que cabe todo tipo de propuestas.

TOUR DE CINE FRANCÉS EN LEÓN

La habitual y bienvenida presencia de este conjunto de películas galas a nuestra ciudad, representa una bocanada de aire fresco a una cartelera que se ha estado volviendo cada vez más predecible, perdiendo terreno frente a la variedad de posibilidades más allá de las salas cinematográficas. Un par de ejemplos del Tour que dan muestra de la amplitud de intenciones y temáticas que se desarrollan en una filmografía tan vital como propositiva.

1. El novelista y guionista Philippe Claudel, ganador del premio Gouncourt y publicado en español por Salamandra, incursionó en el cine con el drama Hace mucho que te quiero (2008), seguido de la comedia Silencio de amor (2011). Ahora vuelve a la dirección con Antes del invierno (Francia-Luxemburgo, 2013) cual mirada a las clases acomodadas cuya estabilidad emocional y física se ve amenazada, muy al estilo del gran realizador Claude Chabrol, aunque sin alcanzar los tonos punzantes al tono punzante del realizador de La ceremonia (1995) y La flor del mal (2003), por poner un par de ejemplos en esta tesitura.

El planteamiento y el manejo del suspenso, con esas identidades sin ser reveladas del todo incluyendo a quien envía las flores, consiguen inmiscuir al espectador en la obsesión de un cirujano intachable y siempre amable (Daniel Auteuil, a quien le había pasado una intrusión similar en Caché: El observador oculto [2005] de Michael Haneke) por una joven misteriosa (Leïla Bekhti, enigmática), mientras que la esposa, encerrada en su palacio minimalista y acaso enseñando de vez en vez el bosque que la rodea (Kristin Scott Thomas, con rostro de eterna melancolía), va siendo testigo del comportamiento errático de su habitualmente confiable marido.

Frente a la trama central se anidan las presencias de la hermana de ella, con problemas mentales, y el amigo de él, un terapeuta que en cierta forma parece ser parte de un triángulo afectivo junto con el matrimonio; además, está el hijo con su insaciable discurso neoliberal y la mujer, cuidando al hijo y guardándose una infelicidad que salta a la vista. Con buen equilibrio narrativo y sin mayores recursos visuales, los acontecimientos se van precipitando al grado de irrumpir directamente en la seguridad que se suponía eterna de este matrimonio en condiciones tan privilegiadas como neutralizantes.

Estas rupturas de la normalidad también se advierten en la reflexiva y muy entretenida comedia Chicos y Guillermo, ¡A comer! (Francia-Bélgica, 2013), en la que el protagonista nos comparte diversas experiencias relacionadas con la construcción de su identidad sexual, en concreto el vínculo que ha establecido con su madre. Mientras que su familia lo considera homosexual o incluso una mujer, la vida va transcurriendo con estancias en internados, algún viaje vacacional y eventos varios que lo ponen a pensar acerca quién es él en realidad y cuál es su orientación sexual.

Con inserciones de un monólogo teatral, el actor, escritor y ahora director de contrastante cabellera a la afro Guillaume Gallienne, muy dotado para la comedia tal como se advierte en su doble interpretación como el joven en definición y su madre, comparte con humorística sensibilidad este proceso de búsqueda, jugando con estereotipos y desplegando logradas secuencias como la de la alberca con Don´t Leave Me Now de Supertramp sonando al fondo. A veces se puede ser heterosexual y no atreverse a asumirlo. Sumamente disfrutable.

DESPERTANDO LA SENSUALIDAD

Otro ejemplo de este proceso de construcción identitaria que pasa por el componente sexual y romántico se aprecia en La vida de Adèle (Francia, 2013), sexto largometraje del turco Abdellatif Kechiche que recibió la Palma de Oro en el festival de Cannes de manos de Steven Spielberg presidente del jurado, quien de paso acalló rumores sobre que él no premiaría una película tan distinta a la manera en como él ve el cine: al contrario, el director estadounidense demuestra su amor por este arte, más allá de estilos o propuestas.

Adaptada de la novela gráfica Le Bleuest une couleurchaude (2010) de Julie Maroh, quien expresó sus diferencias creativas con la cinta y no fue invitada a participar, según se ha dicho, el filme sigue a la joven que da título al filme (Adèle Exarchopoulos) en su tránsito por la adolescencia a la adultez (no necesariamente cronológica) a través de la explosión de sus sentidos y sentimientos, desde artísticos hasta sexuales. El conflicto también se vivió fuera de la pantalla entre el director y las dos actrices: en ocasiones el proceso de realización de una película se entromete en la narración misma.

Después de probar el sexo sin mayor pasión con un compañero escolar, tras leer en clase La vida de Marianne, conoce a una pintora de cálido cabello azul (Léa Seydoux, arriesgada), algunos años mayor que ella y con quien establecerá un profundo vínculo que la coloca en un estado de enamoramiento aparentemente pleno: la realidad con su terquedad en señalar diferencias de intereses, edades, objetivos, educación y hasta clase social, empezará a incidir en esta pareja de inmediato nivel de compenetración. Quizá esta intensidad de relación está destinada a ser efímera, dada la imposibilidad de sostenerse en el tiempo.

El uso de la perspectiva y la combinación de planos, en particular el frecuente uso del close-up y la forma de posar la cámara en sus personajes femeninos (a pesar de las múltiples acusaciones de sexismo, pornografía y voyeurismo), le brindan a la cinta la necesaria dosis de realismo pero también de cierto espíritu onírico, en el que vamos advirtiendo que el viaje emprendido, con toda la carga de dolor y reencuentro, irá sembrando una serie de semillas para el aprendizaje y el crecimiento personal, no obstante el sufrimiento inherente que va destilando ya no la calidez de una tonalidad, sino la fiereza de una ruptura anunciada que aun a sabiendas, no iba a impedirla transgresión de las propias certezas y expectativas.

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