Neteando con Fernanda

Sin la foto

Mi amigo Pedro adora viajar.  Hace tiempo le pedí ver las fotografías de sus viajes y me respondió que no solía tomar fotos. Pensé que no había oído bien. Pero no. Mi audición funcionaba sin problemas. Pedro prefiere estar presente para recordar el momento, siente que estar detrás del obturador le quita la atención y, por ende, le “roba” el momento. Él, que ha viajado por todos los continentes, no tiene fotografías de esos lugares remotos. Los recuerdos viven en su mente y su corazón. Sus viajes son para su crecimiento personal, no pretende apantallar a nadie. No organiza sesiones en su casa para ver fotografías y tampoco las sube a redes sociales. La experiencia es suya y la comparte solo con quien y cuando quiere. Confieso que durante mucho tiempo no lo entendí. Empiezo a ver la sabiduría en ello…

El lunes 3 noviembre fui a cubrir la visita de sus altezas reales (SAR), Carlos, príncipe de Gales, y su esposa, la duquesa de Cornwall, en el Distrito Federal. Primero en Palacio Nacional, donde el presidente Enrique Peña Nieto y su esposa, Angélica Rivera, les dieron la bienvenida a nuestro país. Después ambos monarcas anunciaron el Año Dual Reino Unido-México 2015 (una muy buena noticia, un intercambio positivo para ambas naciones) y posteriormente visitaron el museo Antiguo Colegio de San Ildefonso. En eventos de esta naturaleza hay ciertos protocolos que hay que respetar como la puntualidad y debido registro. En esta ocasión, entre otras cosas, nos pidieron que no nos tomáramos selfies con SAR. 

En San Ildefonso, después de visitar la exposición del artista británico Michael Landy, el príncipe Carlos conversó con estudiantes mexicanos de la Universidad de South Hampton.  Luego visitó la sala donde se presenta el proyecto del nuevo aeropuerto de la Ciudad de México y conversó con el arquitecto Fernando Romero. En ese pequeño trayecto, el príncipe saludaba a los asistentes del evento que se formaban a su paso. Cuando se encontraba frente a mí, sonrió y me saludó como si me conociera. No podía creer que el príncipe estuviera hablando conmigo. Quedé inmóvil, sin saber qué decir. Con ganas de mirar a mis espaldas para comprobar que no saludaba a alguien más. Extendí la mano derecha y sonreí. Pensé que se iría, pero no, para mi sorpresa, el príncipe de Gales me preguntó si no me había visto antes en el día. Le respondí que efectivamente me había visto ya que estaba cubriendo su visita. No sabía muy bien qué hacer, así que le mostré mi gafete y le dije el medio para el que trabajaba. Me preguntó un par de cosas más (confieso que una de ellas no la entendí) y se despidió diciéndome: “Muy bien. He hablado con muchos miembros de la prensa el día de hoy”. “Gracias alteza”, dije sin saber muy bien si era la manera correcta de responder. El príncipe siguió su camino hacia el salón.

En cuanto el príncipe avanzó dos pasos, empecé a preguntar a quienes estaban conmigo: “¿Alguno de ustedes tomó una foto o video del momento? Nadie. Ironías de la vida. Estaba rodeada de reporteros y fotógrafos pero ninguno había tomado fotos de ese momento. Miré a mi alrededor nuevamente con la esperanza de ver a un fotógrafo o camarógrafo de la embajada. Nada, no tenía evidencia del saludo del príncipe de Gales y la plática de 90 segundos. Un momento que probablemente no vuelva a repetirse. Uno de mis compañeros dijo: “Qué mala pata”. Le di la razón. “Sí caray, qué mala pata”. Me lamenté por un rato por no tener la foto hasta que caí en cuenta del absurdo: en vez de estar contenta por el acontecimiento, estaba triste porque no tenía una foto del evento. Como si el que hubiera sucedido no fuera suficiente.

En estos tiempos en que las redes sociales son tan importantes, vivir algo no basta, hay que documentarlo y compartirlo. Si no tienes una foto o video para Twitter, Instagram, Facebook, es como si no existiera. No sé todavía si este afán de subirlo todo a las redes es porque queremos presumirlo o porque tenemos una adicción a la retroalimentación que nos dan las redes. Lo que sé es que en cuando tomamos una foto muy buena solemos decir: “Está increíble. Es pal feis”.

Sí, desde luego que me hubiera gustado tener una fotografía del saludo del príncipe de Gales, pero como en muchos otros momentos de los que no tengo evidencia, lo importante es que sucedieron. En esto, como en tantas otras cosas, parecería que estamos fuera de foco, dándole importancia a la anécdota y perdiendo de vista lo fundamental. Quizá hay que emular a Pedro y dejar por un rato la cámara y la necesidad de postearlo todo de lado, para que el obturador no nos robe el momento y se quede en nuestra mente y corazón. Buen domingo a todos.

 

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