Neteando con Fernanda

Robar “poquito” es robar

Nuestro ánimo cambia dependiendo de los sucesos que nos rodean. Un simple mensaje de texto en el celular puede ponernos de buenas o muy de malas. Éste además se contagia o comparte. No somos ermitaños y por ello también existe un “estado de ánimo colectivo”.  Hay sucesos que nos afectan de forma colectiva a escala local o global, que nos hacen solidarizarnos con habitantes de otras comunidades o países cuando  sufren un atentando, enfrentan una desgracia natural, etcétera. Si tuviera que pensar un estado de ánimo para México, diría que desde hace un tiempo prevalece el hartazgo y el enojo hacia la corrupción de los políticos. Diría también que el enojo está plenamente justificado. Por ejemplo, es imposible no indignarse al saber de las barbaridades que han cometido ciertos gobernadores, dejando a sus estados en la ruina. Este hartazgo ha movilizado a la sociedad civil, sus esfuerzos son alentadores y en respuesta el propio gobierno promulgó el Sistema Nacional Anticorrupción.

Mientras que todos los días nos enteramos de la corrupción de funcionarios, hay otra cara de la corrupción de la sociedad de la que no hablamos, la que sucede de manera individual con personas que nada tienen que ver con el gobierno. Son ciudadanos que evitan cumplir la ley, como sucede en el caso de la piratería o el pago de impuestos. Para muchos, comprar piratería es perfectamente válido y lo justifican de mil maneras. En el caso de los impuestos lo vemos con las facturas. En muchas ocasiones pedir factura es complicadísimo. En la mayoría de las composturas si pides factura tienes que pagar el IVA sobre el precio que te habían dicho ya que rara vez está incluido. Y aún así hay que perseguir al proveedor para que envíe la factura. Parecería que estamos haciendo un favor y no una obligación; como si no pagar impuestos fuese un acierto en vez de un delito. Desde luego que los recientes casos de corrupción con gobernadores no son precisamente un aliciente para cumplir con nuestras obligaciones fiscales, pero aunque molesten y enfurezcan el enojo no nos exime de cumplir con nuestra parte. 

Conozco a una mujer que construyó un departamento extra en áreas comunes rompiendo una infinidad de leyes. Muy oronda, Josefa se molesta cuando se le reclama el hecho. Le parece indignante el “mal trato”. Como si el afectar el patrimonio de otros para beneficiarse fuera algo a lo que tuviera derecho. En vez de apenarse por haber cometido un delito y ver cómo puede subsanarlo, se indigna cuando se le confronta con la realidad. Efectivamente, no robó en las proporciones de Duarte, pero honestamente sus hechos no son legales. Robar, aunque sea “poquito” está mal y es ser corrupto, punto.

Creo que falta un esfuerzo para detectar y combatir la corrupción en lo individual. O eres honrado o no lo eres. En estos temas, no hay medias tintas. No se trata de buscar seres perfectos, sin tacha, porque creo que sería imposible encontrarlos en el planeta, sino de personas que entiendan que cumplir con sus obligaciones es indispensables para tener una sociedad mejor.

Necesitamos el mismo enojo que tenemos con funcionarios corruptos para nosotros. Hay que indignarnos si tenemos la intención de comprar pirata, no pagar el IVA, robar “poquito” ya sea a tus vecinos, a tu empresa o a desconocidos.

No se trata de quitar el dedo en la llaga sobre los funcionarios públicos. Desde luego que no, pero para tener una sociedad mejor, debemos dejar de minimizar esas pequeñas faltas de honradez. No cumplir con nuestras obligaciones y burlarnos de la ley coadyuvan a vivir en una sociedad corrupta. No hay más que ser parte del problema o de la solución. Buen domingo a todos.  

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