Neteando con Fernanda

La importancia de lo que no se ve

Soy miope desde la adolescencia y consecuentemente he tenido varios pares de lentes de contacto y anteojos. Recuerdo bien el día que mi madre me dijo: ¿Qué dice el letrero? Y tuve que explicarle que no veía ni el letrero…Mi madre realizó varias pruebas (tipo mamá, claro) en el auto y dictaminó que no veía bien, así que me llevó inmediatamente con el oculista y, en unos días, obtuve mis primeros anteojos. Me maravillaba al poder ver las cosas con tal precisión, recuerdo la sorpresa de que las hojas de los árboles pudieran verse “una por una” y no el cuadro impresionista que yo veía cotidianamente por falta de anteojos.

Es curioso, pero resulta que 50 por ciento de las personas necesitan anteojos, el problema es que no lo saben. En las escuelas y en las empresas no se dan cuenta o no solicitan obligatoriamente exámenes de la vista así que puede uno tener una leve miopía o astigmatismo durante muchos años y no darse cuenta.

Comprar lentes siempre ha sido un ritual… Después de todo, es un artículo costoso que estará en tu cara todos los días durante algunos años. No es una decisión que se puede tomar a la ligera. Hay que probarse los modelos y estudiar con cuidado, cómo se ven en nuestra cara. De preferencia ir acompañada por un familiar o amigo que sea sincero y que además tenga una infinita paciencia. Si de paso tenía conocimientos de la moda eran un plus, pero sobre todo era importante que te ayudara a decidir cuáles se te veían mejor. 

En lo que no había reparado mayormente —hasta ahora— era en los lentes que acompañarían el armazón. Siempre dejé esa decisión en segundo plano. Muchas veces las “micas”o lentes iban incluidas en la compra del armazón y solo pagaba extras, como el antirreflejante. Creo que, fuera de policarbonato no pedí o pregunté nada sobre las lentes. Esperaba que me permitieran ver bien y punto. Ahora que por primera vez aprendí la importancia de las lentes en sí, me doy cuenta que ha sido un craso error y que he visto “a medias” toda mi vida.

Digo, no es que la apariencia no sea importante, porque lo es, pero el mismo tiempo que le dediqué a escoger unos armazones que me quedaran bien y fueran acordes a mi prepuesto, le debí haber dedicado a los lentes, ya que son éstos —y no el armazón por bonito que sea—- los que me van a proporcionar la calidad de visión necesaria. 

Hay una gran variedad de lentes. Desde los que fabrican en China a granel y los que tienen una mejor tecnología. ¿A que no lo sabían, verdad? Generalmente, en las promociones donde te regalan los lentes con la compra del armazón, la calidad de los vidrios es básica (lo cual es lógico pero no es negocio). Como todo en la vida, entre más cosas queremos más caros son los lentes. Sin embargo, podemos encontrar lentes de muy buena calidad que no necesariamente sean tan costosos y vale la pena preguntar opciones en diferentes ópticas. Dudé entre los nuevos transitions que se cambian de color de acuerdo a la luz y me enamoré de unos oscuros polarizados graduados, pero serán compra para el año que entra. Esta vez, hice las cosas al revés. Elegí un armazón bonito pero no tan caro y la inversión principal fue para las lentes.

Después de preguntar por varias opciones, finalmente me decidí por unos lentes Essilor que corrigen divinamente bien la miopía y el astigmatismo. Me hicieron varias pruebas para cerciorarse de mi graduación y me midieron mil cosas. No pude evitar preguntarme: Después de tantos años de usar anteojos, ¿Cómo es posible que no me haya preocupado por informarme de esto antes?

Aquí el problema es, y espero que sirva como una reflexión de fin de año y para el año nuevo: ¿En qué otras áreas de nuestra vida nos estamos fijando únicamente en lo superficial, en eso que se ve bien, que le gusta a todos, pero que no es fundamental? Y quizá el meollo del asunto sea que al poner la atención en lo que no es importante, ¿Qué estamos desatendiendo?¿Dejamos de echarle ganas a una relación que era importante? ¿Estamos tan preocupados persiguiendo la chuleta que no tenemos tiempo ni de respirar? ¿De ver a nuestros hijos o padres? Nos dejamos llevar por las formas y perdemos de vista el fondo de las cosas, las situaciones, las relaciones. Un cierre de ciclo es una oportunidad inmejorable para echar un vistazo a lo que estamos haciendo y preguntarnos si esas conductas nos acercan a lo que verdaderamente queremos, aunque no sea muy “visible”que digamos.

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