Neteando con Fernanda

Un sol que incube flores en todos los abrazos

Se cierra un ciclo este próximo miércoles. Es inevitable hacer un balance cada vez que esto sucede. Si bien es cierto que es un día fortuito (en mi opinión, estaría mejor que el año comenzara en el equinoccio de marzo, cuando el Sol toca el signo de Aries marcando el fin del invierno) el 31 de diciembre es la fecha establecida. En los medios de comunicación abundan las listas de lo mejor y lo peor del año en política, espectáculos, cultura, etc. A nivel individual repasamos los sucesos del  año.

Alguien me decía que los eventos son neutros y que nosotros éramos quienes les impregnábamos el tono: un día con lluvia es solo eso: un día en el que cae agua. El relacionarlo con tristeza, melancolía o incomodidad no tiene nada que ver con la lluvia, digamos que es más bien “cortesía de la casa”. Bajo esta filosofía, el balance de fin de año habría que hacerlo con las calificaciones que le dimos a los eventos, más que a éstos mismos.

Estoy de acuerdo en lo de los eventos neutros; sin embargo, no creo que pueda aplicarse para una pérdida. Salvo este tipo de sucesos, creo que podemos encontrar una lección de vida en todo lo que nos sucede. Este año ha sido muy difícil para muchos mexicanos. No me puedo imaginar un dolor más grande que perder a un hijo. Mi solidaridad para ellos, con la esperanza de que puedan superar estos momentos tan dolorosos.

No podemos cambiar los eventos, pero podemos cambiar lo qué hacemos con éstos. Tenemos entereza o resiliencia. Palabra que está de moda y que no es otra cosa más que la capacidad de los seres vivos para sobreponerse a periodos de dolor emocional. Es una cualidad que pueden tener individuos o grupos. Cuando logramos sobreponernos a estos periodos de dolor emocional, salimos fortalecidos. Como dice el refrán: lo que no te mata, te hace más fuerte. Personalmente mi año tuvo momentos que etiquetaríamos como difíciles, pero espero obtener un aprendizaje de ellos para no tropezar con la misma piedra. Espero que como país suceda lo mismo: que podamos movernos del dolor e indignación a propuestas que eviten que sucesos como los de este año se repitan en el futuro.

El inicio de un nuevo ciclo nos da la oportunidad de comenzar de nuevo, hacer esas cosas que tenemos pendientes y que hemos postergado, la posibilidad de un cambio, de hacer las cosas mejor. Aprovechemos la oportunidad y hagámoslas.

En Nochebuena mi mamá me regaló un marco que contiene una copia de una tarjeta de presentación y un poema que Juan Crisóstomo Ruiz de Nervo y Ordaz, mejor conocido como Amado Nervo, escribió a mi bisabuela Concha. Me sorprendió muchísimo, porque no sabía de su existencia y tampoco recuerdo mención del poema en alguna reunión familiar. Creo que mi madre tampoco se acordaba. Apareció entre las cosas de mi querida tía Inés, quien falleció este año. Supongo que por ser la nieta mayor, Inés se quedó con el poema enmarcado y lo guardó en algún cajón, donde con el tiempo pasaría al olvido. 

El poema está fechado en 1918. Mi bisabuela Concha, según mis cálculos, debería estar en sus treintas con cuatro hijos y felizmente casada (bueno dejémoslo en casada, lo de felizmente nunca se sabe). A fines de ese año, Amado Nervo fue enviado como ministro plenipotenciario en Argentina y Uruguay. Ahí falleció en mayo del siguiente año la edad de 48 años.

En la parte superior del cuadro se puede ver una tarjeta de presentación que dice: “Con un cariñoso saludo de… y la escritura cruza el nombre impreso en la tarjeta de presentación: Amado Nervo”. En la esquina inferior izquierda de la tarjeta aparece su dirección: 3A DE LA COLONIA 48 y en la esquina opuesta: MEXICO (escrito así en mayúsculas y sin acento).

Desconozco por qué mi bisabuela y Amado Nervo se conocieron y la razón por la que el poeta le escribió estas líneas. Son solo cuatro, pero están llenas de generosidad y buenos deseos. Algo que sin duda desearíamos para nuestros hijos o para una persona querida. Por eso, quiero compartirlo con ustedes y usar las palabras del poeta de Tepic, para felicitarlos por el año nuevo. Transcribo las palabras del poeta: 

A Concha:

Que un sol más que rubio, en tu vida se encienda

Un sol que incube flores en todos los abrazos

Que haya siempre en tu cielo más azul que en tus ojos

Y más blanco que el blanco de tu tez, en tu senda

Amando Nervo

México (garabato que parece decir “oct” como diminutivo de octubre) 1918

Termina un ciclo, empieza otro. De corazón deseo que en la vida de todos este 2015 se encienda un sol más que rubio y que sea un sol que incube flores en todos los abrazos.

 

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