Neteando con Fernanda

Más que la viuda de Lennon

Dicen que es mejor no tener expectativas para no recibir desilusiones, con esta ventaja, además, le damos oportunidad a la vida para sorprendernos. Al igual que muchos, no tenía una imagen positiva de Yoko Ono, ni muchas expectativas sobre su obra y mensaje de paz. Finalmente, la paz mundial es un anhelo que tenemos todos (aunque parece frase de Miss Universo) y estamos conscientes de que nuestro país tiene serios problemas de violencia.

Yoko vino a la capital a presentar la exposición Tierra de Esperanza con el objetivo de hacernos reflexionar sobre la paz. Durante la conferencia de prensa que dio previa a la exposición, la artista japonesa habló sobre el poder femenino, la violencia en nuestro país y en el mundo y la urgencia de hacer algo al respecto: "Este es un momento en el que necesitamos hacer cosas y cada uno de nosotros es un activista. Es tiempo de serlo, la gente —que solamente está en casa viendo la televisión— tenemos que actuar, porque actuar es algo muy fuerte y es urgente, sabemos que morimos juntos o vivimos".

Sin menospreciar su mensaje de paz, siempre es positivo reflexionar sobre ella. Al escuchar a Yoko lo que más me movió fue su confesión de bullying. Jamás había caído en cuenta que Yoko Ono es una de las mujeres que ha sido más odiada por millones de personas durante mucho, mucho tiempo. Siendo honesta, debo confesar que pertenezco al grupo de los hostigadores, ya le había puesto las etiquetas de "culpable" de la separación de The Beatles o bruja.

"Me tocó vivir la vida de una mujer que ha sido perseguida todo el tiempo. Todo el mundo, incluyendo las mujeres, dijeron que era una bruja, que no era buena y que no había que tratarme bien como ser humano: '¡Ni siquiera es humana!' Esas cosas se dijeron de mí durante 40 o 50 años y sé lo que se siente que te llamen bruja y como tratan. Sé que muchas mujeres son maltratadas así, tengo la solución y sé lo que vamos a hacer. No es una sorpresa y lo haremos. Lo que vamos a hacer es dar nuestro poder, nuestra energía al mundo. Estoy viendo a la gente frente a mí y tienen una energía increíble que llega a mí. Me llega esta energía, muchas gracias. Y yo estoy también aquí enviando la energía a ustedes. Es un intercambio de energía que es también muy saludable".

Ser considerada una bruja por unos cuantos es malo, pero que millones del mundo te consideren una bruja durante casi medio siglo debe ser terrible. Muchos de los comentarios de las redes sociales confirmaron las palabras de la artista: "Yoko ¿a quién vienes a separar?, algo peor que separar a The Beatles es tomarte fotos con Mancera". Varios memes sobre su visita a la capital no se hicieron esperar. La obra de Ono que se expuso en la Plaza de las Tres Culturas fue vandalizada antes de su inauguración, aunque después nos explicaron que las cruces rotas y en el piso se debieron a causa del viento.

Es difícil saber si The Beatles hubiesen seguido juntos de no haber entrado la artista japonesa con tanta fuerza en la vida de John Lennon. Lo más probable es que se hubieran separado por otra cosa, los grandes egos estaban ahí antes de que llegara Yoko. Lo cierto es que el mundo le colgó el sambenito de culpable de la separación del famoso cuarteto de Liverpool y todavía no ha podido sacudirse de él. Se necesitaba un culpable y lo encontramos en Yoko Ono o en la influencia que ejerció sobre su famoso marido.

Lo cierto es que ser la villana durante casi 50 años debe ser cansadísimo y doloroso. Yoko habla de las mujeres, pero creo que a mayor o menor medida en algún momento de nuestra todos hemos sido víctimas de hostigamiento o nos han etiquetado injustamente sin conocer nuestra versión de la historia o sin que haya razón para esa etiqueta. Sin merecerlo, hemos sido etiquetados como brujos, los malos del cuento, intransigentes o-lo-que-quieran y a pesar de que no nos corresponden, tenemos que cargar con esas etiquetas. De la misma manera, etiquetamos a otros. Los juzgamos por una sola de sus facetas ignorando todas las demás, sin conocer sus circunstancias. Una forma triste de violencia.

Después de haberla etiquetado injustamente durante años, debo confesar que Yoko fue una sorpresa agradable. Menudita, con sus eternos anteojos de sol negros y su sombrero ladeado, llena de energía para sus casi 83 años, he de reconocer que es mucho más que la viuda de Lennon.

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