Neteando con Fernanda

Las locuras del desamor

Es bien sabido por todos que el amor tiene el poder de nublar nuestra razón y hacernos perder objetividad respecto a nuestra pareja; sin embargo, el desamor —aunque quizá no se ha comentado tanto— es igual o más poderoso en términos de perder la razón y cometer locuras.

Cuando estamos bajo la influencia del enojo, aconsejan esperar y no actuar, a fin de no hacer algo que lamentaremos en el futuro. La misma advertencia debería aplicarse cuando tienes el corazón roto.

Terminar una relación duele y cada uno tiene maneras diferentes de lidiar con ese dolor. Compartirlo con amigos es uno de ellos. El problema es que durante ese tiempo nos volvemos monotemáticos, repetitivos  e insoportables. Por eso lo mejor que podemos hacer cuando terminamos una relación es no hacer nada, literal. Si la ruptura es muy dolorosa, el encierro y el periodo de calma deberá ser más prolongado. La restricción se extiende al uso de las redes sociales y el teléfono celular, en especial si hay más de una gota de alcohol en tus venas.

Mi amiga Leticia recuerda que después de tronar con su novio “atormentó” a todos los que se le acercaron a platicar en la fiesta de cumpleaños de su hermana. Después del saludo cordial, ella empezaba a contarles con lujo de detalles todas las “barbaridades” que le había hecho su ex novio. Después de unos minutos notaba que su interlocutor miraba el celular y después decía que tenía que hacer una llamada o saludar a alguien. Lo mismo sucedía con todas las personas con las que hablaba. Ella se percató que los aburría, pero no le importó. Siguió contando el mismo cuento a quienes se le acercaron aquella noche. Su necesidad de desahogarse supero por mucho las ganas de continuar teniendo amigos. El problema es que nos dice que ahora, que ya está bien, los amigos de su hermana huyen cuando la ven.

Por supuesto que cuando nos toca el paño de lágrimas de los recién tronados lo hacemos con gusto, por un tiempo razonable. No nos importa recibir una llamada a deshoras o escuchar la misma historia varias veces;  sin embargo, el proceso de duelo de una relación no puede ser eterno, al igual que la paciencia de nuestros amigos; tienen un límite.

Las redes sociales, tan útiles en nuestra vida cotidiana, pueden presentar grandes problemas cuando se termina una relación si los usamos como una manera para desahogarnos o ventilar nuestro enojo. Las “guerras”, en Twitter o Facebook, con recriminaciones, ya sea que tengan bien identificado al destinatario o no, hacen público un asunto que no debería serlo.

Con el tiempo nos damos cuenta de ello y nos arrepentimos, pero ya es tarde. Mientras estamos dolidos y lastimados, con la razón obnubilada por el desamor, pensamos (equivocadamente) que ventanear a nuestro ex amor es una buena idea. Esos tuits destinados para que los lea una persona determinada del tipo: “Me has roto el corazón”, “Nada de mi última relación valió la pena”, “¿Cómo pude amar a alguien tan cruel?” y cosas por el estilo que no deben de aparecer en nuestro TL. Quienes nos conocen saben a quién nos referimos y quienes no, seguramente lo averiguarán en poco tiempo, así que no tiene ningún caso hacer un circo de nuestra ruptura. Una vez que hemos hecho público un comentario, aunque posteriormente lo borremos arrepentidos, es casi imposible de eliminar de la mente de los demás. Nuestras amargas palabras quedan ahí para salir nuevamente a la luz en el momento más inoportuno.

El alcohol y los teléfonos inteligentes son una combinación letal cuando tenemos el corazón roto. La tecnología nos ofrece múltiples opciones para ponernos en ridículo. En esta situación puedes ahogar tus penas en tequila, pero tu celular debe quedar a buen resguardo para evitar ataques de pedofonía. La tecnología nos queda a deber un teléfono inteligente con alcoholímetro que impida el funcionamiento del mismo, salvo para números de emergencia. Con esto nos ahorraríamos el susto de despertar y ver 14 llamadas al número de nuestro ex o leer los mensajes insistentes que escribimos en chats privados o en redes sociales. Desde luego que en estos casos la cruda moral supera a la física. Y si bien existen muchos remedios para curar la cruda física, todavía no hay un medicamento ni Gatorade ni chilaquiles que nos alivie el dolor de estos desatinos.

Sanar de una ruptura sentimental toma su tiempo. Hay que buscar la forma de desahogarnos sin “efectos secundarios”. Ir a una terapia, ver a nuestros mejores amigos o escribir largas cartas (que jamás lleguen a su destinatario) y que expresen todo nuestro dolor son una buena decisión. Además del dolor de la ruptura, no necesitamos la vergüenza de que nuestros conocidos nos saquen la vuelta o que nuestra tristeza sea del conocimiento público y quede para siempre en el ciberespacio.

fernanda@milenio.com

http://www.milenio.com/blog/fernanda

http://twitter.com/FernandaT