Neteando con Fernanda

Lo sabes, pero no lo sientes

Vas a estar bien, créemelo, es temporal. Además, hace mucho tiempo que no estabas nada contenta en la relación. Tu misma me lo dijiste varias veces. ¿Te acuerdas? Sé que te duele, pero créeme que vas a estar bien”. Palabras más, palabras menos, un discurso así le repitió varias veces Rosa a su hermana Diana cuando se divorció. Diana asentía con expresión ausente al tiempo que movía la cabeza de un lado a otro. Escuchaba a su hermana, entendía las palabras que decía, sabía que tenía razón, era verdad que desde hacía mucho tiempo que ya no estaba contenta en la relación. A pesar de entenderlo, no podía tener la certeza de que estaría bien después de su divorcio. 

Recuerdo que cuando hace unos años me tocó un recorte, Verónica, una amiga arquitecto, me decía: “De verdad que es una buena noticia, es justo lo que necesitas para un cambio. Es como una patada que te da el universo para que llegues a donde debes de estar. Vas a estar mucho mejor”. Sabía que tenía razón, desde hacía ya un buen rato que tenía ganas de hacer otras cosas, sabía que los cambios suelen ser positivos, pero, en ese momento, a pesar de entender que Verónica tenía razón, no podía sentir esa tranquilidad o la confianza de que todo era para bien.

Hay cosas que sabemos, entendemos, pero que a pesar de tener el conocimiento intelectual del problema, el corazón no siente lo mismo. La incertidumbre nos carcome, tenemos miles de preguntas sin respuesta. ¿Cómo será nuestro nuevo “día a día”? ¿Cómo resolveremos las necesidades básicas y cómo, cuándo y dónde podremos empezar nuestro nuevo proyecto? ¿Volveremos a ser felices o a enamorarnos? Con tantas interrogantes es muy difícil que podamos llegar a sentir la confianza necesaria para llevar a cabo nuestros planes.

Hay un nivel intelectual de comprensión, en donde podemos entender lo que es conveniente, algo así como los beneficios de una vacuna. Entendemos que el piquete va a doler, pero que sería mucho peor el contraer la enfermedad. Por eso nos vacunamos y vacunamos a nuestros hijos. Saber, es de alguna manera más fácil. Es posible adquirir conocimiento en libros, universidades, escuelas y hasta en internet. Pero sentir, es mucho más complicado y subjetivo. Si buscamos ejemplos históricos, financieros para saber que después de una crisis estaremos bien, seguramente encontraremos muchísimos. Estados Unidos se recuperó después de la crisis de Wall Street en el siglo XX y se está recuperando —aunque lento— de la del siglo XXI. Muchas ciudades en el planeta se han levantado después de haber sido terriblemente devastadas. Basta ver fotos de Hiroshima y Nagasaki, por ejemplo, en las que pocos vestigios quedan de la bomba atómica, o tantas ciudades que son destruidas por desastres naturales y vuelven a levantarse en unos años. Si miramos a nuestro alrededor veremos a muchas personas que han superado rupturas amorosas y encontrado el amor. Definitivamente el problema no es el conocimiento, sino lo que sentimos. Es tener esa certeza interior de que estaremos bien. 

Afortunadamente, con el tiempo vamos adquiriendo esta certeza. Los procesos no son fáciles, toman un tiempo de ajuste pero si tomamos responsabilidad sobre nuestros actos y decisiones y dejamos de echar culpas a nuestras ex parejas, jefes, amigos, colegas y asumimos que tenemos una responsabilidad en lo que nos sucede. Como dice Manuel Portela, autor del libro Sabiduría para tiempos difíciles, editorial Porrúa, hay que perdonarse a uno mismo. Hay un duelo que hay que vivir, y está bien, y para eso tenemos nuestras emociones. El problema es cuando el duelo o esa sensación de incertidumbre, se prolongan durante mucho tiempo y nos quedamos “atorados” en la situación.

Para Manuel Portela es muy importante preguntarnos por qué se dio esta ruptura matrimonial o por qué perdimos el empleo, ya que finalmente todo lo que vivimos fuera es un reflejo de lo que hay dentro de nosotros. Tu vida es el reflejo de tu corazón, por lo tanto tienes que preguntarte ¿Qué me he hecho yo a mi mismo para vivir en esta situación? en vez de poner la culpabilidad o la energía en la otra persona, porque así no vas a llegar a ningún lugar. Porque no te estás responsabilizando de tus acciones.

Cuesta trabajo, pero sí podemos llegar a ese lugar en donde sabemos y sentimos (tenemos la certeza) de que estaremos bien. Eso sí, no llega solo, en la mayoría de los casos hay que chambearle.

 fernanda@milenio.com

http://www.milenio.com/blog/fernanda

Twitter http://twitter.com/FernandaT