Neteando con Fernanda

No me juzgues, mejor ayúdame (Por qué me quedé/ Por qué me marché)

Pocos temas son tan dolorosos y difíciles como la violencia intrafamiliar. Sus víctimas suelen callar o esconder su dolor, lo que lejos de solucionar el problema lo agrava. Esta semana se filtró un video donde el jugador de futbol americano Ray Rice golpea a Janice —su entonces novia, hoy es su esposa— dentro de un elevador.   

A pesar de que la historia de la agresión se conocía hacía meses, el video no había sido visto por el público. Fueron estas imágenes las que desataron el escándalo. Después de que fueron conocidas, la sanción de la NFL fue duramente criticada (solo lo habían suspendido por dos juegos a manera de castigo). La NFL sintió la presión, al igual que los dueños de su equipo, y ahora el agresor está suspendido indefinidamente.  

Confieso que no había prestado mucha atención a la nota original que salió a luz hace unos meses. El futbol americano no es un deporte que entienda o me guste. Lo hice cuando mi amiga Nereida me envió una nota relacionada con el tema que habla de nuestra ignorancia y falta de empatía frente a este tipo de situaciones.

Cuando el video sacudió las redes sociales, a principios de la semana, además de los obvios comentarios contra Ray Rice, muchos de ellos estaban dirigidos a Janice, por haberse quedado en situación de abuso y —peor aún— haberse casado con quien le propinó tal golpiza. Estos insultos ocasionaron que la mujer, además de haber sido víctima de la golpiza de su marido, fuera víctima de una golpiza virtual en las redes sociales, la cual puede doler aún más que la física.

Las agresiones contra Janice indignaron a una mujer de Carolina del Norte llamada Beverly Gooden, de 31 años (@bevtgooden), víctima de la violencia doméstica. Gooden comprendió que quienes insultaban y agredían a Janice no tenían ni remota idea de lo que ésta provoca y lo difícil que es abandonar al agresor. Molesta y ofendida, empezó a desahogarse en Twitter. Empezó por retuitear los comentarios que encontraba sobre el tema y, después, Beverly decidió compartir su historia a quien quisiera escucharla. A fin de hacer comunidad, añadió los hastags o etiquetas: #WhyIstayed (Por qué me quedé) #WhyILeft (Por qué me marché)

Siempre me ha gustado Twitter. Me parece una gran herramienta para obtener y compartir información, pero sobre todo para unir personas. Las etiquetas creadas por Beverly han unido a muchas víctimas de la violencia doméstica, con la ventaja de que, además, la lectura de los tuits en #WhyIStayed  ayude a comprender a quienes no la padecen, lo que sienten las víctimas, lo difícil que es para ellas salir de una situación de abuso.

Abre nuestros ojos para entender que muchas veces las víctimas no pudieron alejarse de la persona que las agredía por falta de recursos económicos, carencia de autoestima, terror de que cumplieran las amenazas de arrebatarles a sus hijos o la vida. Para muchas, lo que las mantuvo en esa situación fue la culpa (hay quienes culpan de la violencia doméstica a la mujer) y la creencia de que no merecen una vida mejor,

Bajo la etiqueta o hashtag: #WhyILeft podemos encontrar cuál fue el detonador que permitió que pudieran terminar con esa relación abusiva.

En México, de acuerdo con el Consejo Nacional de Población, 40 de cada 100 mujeres han sido víctimas de la violencia intrafamiliar. La más frecuente es la violencia psicológica o emocional, seguida de la económica, física y la sexual. Hay que recordar que también los hombres pueden ser víctimas de la violencia familiar, pero la reportan menos. Pueden revisar lo que escribí en este espacio hace poco con el titulo: Violencia es violencia (http://www.milenio.com/firmas/fernanda_de_la_torre/Violencia-violencia_18_309749023.html). 

El juicio y los insultos no ayudan a las víctimas de la violencia doméstica. Salir de una relación codependiente, superar una adicción, sobreponerse a un trauma, toma su tiempo. No es algo instantáneo, sino algo que lleva un proceso, mismo que puede parecer incomprensible para quienes lo ven de fuera. Tenemos que entender que para las víctimas existen razones poderosas que les impiden abandonar al agresor.  Razones de peso que si bien no justifican, explican la situación.

Solemos juzgar a quienes no actúan como nosotros creemos que deben hacerlo. Al no estar en sus zapatos, los criticamos en vez de escucharlos, preguntar qué necesitan y ver cómo podemos apoyarlos. Nuestra actitud hace más difícil su situación, ya que encima de la violencia que padecen, reciben nuestras críticas y descalificaciones como: “De verdad estás enferma”, “No sé por qué lo aguantas”, “Hace mucho que deberías haberlo dejado”. Víctimas de la violencia o no, creo que a todos nos beneficia la lectura de los tuits bajo las etiquetas #WhyIStayed y #WhyIleft.

 

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