Neteando con Fernanda

La felicidad no es cosa de un día...


El 20 de marzo fue el Día Internacional de la Felicidad. Cuando vi el anuncio en Twitter pensé que era una broma, pero no lo era.

En una resolución aprobada por la Asamblea General de las Naciones Unidas el 28 de junio de 2012, se proclamó el 20 marzo como el Día Internacional de la Felicidad. El objetivo de proclamar este día es que los Estados Miembros elaboren nuevas medidas que reflejen mejor la importancia de la búsqueda de la felicidad y el bienestar en el desarrollo con miras a orientar sus políticas públicas. http://www.un.org/es/comun/docs/?symbol=A/RES/66/281

En el mensaje de este año correspondiente al Día Internacional de la Felicidad ( http://www.un.org/es/events/happinessday/2014/sgmessage.shtml), el secretario general de la ONU manifiesta que “la felicidad no es una frivolidad ni un lujo, es un profundo anhelo que compartimos todos los humanos”. Y finaliza con el siguiente párrafo: “Ha llegado el momento de plasmar esa promesa en medidas nacionales e internacionales concretas que permitan erradicar la pobreza, promover la inclusión social y la armonía intercultural, garantizar unos medios de vida dignos, proteger el medio ambiente y construir instituciones que propicien la buena gobernanza, porque esos objetivos son los cimientos para asegurar la felicidad y el bienestar de todos los seres humanos”.

Nadie duda que todos los seres humanos buscamos la felicidad y evitamos el sufrimiento. Ya lo dijo hace más de dos milenios Buda y lo han repetido sin cesar cientos de filósofos a lo largo de la historia. En este sentido, a pesar de que sin duda es justo que exista un reconocimiento a la necesidad de que se aplique al crecimiento económico un enfoque más inclusivo, equitativo y equilibrado, que promueva el desarrollo sostenible, la erradicación de la pobreza, la felicidad y el bienestar de todos los pueblos, considero que el reconocimiento de la ONU a la felicidad como una aspiración universal en los seres humanos llega tarde, muy tarde y se queda corta.

Hace unas semanas hablaba en este espacio que buscamos la felicidad en otra parte. Los habitantes de países más ricos no necesariamente son los que se perciben como los más felices y comentaba la historia del hombre más feliz del mundo, el monje budista Matthiew Ricard. La felicidad es algo interno. Buscamos la paz y la felicidad en el exterior, cuando tenemos que buscarla primero dentro de nosotros mismos.

Tenemos una idea distorsionada de la felicidad que ocasiona que nos cueste trabajo reconocer lo bueno en nuestra vida y aceptar que las cosas marchan bien. Nos comparamos con los demás, —o más bien con la idea que tenemos sobre los demás— y concluimos que todavía no podemos decir que somos felices. Pensamos que debemos esperar a que todo marche sobre ruedas, que obtengamos el trabajo que soñamos o la pareja que consideramos perfecta y no podemos reconocer lo bueno que hay en nuestra vida.

Pasamos mucho tiempo ocupándonos de la vida de otros. Ya sea para criticarlos o para envidiarlos, sin tener la menor idea de lo que significa estar en sus zapatos. Quizá uno de los peores errores del ser humano sea el compararse con otros —un absurdo, además, si consideramos que cada uno es único e irrepetible— y es imposible conocer a fondo las alegrías o penas que pasan los demás. Pensamos que su vida es de tal o cual manera, pero no tenemos idea de cómo es en realidad. Podemos llegar a conocer bien a una persona, pero a pesar de ello, todavía hay un largo camino de ese conocimiento a de verdad estar en sus zapatos. Es fácil juzgar pero muy difícil entender por qué reaccionó de tal o cual manera, cuáles son sus dolores y sus miedos, cuál es la razón que lo motiva a hacer tal o cual cosa.

Sin duda me parece muy positivo considerar el bienestar personal en un sentido amplio y no solo en términos de ingreso nacional. Sin embargo, creo que ya entrados en el siglo XXI es importante entender que la felicidad es también cuestión de elección, y eso, no se arregla por decreto, sino con actitud. Problemas y sinsabores de toda índole van a llegar a nuestra vida, habrá que resolverlos y pasar a lo que sigue. Reconocer lo bueno que hay en nuestra vida a pesar de que muchas otras cosas no sean óptimas o marchen mal, dejar de compararnos y envidiar a otros, creo que es un buen paso para encontrar la felicidad todos los días del año. Porque la felicidad, ni se consigue por decreto, ni es cosa de un día.

Hoy es el último día que está la exhibición de las Reliquias del Tíbet en el Teatro del Pueblo, Venezuela 72 Centro Histórico, DF de 10:00 a 17:00 horas. Vale la pena, no se la pierdan.

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