Neteando con Fernanda

¿En qué vamos con la colegiación obligatoria?

Imaginemos por un momento que solo hay una empresa que vende automóviles, una sola tienda en donde podemos comprar los abarrotes o solo un banco para guardar nuestros ahorritos. ¡Pesadilla! Los servicios serían deplorables, la calidad dejaría que desear y los abusos no se harían esperar. La competencia es indispensable en una economía de mercado ya que incentiva a mejorar y a esforzarse por reducir precios. Ganan los clientes.

En los meses pasados he comentado aquí y en mis cuentas de las redes sociales una iniciativa de reforma constitucional en materia de colegiación y certificación obligatorias, que se presentó en febrero de 2014 ante el Senado. Sus apologistas le endilgaron tantas virtudes que, a primera vista, parecía una gran idea, como si fuera una varita mágica. La colegiación obligatoria —según dijeron en diversos medios los presidentes o miembros de colegios de abogados— pondría fin a los abusos de profesionistas, elevaría la calidad de la educación y sancionaría las faltas de ética. Por si fuera poco, alegaron que era indispensable para el sistema penal acusatorio combatir la corrupción y fortalecer el estado de derecho. Objetivos loables, sin duda, pero que no se consiguen por medio de la colegiación obligatoria.

De aprobarse la ley, los egresados de diversas carreras (arquitectos, ingenieros, abogados) NO podrán ejercer su profesión, a pesar de haberse graduado y recibido el correspondiente título profesional, hasta que se afilien a alguna asociación profesional, barra o colegio —eso es la colegiación obligatoria— y aprueben el examen correspondiente. Además de no presentar ventajas claras, la colegiación obligatoria presenta un sin fin de problemas como dificultar la reinserción de aquellas personas que dejaron de trabajar por algún motivo y de la noche a la mañana deben volver a hacerlo, como sería el caso de madres solteras. Otro de esos problemas sería las limitaciones a la competencia.

Experiencias en otros países nos dicen que la colegiación obligatoria no mejora los índices de competitividad. El ministro Carlos Sempé Minvielle, en su reflexión "¿Es necesaria la colegiación obligatoria?" cita los excesos de los gremios durante la Colonia: "el restringir la competencia, disminuir el número de maestros, reservar el maestrazgo a los hijos y yernos de los maestros..." Monopolio y cotos de poder económico. ¿Por qué volver a lo que no funcionó en el pasado?

Vicente Corta Fernández e Ismael Reyes Retana se dieron cuenta de todos los problemas que tenía la iniciativa y presentaron ante la Comisión Federal de Competencia Económica (Cofece) un escrito solicitando su opinión sobre la iniciativa. Una semana después, el senador Enrique Burgos solicitó lo mismo a esa institución. A principios de febrero, la Cofece respondió sus cuestionamientos rechazando la colegiación obligatoria y recomendó no reformar el artículo 28 de la Constitución, como lo habían propuesto. No establecer un sistema de regulación profesional que implique mayores barreras por los riesgos que limiten injustificadamente la entrada y restringen la oferta. "Descartar la colegiación obligatoria como uno de los mecanismos para regular el ejercicio de una profesión, por las afectaciones que este mecanismo en particular podría generar sobre el proceso de competencia y libre concurrencia".

Celebro (y quiero aprovechar este espacio para felicitar) que existan abogados como Vicente e Ismael, junto con Antonio Cárdenas, que se hayan interesado por un tema que afecta a todos, que lo hayan defendido con tanta pasión y le hayan dedicado tantas horas de su tiempo sin recibir ningún beneficio. Por otra parte, aplaudo la valentía de Alejandra Palacios y su equipo, ya que la resolución de la comisión da al traste con muchos intereses y es un buen precedente para otros países que quieren librarse de estas prácticas anticompetitivas.

¿Qué sigue? La iniciativa debería ser retirada del Senado (todavía pueden aprobar tal tontería) y no debemos cruzarnos de brazos. Es necesario seguir buscando soluciones para los problemas que enfrenta las profesiones. Pregunté a Vicente e Ismael qué ideas tenían para que pudiéramos tener profesionistas de excelencia. Aquí un resumen de sus respuestas:

Impular el sistema educativo con mejores universidades, más supervisadas; fortalecer el sistema voluntario de colegiación de profesionistas; promover mecanismos que ofrezcan mejor información a los usuarios de servicios profesionales, sobre los profesionistas que pueden contratar; fortalecer a la autoridad para que oriente y proteja a los usuarios de los servicios profesionales, que tenga mecanismos especializados y eficaces de sanción.

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