Sonido & Visión

Aural (segunda parte): Las vertientes del jazz

Continuamos el recorrido por algunos de los participantes de este festival, uno de los mejores que se celebran en nuestro país. Ahora, comentando las propuestas relacionadas con el Jazz.

Terence Blanchard: La trompeta que mueve la cuna

Llama la atención que el extraordinario trompetista Terence Blanchard (1962) forme parte del cartel del Festival: no por su talento, sino porque se trata de un músico que, a diferencia de los demás, es más conocido entre los grandes públicos, sin que ello implique un juicio de valor, desde luego. Más allá de famas y cronopios, lo que importa es la música y ahí el de Nueva Orleans tiene mucho qué decir y aportar, sobre todo por su capacidad para retomar una larga tradición jazzística e incorporarla a su vital propuesta que suena poderosamente contemporánea, sin olvidar sonidos históricos, como se puede comprobar en The Billie Holiday Songbook (1994).

Después de formar parte de los Jazz Messengers por recomendación de Wynton Marsalis, uno de sus mentores, grabó cinco discos con Donald Harrison en formato de quinteto durante los años ochenta. Posterior a los discos Terence Blanchard (1992) y Simply Stated (1993), la presentación de Romantic Defiance (1994) representó su ingreso a los altos estándares del mundo del jazz, destilando notable flexibilidad en la trompeta, melódica y rítmicamente cobijada por el piano del gran Kenny Garrett.

De acuerdo a su título, The Heart Speaks (1995) resulta una obra que se orienta directamente a compartir sentimientos cercanos, cual bálsamo para provocar saludables palpitaciones que encuentran un remanso de luz a media intensidad en el clásico Wandering Moon (1999), obra exquisita que, con la presencia de Branford Marsalis como invitado de lujo, consigue aprovechar la forma de la balada para generar emociones genuinas.

Transitando del Hard Bop al Post Bop y al jazz modal con tal soltura que pareciera pertenecer a todas estas corrientes estilísticas y temporales, continuó su trayectoria durante el nuevo milenio con obras como la ecléctica Bounce (2003), la versátil Flow (2005), cual viaje por el Mississippi para recorrer presente y pasado, y el discretamente experimental Choices (2009), en el que juega con formas y elementos que van embonando en las estructuras jazzísticas ya plenamente dominadas.

En colaboración con Poncho Sanchez grabó Chano y Dizzy! (2011): el picor latino del famoso percusionista se conjuga con la excelsa algarabía del virtuoso trompetista para llevarnos sin descanso por todos los rincones de la pista, aventurándose por rítmicas del Caribe y más allá, con la elegancia propia de los intérpretes. ¡Azúcar! Vendría después Magnetic (2013), conservando justamente el poder magnético del título, recorriendo ya sea estructuras intrincadas o pasajes de clasicismo jazzístico, entre el frenesí de la síncopa y el reposo del piano.

Una importante vertiente de su trayectoria se constituye a partir de sus colaboraciones para el mundo del cine, como se puede apreciar en Jazz in Film (1999), contundente revisión de clásicas piezas del género instaladas en la pantalla. Ha colaborado continuamente con el director Spike Lee, primero como parte del score en cintas como Mo’ Better Blues (1990) y Do The Right Thing (1989) y después como responsable principal en filmes como Jungle Fever (1991), Malcolm X (1992), Clockers (1995), Summer of Sam (1999), 25th Hour (2003) e Inside Man (2006).

Dada la naturaleza propia de la música para cine, la estructura compositiva propuesta por Blanchard consigue integrar tonalidades orquestales, luminosas u oscuras según la temática, con apuntes propios del jazz, del R&B y del blues que suscriben las narrativas fílmicas, como también se advierte en Eve’s Bayou (1997), enclavada en los aromas de Nueva Orleans, hábitat que ha servido como origen y destino de este músico de sólidas convicciones artísticas, tal como lo expresa en A tale´s of God Will (A Requiem for Katrina) (2006), capturando el espíritu doliente de su tierra después de la tragedia del huracán y el abandono por parte del gobierno.

Frode Gjerstad: Calentando los campos nevados

El músico noruego Frode Gjerstad (sax, clarinete y flauta) se desplaza por los territorios del free jazz, derritiendo los fríos de su país con el calor  que provocan sus ensambles sonoros, con rítmica inquieta que parece estar en constante persecución de un saxofón siempre cambiando de dirección y textura. Formó el trío Detail con John Stevens y John Dyani en los años ochenta y principios de los noventa con quienes grabó siete obras; turisteó con el gran Evan Parker; se asoció con Peter Brotzmann en Invisible Touch (1999), Sharp Knives Cut Deeper (2001) y SORIA MORIA (2003); con Derek Bailey en Hello, Goodbye (1992) y Nearly A D (2002) y con muchos más pilares de la vanguardia.

Posteriormente integró un trío al lado del bajista William Parker y el percusionista Hamid Drake, con quienes ha grabado cinco discos entre los que destacan Seeing New York From the Ear (1996), que ejemplifica las búsquedas estilísticas propias de las tendencias sincopadas de los años sesenta; Ultima (1997), álbum de una sola pieza tanto literal como metafóricamente hablando y On Reade Street (2008). Se vinculó con Borah Bergman para grabar Ikosa Mura (1998) y Rivers in Time (2003), además de diversas asociaciones creativas con otros colegas que expanden las fronteras de sus viajes sonoros.

Más que en los cerebrales contextos jazzísticos de la región escandinava, su apuesta parece estar cerca de la vanguardia estadounidense, tal como se deja escuchar en Through de Woods (1997), con arriesgado formato de cuarteto, que en efecto permite descubrir el árbol sin dejar de ver el bosque, en particular por la guía trompetera de Bobby Bradford. Despidió el siglo con Borealis (1998), acompañado por la Circulasione Totale Orchestra, integrada por intérpretes nórdicos, también participantes en el álbum Open Port (2008), entre otros.

En los años recientes ha continuado en plan versátil, acompañándose de diversos músicos como PaalNilsen-Love, con quien ha grabado cerca de quince discos, entre los que se encuentran The Blessing Light (2000), un homenaje en vivo al fallecido John Stevens, figura tutelar en su trayectoria, y Side By Side (2012).

Por su parte, The Welsh Chapel (2002) significó otra apertura de horizontes con un derroche de intensidad salpicada con matices funkies, mientras que A Sound Sight (2007) mantiene la premisa de la inquietud. Tistel (2012) es uno de los álbumes que ha grabado junto al chelista Lonberg Holm, asentado en el contexto de avanzada de Nueva York. 

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