Sonido & Visión

Animaciones para cerrar y empezar el año

Un par de películas que en el papel parecían pronto olvidables terminan por dejar un agradable sabor de boca gracias al simpático diseño de personajes, diálogos imaginativos y una propuesta de animación que por sí misma vale la pena, además del sentido que le otorga a la narración. Incluso para públicos potencialmente rejegos, como mis hijos que se consideraban demasiado “grandes” para semejantes filmes, las historias regalan momentos de emoción y humor que permanecen en la memoria.

“Confíen en mí”, les dije en tono de gravedad a mis pequeños, arriesgando mi discutible credibilidad en gusto fílmico, pero por fortuna tanto el gélido cuento de clásica hechura como la famosa marca de juguetes que inició siendo de madera, dieron sólido sustento a sendas producciones que consiguen hacerse un lugar en el cada vez más poblado mundo de la animación, claramente potenciado por las posibilidades tecnológicas aunque todavía, por fortuna, atento a la importancia de saber contar historias, más allá de los recursos con los que se cuente.

Frozen: emociones incontrolables al calor del hielo

Retomando solo la estructura básica del clásico cuento La reina de las nieves de Hans Christian Andersen —que también de alguna manera influyó en la famosa novela detectivesca La princesa de hielo (2002) de Camilla Läckberg— Frozen: una aventura congelada (EU, 2013) relata las dificultades a las que se enfrentan dos hermanas princesas para poder mantener su relación, dado que la mayor de ellas tiene un poder incontrolable que pone en peligro la vida de la menor: sus emociones se expresan en diversas formas de hielo, monstruo incluido, capaces de sumir a toda la comarca en un invierno perpetuo. Aunque su intención sea la de no dañar a persona alguna.

El cuadro de personajes lo complementa un príncipe advenedizo, un joven campirano acompañado de su reno, un empresario abusivo y, el mejor de todos, un entrañable y simpático muñeco de nieve que responde al nombre de Olaf, además de una comuna de troles en forma de piedra que gustan de la magia que suele acompañar al amor. A pesar de la previsible ruptura de la estructura narrativa dada la inserción de los consabidos números musicales, el guion resulta lo suficientemente entretenido y ágil para mantenernos expectantes sobre el curso de los acontecimientos.

Sobre todo, el filme se desarrolla a partir de una exquisita puesta en imágenes que aprovecha el hielo y la nieve como materiales moldeables, así como los parajes congelados para regalarnos creativas estampas de intrincado diseño, con un énfasis hacia las tonalidades azules que permiten resaltar los rojos y amarillos en ciertas secuencias. Los movimientos de cámara, en particular los que provocan vértigo, brindan el necesario dinamismo al conjunto del relato, si bien conocido, pertinentemente adaptado a los tiempos que corren.

Supervisada por el mandamás de Pixar John Lasseter y dirigida por el especialista del departamento de animación Chris Buck (Tarzán, 1999; Los reyes de las olas, 2007), junto con la debutante Jennifer Lee (guion de Ralph el demoledor, 2012), la cinta encuentra el tono adecuado para desplegarse en los territorios del humor, la comedia musical y el romance, ubicando públicos infantiles de todas las edades: no se trata, en efecto, de una apuesta original, sino más bien de un filme de continuidad de la marca Disney, que desde el cortometraje previo deja en claro su estilo ancestral.

Lego: Construyendo la mitología

Basada en la famosa marca de juguetes danesa y dirigida con una inesperada cuota de humor y desenfado por Phil Lord y Christopher Miller (Comando especial, 2009; Lluvia de hamburguesas, 2012), Lego la película (EU, 2013) le brinda vida a los pequeños muñecos y a su cúmulo de piezas ensamblables, siempre posibilitadas a separarse y buscar nuevas edificaciones. El convencional argumento pasa a segundo término gracias al arquitectónico despliegue visual y, sobre todo, al riesgo asumido para romper con ciertos esquemas en el trazo de los personajes.

Entre otros personajes que aparecen brevemente, un Batman entre comodino, depresivo y cercanamente sangrón; un líder invidente que se saca profecías de la manga; un villano vinculado a los negocios (otra vez); un policía que encarna la doble personalidad; una gatita unicornio que descubre la posibilidad de explotar y una joven intensa con la esperanza de ser la elegida, secundan o persiguen a un tipo absolutamente normal y corriente —aunque en el lado opuesto de Homero Simpson— dedicado a seguir las instrucciones no solo en su trabajo, sino en las acciones cotidianas. Es una lástima para este rutinario héroe desconocido que la felicidad no se acompañe de un manual de procesos y procedimientos, por más libros que se sigan publicando al respecto.

La ruptura de la narración del mundo Lego para aterrizar en la relación entre un padre e hijo de carne y hueso, plantea de manera ingeniosa la idea de cómo el juego se traslada de la imaginación a la realidad palpable sin necesariamente hacer distingos, un poco como la forma en la que la cinta establece sus mecanismos para que vayamos acompañando al muñequito amarillo en sus peripecias para salvar al mundo: sorprende que uno acabe sintiendo empatía y echando fanfarrias para este hombre común, de un optimismo un cuanto tanto exasperante.

Se trata de una película bien armada y embonada (Leslie dixit), acorde a la materia prima con la que se construyen los diversos mundos representados, incluyendo la estática mente del protagonista, así como los efectos de movimiento, entre las olas, el polvo, las destrucciones y persecuciones, ensambladas de manera dinámica y creativa, considerando la geometría establecida desde el diseño mismo de los componentes disponibles.

Cumpleaños de Sonido & Visión

Cumplimos cuatro años de colaborar en Milenio León a través de esta columna que intenta seguirle el pulso a las producciones fílmicas y musicales, cada vez más difíciles de abarcar dada la amplitud de propuestas y la mayor posibilidad de acceso. Agradezco a todas las personas del periódico por el espacio y la libertad para escribir sin ninguna otra limitante que mi propio criterio. Y gracias a ustedes, estimados lectores, por darle sentido al esfuerzo aquí realizado. Seguimos con ánimos renovados.

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