Neteando con Fernanda

La tiranía del "trending topic"

Hace unos días hablaba con mi querida amiga Alexis Schreck acerca de la etiqueta que se volvió trending topic o tema del momento #YosoyCharlie. Soy apasionada de Twitter. Abrí mi cuenta en 2008. Le encuentro miles de ventajas; sin embargo, una de las consecuencias de estar regidos por la inmediatez es que las reacciones son también instantáneas y pueden dificultar que los temas relevantes tengan el foro que merecen. En vez de analizar y pensar el tema, entramos en un mundo de “blanco y negro” o “estás conmigo o contra mí” y si no te adhieres a la causa del momento, eres tachada de “boba” o “mala persona”.

Desde luego que un acto terrorista no tiene justificación,  hay que condenarlo enérgica y rápidamente; sin embargo, ¿tengo que ser forzosamente Charlie para condenarlo? 

Alexis, quien tiene un doctorado en psicoanálisis, explica este fenómeno de la siguiente manera: “Twitter nos da poder automático. Tenemos ‘seguidores’ lo que alimenta nuestro narcisismo. Un comentario puede tener miles de RT en minutos. A nuestro ego le gusta ser aceptado, por lo que ir en contra de la tendencia implica ser blanco de ataques y comentarios desagradables. Por ello, al toparnos con una tendencia, nuestra necesidad de aceptación puede hacernos sentir que estamos obligados a adherirnos a la misma (sin reflexionar ni medir su alcance) para no parecer insensibles o ser políticamente incorrectos.

Alexis considera que, además, la  etiqueta pone un reflector sobre un tema pero impide ver claramente la imagen completa. “El hashtag o etiqueta que se convierte en el ‘tema del momento’ termina siendo el líder del movimiento. Obtura la posibilidad de analizar y pensar con profundidad un tema y se vuelve un lavado de cerebro al estilo de George Orwell en su 1984. Es un mantra con la función de comer el seso, no de permitir el análisis y la reflexión. Para eso habría que lee: Psicología de las masas y Análisis del yo de Sigmund Freud”.

Me pregunto si la inmediatez no nos hace intolerantes o hipócritas: ¿juzgamos objetivamente un hecho u opinamos dependiendo de quién sea el que lo comenta?, ¿importa lo qué se dice o quién lo dice?, ¿defendemos los derechos de todos por igual o hay quienes son “más iguales” que otros?, ¿opinaríamos los mismo sobre Charlie Hebdo si nosotros o nuestras creencias fueran el blanco de su sátira?

Ante la diversidad de opiniones y creencias en el planeta la tolerancia es primordial. Por tolerancia no me refiero a “aguantar” sino a respetar las opiniones y creencias de los demás. Estereotipar es el primer paso para la discriminación. El no ser Charlie (como es mi caso y el de Alexis) no quiere decir que no repruebe los actos terroristas, que no me indigne lo sucedido o que no me importe la libertad de expresión, simplemente significa que a pesar de que lamento profundamente lo sucedido, no comulgo con la burla y ridiculización de las viñetas del semanario francés.

Hace un par de años pusimos el grito en el cielo por los comentarios de Top Gear. Apenas el verano pasado nos cuestionábamos si el grito de “ehhh puto” en un estadio era homofóbico. Y si mal no recuerdo, la Suprema Corte prohibió el uso de la palabra puto.  Lo cierto es que la libertad de expresión —como muchos otros temas fundamentales— se merece una discusión razonada, sin apasionamientos. 

A pesar de ser un derecho universal, la libertad de expresión no es un derecho absoluto; tiene límites, pocos, por cierto, y qué bueno. En el caso de Charlie Hebdo tienen el derecho a burlarse y lo defendemos, pero en vez de quedarnos ahí, habría que preguntarnos:  si las palabras que ofenden  —como es el caso de puto— deben prohibirse o es limitar la libertad de expresión, si los medios, aunque tengan el derecho de decir lo que quieran, deben de sujetarse a estándares éticos más rígidos; si conviene fomentar un discurso de odio o de intolerancia; qué es lo que está llevando a los musulmanes moderados a ser radicales, quién debe limitar la libertad de expresión y por qué, etc.

No caigamos en la tiranía de la inmediatez y del blanco o negro. Hay infinitas tonalidades de grises que hay que considerar. Si no analizamos y discutimos los problemas a fondo y nos quedamos en la etiqueta o hashtag, muy probablemente estas desgracias vuelvan a repetirse. La libertad de expresión es muy importante para reducirla a una etiqueta, la que sea.

La semana pasada circuló, aunque con menos fuerza, otra etiqueta que no llegó a ser tendencia global:  #JesuisAhmed en honor al policía musulmán que murió en un atentado a una revista que criticaba sus creencias. Si tengo que adoptar alguna etiqueta adoptaría esa que, en mi opinión, retrata los valores republicanos de libertad de expresión a la perfección: “No estoy de acuerdo con lo que dices, pero defenderé con mi vida tu derecho a decirlo”. (Frase de Evelyn Beatrice Hall, erróneamente atribuida a Voltaire). 

 

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