Neteando con Fernanda

Mucho trabajo y mal pagado para la felicidad del hogar

El trabajo del hogar es poco valorado. A pesar de lo importante que es hay quienes piensan que no es un trabajo. Cuántas veces no hemos escuchado decir: “No. Mi mujer no trabaja, ella se queda en casa”. Parecería que limpiar, planchar, cocinar y realizar las demás labores del hogar no fuese un trabajo y, hay que decirlo, pesado.

En el caso del empleo doméstico sucede algo similar. Las trabajadoras del hogar pueden ser consideradas “la felicidad de la casa”, pero lo cierto es que no cuentan con los mismos derechos que otros trabajadores. Son muy pocas las que tienen seguro social. Algunas únicamente pueden salir unas pocas horas a la semana y su sueldo es muy bajo. También hay quienes sufren malos tratos, humillaciones, les dan únicamente sobras para alimentarse y parecen no conocer un momento de descanso. Para muchas la frase “trabajar de sol a sol” sería bienvenida porque trabajan desde antes que salga el sol hasta mucho después de que se ponga.

Si bien es cierto que hay muchos empleadores que sí cumplen y exceden las obligaciones laborales en términos de sueldo y días de descanso, no solo velan por el bienestar de su empleada, sino también por el de sus hijos —y en muchos casos pagan sus estudios—, son la minoría, ya que menos de 7 por ciento de las trabajadoras domésticas cuenta con algún tipo de prestación.

En cualquier convenio, para que ambas partes estén contentas con el trato, deben existir reglas claras de lo que se espera de cada una de las partes en términos de sueldo y prestaciones, días de descanso y trabajo a realizar. Desafortunadamente, en el caso de las trabajadoras del hogar, estas reglas no existen todavía en nuestro país. Las relaciones laborales están sujetas a la buena voluntad de los patrones —que, insisto, en muchos casos existe—. Lo cierto es que este tipo de relaciones no deben estar sujetas a la buena voluntad de nadie, sino a las leyes. Imaginemos por ejemplo que en cualquier otro empleo estemos sujetos a la buena voluntad de un patrón. No nos gustaría nada. Es mucho mejor saber que si pierdes el empleo contarás con tal o cual indemnización y que tienes derecho a días de descanso, vacaciones, seguridad social, entre otros. 

La certeza jurídica no es positiva solamente para el empleado, el patrón tiene también beneficios de esta claridad. Por ello, El Convenio 189 de la Organización Internacional del Trabajo sobre las trabajadoras y los trabajadores del hogar, aprobado en junio de 2011 en la Conferencia Internacional del Trabajo de la OIT, es una herramienta necesaria en la eliminación de la desigualdad que viven las personas que realizan el trabajo del hogar. Nuestro país firmó el convenio pero todavía no se han armonizado las leyes para que éste tipo de trabajo sea equiparado a los demás empleos. Ciertamente lo que el Convenio propone es justo y razonable: Los trabajadores del hogar deben tener los mismos derechos fundamentales en el trabajo que los demás trabajadores. Estos derechos incluyen:

Horas de trabajo razonables, descanso semanal de al menos 24 horas consecutivas, un límite a los pagos en especie, información clara sobre los términos y condiciones del empleo, respeto de los principios y derechos fundamentales en el trabajo, incluyendo la libertad sindical y el derecho de negociación colectiva.

A continuación presento algunos datos que arrojó la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) y que nos deben de obligar a la reflexión y a la importancia de que existan leyes que protejan a las trabajadoras domésticas:

En nuestro país, cerca de 2.2 millones de personas se dedican al trabajo del hogar.

El principal problema que les atañe como grupo es el exceso de trabajo y poco sueldo seguido por conductas que las afectan en su dignidad y derechos, como el abuso, el maltrato, la humillación y la discriminación.

El 6.5 por ciento de las trabajadoras del hogar laboran los siete días de la semana, lo que significa que no cuentan con ningún día de descanso semanal.

El 91.6 por ciento de las trabajadoras domésticas no cuenta con un contrato laboral.

Dos de cada 10 trabajadoras domésticas reconocen que en alguna ocasión no han sido tratadas con respeto.

Según la ENOE, 32.2 por ciento de las trabajadoras del hogar ganan un salario mínimo o menos; 40.4 por ciento de uno a dos salarios mínimos, y 21.1 de cada 100 tienen un ingreso mayor a dos salarios mínimos; 0.4 por ciento de las trabajadoras del hogar no reciben ingresos por el trabajo realizado.

Después de leer estas cifras creo que nos queda claro que urge hacer algo, ¿verdad?

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