Sonido & Visión

Cine y elecciones (segunda parte): presidentes fílmicos

Entre dragones, simios y humanos: la dificultad de la convivencia

Un par de dignas secuelas que consiguen colocarse cerca del nivel de sus predecesoras, manteniendo la esencia argumental y abriendo otras vetas narrativas. Franquicias que nacieron sin demasiadas expectativas y que de pronto se posicionaron como cintas no solo rentables, sino con valores fílmicos ubicados tanto en la propuesta visual y el diseño de producción, como en el desarrollo de personajes y el establecimiento de sus vínculos afectivos, no obstante pertenecer a diferentes especies. Se ubican entre lo mejor de un verano fílmico que resultó ser atractivo, a pesar del predominio de remakes, segundas / terceras/décimas partes y derivaciones temáticas ya tratadas con anterioridad.

Seguir o no al alfa, ésa es la cuestión

Dirigida con funcionalidad narrativa por el neoyorquino Matt Reeves (El funebrero, 1996; Cloverfield: monstruo, 2008; Déjame entrar, 2010), El planeta de los simios: confrontación (Dawn of the Planet of Apes, EU, 2014) se articula a partir de un reconocible conflicto central que contrapuntea a dos manadas y a sus respectivos líderes entre sí: la necesidad de seguir teniendo luz eléctrica para los humanos, que solo se satisface arreglando una planta ubicada en el territorio ahora dominado por los simios, en el bosque de San Francisco. Mientras tanto, la historia sigue en el camino para entroncar con el clásico sesentero de Franklin J. Schaffner.

Las dos posturas posibles para solucionar el conflicto se expresan en las decisiones antagónicas asumidas por los machos alfa y los aspirantes a serlo: confiar en el otro bando, ceder en determinadas peticiones y seguir adelante; o bien, usar la fuerza para evitar ser dominados por el contrario y someterlo. Entre tanto, se discuten la fidelidad a la familia, la importancia del hogar, el uso o no de las armas, la necesidad básica de la energía eléctrica y, para ambas manadas, la determinación de a qué líder seguir: será más fácil, como suele suceder, alinearse con el estruendoso, complotista y bélico que con el mesurado, confiado y esperanzador.

Entre humanos y simios hay una historia con heridas sin sanar, que alimentan la necesidad de venganza y la falta de confianza, tal como se puede advertir en los conflictos de Palestina e Israel, de Rusia y Ucrania o los del África subsahariana, por mencionar algunos que se encuentran, otra vez, en estado crítico. La espiral de la violencia es puntualmente señalada por Cesar, el líder simio (interpretado una vez más con gestualidad sorprendente por el especialista Andy Serkis), asumiendo que si bien ellos empezaron esta nueva guerra, los humanos nunca olvidan ni perdonan.

El filme, a pesar de estar ubicado en la ciencia ficción, consigue capturar esta atmósfera de tensión que tanto se vive en la actualidad y en donde las resoluciones de paz parecen nunca ser definitivas, por la permanencia de una semilla de odio que no consigue ser erradicada del todo y que brota al primer pretexto que se presenta o que si no, se inventa. Aunque se alcanza a profundizar más en los personajes simiescos que en los humanos, queda de manifiesto la posibilidad para la convivencia pacífica y también la facilidad con la que dos grupos pueden terminar en franca batalla campal.

Con un dinámico juego de cámaras que presenta planos abiertos para ver cómo funciona la comuna de nuestros primos (la escuelita) y de qué manera quedó la ciudad californiana de las libertades individuales, nos inmiscuimos ya sea en el bosque o la fortaleza a través de perspectivas diversas, retomando la mirada de los protagonistas o bien presentando los sucesos desde una posición nítida, con texturas salpicadas de verdes nebulosos, grises lluviosos y luces que se atreven a sobresalir entre la oscuridad, ya sea por el fuego conquistado o la electricidad recuperada.

El trabajo de edición le da el tiempo justo a cada momento, en particular durante el logrado episodio de la confrontación física, así como de las definitivas secuencias paralelas, en las que los líderes humanos (Jason Clarke y Gary Oldman, capaz de darle matices a su personaje en una sola toma) y simios (el mencionado Serkis y Tobby Kebell, también jugando con los gestos), contraponen sus alternativas resolutivas. Claro, la tendencia de la manada será seguir la rama más fuerte, con las excepciones de la disidencia, más pensante y procurando evitar las peligrosísimas generalizaciones.

Desobedecer al alfa, he ahí el dilema

Tras una brillante primera parte presentada cuatro años atrás, Cómo entrenar a tu dragón 2 (EU, 2014) se centra en el proceso de crecimiento de Hiccup cinco años después, una vez más buscando otros horizontes que lo llevarán a un encuentro con su propio origen, mientras que su poblado se ve envuelto en un conflicto de proporciones mayúsculas en el que se involucran humanos y dragones integrando ambos bandos antagónicos.

Además de un nudo dramático que alcanza a mover sentimientos gracias a un enfático desarrollo de los personajes, tanto principales como secundarios, la trama integra momentos de efusivo humor y vertiginosa acción, resolviendo las situaciones con imaginación y lógica en función de los propios eventos suscitados: la desobediencia de pronto puede convertirse en la única opción para mantener los logros alcanzados.

El director quebequense Dean Deblois (Lilo &Stitch, 2002; Cómo entrenar a tu dragón, 2010) responsable también de Heima (2007), documental sobre los conciertos brindados por SigurRós en su natal Islandia, consigue desplegar una propuesta visual cargada de imágenes oníricas, como las que nos llevan por encima de las nubes, y de hermoso colorido, como las del santuario de los escupefuego. Una película animada de amplio registro que se ubica como una de las mejores del año.

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