Sonido & Visión

Aural 2014 (Primera parte)

Un buen pretexto para visitar la capital del país en estos días es la celebración de la 30ª. edición del Festival del centro histórico de la ciudad de México, compuesto por diversas áreas entre las que figura el programa conocido como Aural, espacio para la presentación de propuestas musicales que buscan experimentar y ampliar esquemas estilísticos desde diversos géneros y a partir de sus enriquecedoras interrelaciones. En esta primera entrega, una mirada fugaz de dos de los músicos que integran el cartel, como sigue.

WADADA LEO SMITH: OCUPACIÓN SONORA DEL ESPACIO

Si bien su hábitat ha sido el jazz, este gran explorador de la trompeta y de varios instrumentos musicales gusta de imbuirse en diversos campos de acción –composición, docencia, protesta social, etnomusicología- y en diferentes géneros creativamente imbricados –world music, avant-garde, blues, R&B- por los que ha transitado como líder y acompañante, dejando su sello innovador y comprometido.

Los sonidos de su trompeta parecen provenir de lugares ocultos y por momentos conviven de manera natural con los silencios, dejando que el espacio tome aire para recibir la nueva andanada de enérgicas notas, con influencia del maestro de (casi) todos Miles Davis, a quien revisitó en Yo, Miles! (1998),en compañía del guitarrista Henry Kaiser, Yo Miles: Sky Garden (2004)y Yo Miles: Upriver (2005). De pronto, sus lances parecen sordas cuchillas que atraviesan el ambiente para dirigirse a algún horizonte por ampliar.

Ha compartido y grabado en las disqueras de santones de la vanguardia como Derek Bailey y John Zorn, además de tocar con personajes del calibre de Roscoe Mitchell, Lester Bowie, Cecil Taylor, Carla Bley, Charlie Haden y Don Cherry, entre muchos más; notable resultó el álbum America (2009), formando dueto con el legendario baterista Jack De Johnette. Su capacidad creadora incluso lo llevó a inventar un sistema propio de notación al que bautizó como Ankhrasmation.

Originario de Leland, Mississipi, Ishma el Wadada Leo Smith (1941) entró en contacto con la música desde la pubertad de la mano de su padre y en 1967 formó Creative Construction Company, un trío junto a Leroy Jenkins y el saxofonista Anthony Braxton, con quien estableció una fecunda relación de altas dosis experimentales, como se advierte en Saturn, Conjunct the Grand Canyon in a Sweet Embrace(2004), fascinante conversación de largo aliento entre dos genios de las excursiones sonoras.

A principios de los setenta, además de fundar un sello discográfico, integró New Dalta Ahkri, en complicidad con Henry Threadgill, Anthony Davis y Oliver Lake. Una buena síntesis de su trabajo durante estos años se puede apreciar en Kabell Years 1971-1979 (2004).En los ochenta, el contestatario y aventurero trompetista adoptó la mística rastafari –de ahí el nombre de Wadada- que expresó en el álbum del mismo nombre publicado en 1983, año en el que también grabó Procession of the Great Ancestry, una de sus grandes obras.

Particularmente prolífica ha sido su producción desde mediados de los noventa a la fecha, como se aprecia en grandes álbumes como Kulture Jazz (1995), Prataksis(1997), Golden Hearts Remembrance (1997) y Reflectativity [2000] (2000), nueva versión del clásico de 1972, como para darle la bienvenida al nuevo milenio con su acostumbrada integración de notas fascinantemente extraviadas en dimensiones paralelas, también desplegadas en valiosas obras como Red Sulphur Sky (2001), Luminous Axis (2003) y Lake Biwa (2004).

En este periodo formó parte del Matthew Shipp´s New Orbit con el renovador pianista, e integró el Golden Quartet, asociación plagada de virtuosismo en la que además de De Johnette, han participado VijayIyer y John Lindberg, por mencionar un par de estelares: su aventura empezó con con el imprescindible Golden Quartet (2000) y continuó con The Year of the Elephant (2002), Tabligh (2008) y Spiritual Dimensions (2009), disco doble de alcance ritual que trasciende etiquetas étnicas y religiosas para coincidir en la música como vehículo para trascender, sin caer en la artificialidad de la música que se ostenta como ideal trasfondo para la meditación.

En los años recientes la intensidad se acrecienta: después de los estupendos Heart´s Reflections (2011) y Dark Lady of the Sonnets (2011), grabó el monumental y concientizador Ten Freedom Summers (2012), seguido por la mirada al pasado de Ancestors (2012) y Occupy the World (2013), en el que se asoció con el combo nórdico Tumo para grabar este álbum doble con cinco piezas, desafiando métricas y esquemas para darnos la posibilidad de ensanchar miradas y ocupar el lugar que nos corresponde en este mundo convulso.

CHARLEMAGNE PALESTINE: EL CONCIERTO ES UN RITUAL

Con su copa de coñac, oso de peluche en el brazo y diversos aditamentos propios de los rituales ceremoniosos de múltiples culturas, aparece un hombre de aspecto bonachón para convertir el escenario en un epicentro energético y el piano en un vehículo para viajar a mundos donde los puntuales sonidos se expanden para confundirse estéticamente con los silencios, a partir de un absorbente juego de seriaciones: un minimalismo heredado de Steve Reich, Terry Riley, La Monte Young y Philip Glass que se deja envolver en aromas, humos y atmósferas para conectarnos con realidades incorpóreas.

Teclas y pedales se transforman en seres dialogantes que de pronto alcanzan un extraño frenesí, como sucede en Strumming Music(1974/1991), imprescindible obra del minimalismo reciente en la que con solo dos notas y una interpretación agobiante, el teatral Charlemagne Palestine (Brookly, 1945) acomete con desenfado y casi en estado de gracia a su instrumento, generando una telaraña de timbres y contrapuntos que nos capturan paulatinamente y que rompen con prejuicios valorativos entre la música occidental y de oriente.

Durante los noventa se publicaron otras obras que permitieron acercarse a este inusual artista, tales como Four Manifestation son Six Elements (1996) y Three Compositions For Machines (1998), para recibir el nuevo siglo con un doblete de altos vuelos: Alloy (2000) y Continuous Sounds Forms (2000). Una buena muestra para vivir su pathos se refleja en A Sweet Quasimodo Between Black Vampire Butterflies for Maybeck (2008), conformado por dos partes: una en la que narra anécdotas con sonidos ocasionales y otra en la que se lanza sobre el piano para construir estructuras in crescendo. Junto a Z’ev, grabó en la línea de reiteración abrasiva Rubhitbangklanghear (2013), música para extraviarse sin darse cuenta, con vibraciones de campanas incisivas.

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