Neteando con Fernanda

Las lonjas, como quiera, pero la dieta digital es urgente

Desde hace un tiempo reconocí mi nomofobia o el miedo a estar sin teléfono celular —y conexión, desde luego—. Me declaro incapaz de pasar un día sin el celular. Lo miro en los elevadores, en la fila de la cafetería, donde sea. Sus alertas marcan mi vida. De entrada el despertador y después, las de las notificaciones. Suenan varios avisos de WhatsApp, los ignoro. Minutos después suena la alerta de un correo. ¿Será importante? Ya no puedo ignorar el télefono.

Una vez que reviso el correo, exploro qué hay de nuevo en Twitter y aprovecho para responder los mensajes de WhatsApp pendientes. No acabo de ponerlo en su lugar cuando suena el recordatorio de confirmar la cita con el médico, cosa que hago inmediatamente. Es verdaderamente difícil que pase un periodo largo sin que mire mi iPhone de nuevo.

No reniego de las ventajas de la tecnologia, por el contrario, me parecen geniales, el problema es que con el teléfono sonando todo el tiempo me cuesta mucho trabajo concentrarme. Debo confesar que las habilidades de recordar eventos o números de teléfono parecen haber desaparecido de mi cabeza y mi nomofobia pasó a ser dependencia extrema.

Hace un par de días, leí (en mi celular, claro) un artículo de Timothy Egan en The New York Times titulado "Ocho segundos de concentración" (http://mobile.nytimes.com/2016/01/22/opinion/the-eight-second-attention-span.html) Cuando llegué a la parte en la que el autor dice que no puede esperar en la línea del súper o en el semáforo sin ver su teléfono, sentí que tenía mi nombre escrito a modo de dedicatoria. De un modo muy ameno, Egan comenta que la necesidad actual a estar conectado y enterarnos de todo cuanto acontece limita nuestra capacidad de concentrarnos.

Si bien no es nada nuevo, lo preocupante del artículo es que menciona un estudio realizado por Microsoft acerca de la atención humana, que concluyó que la capacidad de concentración había disminuido a ocho segundos, cuatro segundos menos que en 2000. De acuerdo con el mencionado estudio, tenemos una capacidad de concentración menor a la de un pez dorado.

Si bien las palabras de Egan me dieron algo de consuelo al saber que no soy la única que le cuesta tomar el hilo de lo que estaba haciendo después de mirar celular, lo del pez dorado me parece lo suficiente alarmante como para comenzar una dieta digital.

No podemos negarlo: la falta de concentración por culpa del multitasking hace que hagamos muchas cosas al tiempo, pero ninguna bien, y esto nos causa muchos problemas. Si alguien ha mandado un archivo equivocado por correo, o un mensaje por WhatsApp a una persona pensando que es otra, la filosofía prehistórica de una-cosa-a-la-vez parece indispensable.

La cantidad de tiempo que nos podemos concentrar en una actividad sin distracción es importante. Cuando finalmente logramos mantener la mente quieta y enfocada somos muy productivos y mejoramos la calidad, lo cual no solo es conveniente, sino disfrutable. ¿Quién no adora sumergirse en las páginas de un buen libro y perder la noción del tiempo? Escribir en esos —raros— momentos de inspiración cuando las ideas y palabras fluyen es algo parecido a meditar. Después de todo, la meditación es forzar a la mente a permanecer en un solo punto.

A modo de medicina, a fin de mejorar nuestra capacidad de concentración, el autor recomienda la lectura y la jardinería. Yo agregaría que es necesario apagar el teléfono a ratos. Salvo que tu situación personal o laboral lo requiera, no es necesario estar pendientes del celular en todo momento. Aceptémoslo. No pasa nada si te enteras dos horas después del último detalle de los temas del momento o si no respondes inmediatamente en el chat grupal de WhatsApp. Lo de la jardinería suena bien porque aprendemos a que las cosas toman su tiempo, un buen antídoto a este mundo donde todo sucede a velocidad extrema. Instantáneo es un concepto que debe limitarse al café soluble y eso, solo en casos de emergencia.

Nuestra apariencia es importante y nos preocupamos por ella. Enero es tradicionalmente un mes tehuacanero para recuperar la línea perdida; sin embargo, después de leer lo del pez dorado, creo que una dieta digital resulta mucho más urgente.

Buen domingo a todos.

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