Neteando con Fernanda

La terrible Lulu

“El cielo no conoce rabia como la del amor convertido en despecho ni el infierno furia como la de una mujer despreciada.” William Congreve

 

Hace unos días leí un artículo en esta sección titulado: “Lulu: califica a tu ex novio y salva a su próxima cita. Una nueva app te permite evaluar a los hombres de tu vida de manera anónima para recomendarlos (o no) a otras usuarias”.

Esta aplicación, diseñada para proteger a las mujeres de patanes y acosadores por internet, comparte la opinión y calificación de otras usuarias para ahorrarte un momento desagradable. De acuerdo con el artículo, las creadoras de la app, Alison Schwartz y Alexandra Chong, tratan de hacer un sitio de reunión que cree redes de mujeres que se apoyen en la búsqueda del príncipe azul y te brinde información confiable para advertirte de un posible sapo.

Usar nuevas tecnologías para conocer gente con intereses románticos me parece positivo. Finalmente hacen muy bien el papel de la tía casamentera que te presenta galanes; sin embargo, el indagar sobre la otra persona basado en la opinión de sus ex me parece peligroso. Si nos detenemos un poco para pensarlo a la inversa: ¿verdaderamente quisiéramos que ese galán que vamos a conocer le preguntara a nuestros ex qué opinan de nosotras? Neta, creo que no.

Hace unos años, antes de tener teléfonos inteligentes y menos apps, con varias amigas pensamos en la posibilidad de hacer algo similar: alertar a las posibles novias de nuestros ex y pedir información a las novias anteriores sobre nuestros posibles galanes. Desechamos la idea inmediatamente.

El primer problema que encontramos fue la falta de objetividad en una “recomendación”. Finalmente nadie se divorcia o termina una relación cuando todo es maravilloso.

Sabemos que una ruptura genera mucho dolor y en la mayoría de los casos resentimiento. Es difícil aceptar que somos en parte responsables del fracaso de la relación. No nos gusta reconocer que nos equivocamos o que hay cosas que hubiéramos podido hacer mejor. Resulta más fácil culpar al otro. ¿Cómo recomendar positivamente a alguien cuando estamos dolidos, resentidos y culpamos al otro del dolor? Difícil.

También sucede que salimos con alguien y con el tiempo, cuando la venda del amor cayó de nuestros ojos y podemos pensar, nos preguntamos: “¿Cómo pude haber salido con alguien así?”.

Los “¿cómo pude?” no son necesariamente patanes o malas personas (aunque puede haberlos), simplemente no podemos entender por qué iniciamos una relación con alguien tan diferente a lo que siempre habíamos dicho que queríamos. Tampoco entendemos por qué estuvimos tanto tiempo con esa persona tan “equivocada”.

El concepto de “equivocación” no tiene nada que ver con la otra persona, sino con nuestras expectativas. Como bien dicen los estadunidenses “Everybody is somebody’s mistake (todos somos el error de alguien)”. ¿Recomendarías a un “cómo pude”?

Si el resentimiento y el error no son buenas medidas para opinar de alguien, hay un tercer factor aún más complicado: la magia de cada historia. Cada relación es única y no puede repetirse con alguien más. Así como hay parejas que son un poema y funcionan muy bien; hay parejas formadas por dos grandes seres pero que no pueden estar juntas.

Dos personas pueden tener opiniones muy distintas respecto a una tercera. La opinión que podemos emitir es tan única como nosotros y nuestra experiencia. Podemos escuchar esas opiniones, pero mal haríamos en tomarlas como verdades absolutas.

Desde luego estoy a favor de cualquier app que ayude a las mujeres —y hombres, ¿por qué no?— a estar más seguras a la hora de ligar como lo hace Lulu; sin embargo, hay que tener cuidado. Las maravillosas referencias de alguien pueden ser producto de su conocimiento tecnológico más que de la realidad y ahí esta el lobo disfrazado de oveja. Las recomendaciones pueden ser útiles, podemos escucharlas y hasta ahí. No podemos dejar a un lado el sentido común cuando pensamos en salir con alguien que apenas conocemos; ya sea en el mundo virtual o en el real.

Si vamos a formarnos una opinión de una persona, ya sea en terreno sentimental, laboral o de amistad, lo conveniente es hacerlo basándonos en nuestra experiencia y no en lo que piensan los demás, por muy avanzada y aceptada que sea la tecnología.

 

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