Sonido & Visión

Canibalismo en pantalla

Esta práctica ancestral hoy vista como tabú y tema escabroso como pocos, detonó un subgénero que floreció en el cine italiano durante los 70´s y 80´s de serie B o Z, con el atrevido mockumentary Holocausto caníbal (Deodato, 1980) como plato principal; el español Jess Franco se sumó al banquete y dirigió Sexo Caníbal, Mondo Cannibale y Terror caníbal en 1980, como para saciar cualquier apetito y el vietnamita Hark Tsui hizo lo propio con We´re Going To Eat You (1980); The Green Inferno (Roth, 2013) es un derivado en el que un grupo de ecologistas se convierte en la cena de la tribu a la que defendía.

La mirada se ha ampliado y el tema ha sido retratado desde diversas perspectivas, que van desde la antropología hasta la psicopatología criminal, retomando casos reales como The Legend of Alfred Parker (Roberson, 1980); Dahmer (Jacobson, 2002), sobre el “Carnicero de Milwaukee”; Rohtenburg (Weisz, 2006), acerca del caníbal Oliver y Ed Gein (Parello, 2010), el asesino serial inspirador de varios filmes entre los que se ubican Psicosis (Hitchcock, 1960) y La masacre de Texas (Hooper, 1974), así como de personajes en extremo retorcidos: ahí está Buffalo Bill, perseguido por Clarice Sterling.

Se han retomado historias verídicas en la que la sobrevivencia obliga a la antropofagia tipo ¡Viven! (Marshall, 1993) y ubicadas en mundos apocalípticos como Cuando el destino nos alcance (Fleischer, 1973), El libro de los secretos (Book of Eli, hermanos Hughes, 2009) y El último camino (The Road, Hillcoat, 2009); de sofisticada venganza al estilo de El cocinero, el ladrón, su mujer y su amante (Greenaway, 1989) o de ciertos señalamientos dirigidos a la burguesía como en Los caníbales (De Oliveira, 1988).

Los contextos bélicos son caldo de cultivo para la antropofagia como se ha documentado a lo largo de la historia y como se advierte en Voraz (Ravenous, Bird, 1999). Claire Denis dirigió Sangre caníbal (Trouble Every Day, 2001), en la que se plantea el fallido experimento que alteró la conducta de dos personajes transformándolos en caníbales. No ha faltado el humor negro –Delicatessen (Jeunet  y Caro, 1991); Parents (Balaban, 1989); ¿Y si nos comemos a Raoul? (Bartel, 1982)– y hasta el musical, vía Cannibal: The Musical! (Parker, 1993) y Sweeney Tod (Burton, 2007).

A manera de metáfora con su componente crítico, Somos lo que hay (Grau, 2010) parte de una premisa interesante con claras referencias sociológicas una familia caníbal del DF con modestos recursos tiene que reorganizarse para continuar el rito ante la muerte del padre– aunque sucumbe ante una fallida realización que incluso alcanza el humor involuntario (esos policías). La realización fue mejorada en el remake estadunidense Somos lo que hay (We Are What We Are, Mickle, 2013), insertando una explicación ancestral y modificando el guion en aras de fortalecer la propuesta argumental.

El cine español ha producido un par de cintas recientes: Omnívoros (Rojo, 2013), en la que un crítico gastronómico se involucra en un peligroso submundo donde se encuentra con un restaurante clandestino; por su parte, la parsimoniosa Caníbal (Cuenca, 2013), sigue a un discreto y eficaz sastre en Granada que además de ser experto en telas, gusta de la piel tersa de las mujeres: las mata para cenárselas con un buen vino.

Pero entonces aparece una sensación que se asemeja al amor. La cámara plantea con claridad los puntos de vista y nos va revelando, con cuidadosos cortes, la construcción de este monstruoso personaje que acaba siendo más aterrador por su introvertida amabilidad, su ausencia de expectativas y carente necesidad de notoriedad, así como por su aparente sentido de ayuda.

