Neteando con Fernanda

2016, el año de la post-verdad

Hay quienes viven en pleito con la realidad y sus consecuencias. Sin duda, en ocasiones, es difícil ver y aceptar la realidad ya que hacerlo podría implicar admitir que nos equivocamos, tenemos miedo o que nos rechazaron, pero por difícil que sea, esto es menos doloroso que negar la realidad.

Este pleito con la realidad, ahora en modo colectivo, parece ser un signo de nuestros tiempos. El diccionario Oxford determinó que la palabra del año es post-truth (cuya traducción sería posverdad o post-verdad). Este neologismo “denota circunstancias en que los hechos objetivos influyen menos en la formación de la opinión pública, que los llamamientos a la emoción y a la creencia personal”. En otras palabras la post-verdad indica que la panza tiene más peso que la cabeza, lo cual, dicho sea de paso, no es un buen augurio.

En tiempos de post-verdad las noticias falsas y las afirmaciones sin fundamento resultaron ganadoras. Bastaba decir que Hillary era corrupta para que lo fuera, o que los mexicanos eran delincuentes y violadores. Poco importó que no hubo pruebas para demostrar la corrupción de Hillary o que el porcentaje de criminalidad sea menor entre los latinos migrantes que en otros grupos en Estados Unidos. En la época de la post-verdad la veracidad es lo menos.

“La post-verdad se refiere a circunstancia en las que las emociones y creencias personales son más importantes que los hechos objetivos para moldear la opinión pública. El populismo incorpora a la posteridad a la política y refleja el principio número uno de la mercadotecnia. “Lo que importa no es la realidad, sino la percepción de ésta”, dice José María Compagni Morales en su artículo titulado “Brexit, Trump, populism: The “post-truth”, its accomplices and its antidote”. *

Cuando no nos importa la realidad, mandamos al diablo a los expertos y nos llenamos de noticias falsas, las cosas pueden volverse en nuestra contra. La rebelión al sentido común, tiene un precio y es caro. Lo cierto es que después de brexit, la libra esterlina bajó a mínimos de 30 años, el mercado financiero londinense considera mudarse a Francia y la permanencia de Escocia en Reino Unido es incierta. Horas después de conocer el resultado de la votación, Niegel Farage, promotor del brexit, confirmó que la astronómica suma que se  invertiría en el Sistema Nacional de Salud británico al salir de la Unión Europea (razón por la que muchos votaron por salir de la misma) resultó ser una vil mentira. De este lado del charco, los estadunidenses votaron por un presidente que haría grande a su nación y la triste realidad es que el racismo ha aumentado y hay quien lo saluda “Hail Trump”. La sombra de Putin se dejó ver en el proceso electoral más de lo que es sano para cualquier nación soberana.

Compagni Morales explica que son los populistas quienes incorporan la post-verdad en la política. Aquí opera un principio fundamental de mercadotecnia, no es la realidad lo que importa sino la percepción de la misma. ¿Quiénes son los cómplices del populismo? ¿Los ciudadanos apáticos, los políticos o la mano invisible que controla todo? Preguntas sin respuesta; sin embargo, para el autor lo importante es encontrar y aplicar el antídoto para la post-verdad y el populismo: la autenticidad. Ésta no se trata de encontrar políticos sin mancha, sino de que los líderes reconozcan sus errores y se disculpen con los ciudadanos.

Coincido con Compagni Morales; el hartazgo hacia la clase política que conduce al populismo es mundial y no ha tenido buenos resultados (ni para los ciudadanos ni para los mismos políticos). Es indispensable entender la importancia de la autenticidad para terminar con la tragedia de la post-verdad.

Aprovecho para desear una Feliz Navidad a todos mis lectores.

* https://www.franck-biancheri.eu/brexit-trump-populism-the-post-truth-its-accomplices-and-its-antidote/.  

 

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