Neteando con Fernanda

La integridad no necesita reglas

La semana pasada hablábamos de la ética y su importancia, así como de la necesidad de que la educación esté fundamentada en ella, ya que hay personas y sociedades que tienen educación y cultura; sin embargo, carecen de ética. Un amable lector, abogado desde hace 47 años, me escribió para compartirme su reflexión sobre la ética. En Zurich, donde vive su hija, quien está casada con un suizo, no se les ocurriría molestar al vecino, ya que si no cumplen con la ley la autoridad los sancionaría en un dos por tres. Él conoce a varios "ciudadanos modelo" que cuando llegan a otro país, en donde la impunidad es mayor, relajan sus costumbres y tropicalizan sus valores para terminar haciendo lo que en su patria no harían jamás. En ese país —según señala— los ciudadanos cumplen con los mandatos de la ley por miedo, más que por convicción.

Tiene razón. En gran medida las leyes no son respetadas porque no hay sanciones a su incumplimiento, la impunidad hace que seamos corruptos; sin embargo, es triste pensar que, como eternos niños, necesitamos una nana detrás nuestro para hacer lo correcto. Encontré una frase de Ben Landis (@benlandis) que decía: "Si necesitas a alguien que te esté cuidando para que hagas lo que es correcto, eso no es integridad" (If you require someone to be watching you in order for you to do the right thing, that's not integrity).

El que necesitemos sanciones para hacer lo correcto es una muestra de que todavía no entendemos su valor e importancia. Como bien dijo Albert Camus: "La integridad no tienen necesidad de reglas". El actuar de una persona íntegra va más allá de premios y castigos, cielos o infiernos. No está sujeto a circunstancias o "asegunes". Si entendemos el valor que tiene nuestra palabra haremos todo lo posible para cumplirla. Si entendemos el valor de la vida, no abusaremos de otro ser humano, aunque hubiese leyes que lo permitiesen. No importa lo que digan los demás, haremos lo que consideramos correcto, sin tomar en cuenta su opinión, incluso si nos acosan. Alguien que comprende el valor de la honradez no robará, independientemente de sus circunstancias. Recordarán que hace un par de años salió en las noticias que un hombre de Sao Paulo encontró una bolsa con 10 mil dólares y la devolvió a la policía intacta. Este hombre era tan pobre que vivía bajo un puente: "Mi madre me enseñó a no robar", fue su explicación cuando le preguntaron por qué no se había quedado con el dinero. Un ejemplo de integridad desde luego, pero además su conducta echa por tierra muchas de nuestras justificaciones para comportarnos sin ética. Muchos hubieran entendido o hasta aplaudido que se quedara con parte del dinero, dada su situación; sin embargo, ese hombre no negoció con sus principios. Sus carencias no tuvieron injerencia en su integridad, hizo lo que consideraba correcto, punto.

Existe un cuento oriental que ilustra lo que es la integridad: un viejo emperador, sintiendo que los años se le venían encima, decidió buscar un sucesor para lo cual llamó a los jóvenes de la ciudad a su palacio. Les dio algunas semillas diciendo: "Vayan y siembren esas semillas, en un año juzgaré sus plantas y escogeré al nuevo emperador". Un joven llamado Ling sembró las semillas, las regó todos los días, pero nada crecía, a pesar de sus esfuerzos, la maceta estaba vacía. Transcurrió el tiempo y llegó el esperado día. Ling mostró asustado su maceta, mientras que los demás mostraban magníficas plantas. Cuando apareció el emperador, escogió a Ling sin dudarlo. Todos se asombraron, él no tenía siquiera una pequeña mata. El emperador explicó que les había dado semillas infértiles y el único que no las cambió fue Ling. Su maceta vacía era la prueba de su integridad.

Comportarse conforme a nuestros principios no es fácil, pero es posible. Las virtudes se desarrollan al igual que los músculos. ¿Por qué entonces no desarrollar la integridad? Quizá porque le damos más valor a otros temas. Somos una sociedad que gusta de las macetas llenas. Seamos sinceros, si buscamos personal en una empresa, sería difícil que escogiesen a alguien por su integridad, preferimos elegir basándonos en sus logros y estudios más que en valores. Preferimos ser etiquetados como exitosos, ricos, líderes, a ser considerados "buenas personas". Nos gusta tener reglas que nos digan qué es lo correcto y sanciones si no las cumplimos, ya que es más sencillo que asumir nuestra responsabilidad. Si queremos un país menos corrupto, empecemos por poner a la integridad hasta arriba en nuestra lista de prioridades. Afortunadamente, el cambio es posible en todo momento.

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