Hannibal Lecter

De las novelas de Thomas Harris surgió un personaje singular: inteligente, culto y sofisticado, con aliento renacentista dada la gran variedad de disciplinas y artes no solo que conoce, sino que practica. Su refinamiento explota en sus inclinaciones primitivas hacia el gusto por la carne de sus congéneres, no solo como un medio de alimentación y disfrute, sino como manifestación de un poder ritual, como si a través de las vísceras se elevara un espíritu que termina por volver al origen de la sangre, a una humanidad en su más cruda expresión.

De fuerte e irresistible poder de seducción con alcances hipnóticos y chef de exquisitez siniestra, fue encarnado por Brian Cox en la oscura El sabueso (Manhunter, Mann, 1986), filme más centrado en el personaje del detective, y por Anthony Hopkins en la clásica El silencio de los inocentes (Demme, 1991), actor que también participó en Titus (Taymor, 1999), cinta basada en el texto de Shakespeare donde dos hijos de Tamora, la reina de los Godos, terminan como platillo principal.

Signos de agotamiento en Hannibal (Scott, 2001), continuación tardía; en la precuela Dragón Rojo (Rattner, 2002) y la precuela de la precuela Hannibal, el origen del mal (Webber, 2007). El personaje parecía finiquitado en términos de posibilidades argumentales y revisionismos hasta que apareció la serie Hannibal (2013- ), desarrollada por Bryan Fuller para la NBC, con base en los personajes de la novela Dragón Rojo (1981) de Harris y que a la fecha cuenta con dos temporadas de 13 capítulos cada una, mientras se filma la tercera de ellas.

Las dos temporadas se centran en un intenso triángulo relacional conformado por el agente especial del FBI Jack Crawford (sólido Laurence Fishburne), quien invita a Will Graham (Hugh Dancy, angustiante), un desequilibrado instructor emocionalmente frágil con habilidad psíquicas para construir perfiles de asesinos y asumir sus personalidades que, a su vez, es encargado al Dr. Hannibal Lecter, interpretado brillante, elegante y siniestramente por Mads Mikkelsen, para que lo apoye terapéuticamente. Los diálogos transitan entre enfoques psicológicos, sociológicos y filosóficos, atravesando el inconsciente, los sueños y la crudeza de una realidad saturada de asesinatos rituales y enfoques de salvajismo primigenio.

Alrededor de ellos gravitan una serie de personajes, además de los retorcidos asesinos que desfilan por los diferentes capítulos, que van contribuyendo a la profundización de los protagonistas, como la esposa en etapa terminal de Crawford (Gina Torres); la psiquiatra de peligrosa cercanía Alana Bloom (Caroline Dhavernas); la Dra. Du Maurier (Gillian Anderson, en otro expediente X), de breve y vital presencia; la intuitiva agente Hettienne Park (Beverly Katz); el doctor encargado del hospital psiquiátrico-criminal con agenda propia (Raúl Esparza); la infaltable bloguera de amarillismo salpicado de sangre y el resto del equipo de investigadores.

Una de las virtudes del guion es la manera en la que consigue llevarnos por una serie de eventos sorpresivos que mantienen verosimilitud y en cómo centra el interés en los descubrimientos de los personajes, no obstante que nosotros ya sabemos lo que varios de ellos desconocen: la importancia no es quién, sino cómo y cuándo, si es que llega algún momento. El diseño de escenarios brinda una ambientación potenciadora de las enfermizas facetas mostradas de nuestra especie.

El juego macabro de lealtades, los vínculos afectivos al borde y la creciente locura, se aderezan con fuertes escenas gore que no escatiman en vísceras, aunque se contrasta con un estilo visual sumamente estilizado sin ser remilgoso, con una cuidadosa edición que yuxtapone imágenes en forma simbólica, nivel que está presente a través de diversos elementos, particularmente con la presencia del venado como pieza de caza y cual representación del mal de manera simultánea.

La dirección compartida de los capítulos (Rymer, Natali y Slade, entre otros), así como las perversas atmósferas, encuentran una cierta influencia en David Lynch, en particular cuando nos introducimos en esos contextos más allá de la realidad concreta, mientras el psíquico transita por sus pesadillas y por las mentes criminales, extraviadas entre la escucha de llamados divinos y respondiendo a motivaciones ego maníacas que solo existen en su esquizofrenia extrema. Una serie intensa, escrita minuciosamente y de fuerte impacto visual: la revolución televisiva continúa.

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