Neteando con Fernanda

Las metidas de pata en la era digital

A pesar de que adoro las redes sociales y su potencial, añoro las épocas en que nuestros resbalones (osos, metida de pata o ataques de prepotencia) se quedaban en privado y eran solo del conocimiento de unos cuantos. Las anécdotas y, en su caso, fotografías eran compartidas, en su mayoría, por gente que nos conocía. Si te tomaban una foto en estado inconveniente, digamos, la foto era vista por un número reducido de personas.

Las equivocaciones no serían muy diferentes a las que vemos ahora, la única diferencia es que no había cámaras que grabaran tus errores. Tus malos momentos quedaban reservados para las pláticas con el psiquiatra y los desafortunados que presenciaron tu mal rato. Seguramente ellos la comentarían con muchas personas más en versiones corregidas y aumentadas —ya que la chismografía ha funcionado durante milenios—, pero no eran vistas por millones de personas en todo el mundo, como un video viral que fue subido a la red sin tu consentimiento.

Si bien es cierto que hay personas como Kim Kardashian que tiene una adicción por compartirlo todo en las redes sociales, también lo es que la idea de ser capturado en uno de tus peores momentos y acabar en un video viral con una etiqueta de lord o lady y ajusticiado por millones en las redes sociales asusta a muchos. Usar éstas para exhibir a las personas me parece una especie de tortura moderna que será virtual, pero el dolor es muy real. Desafortunadamente, no tenemos muchas opciones más que aceptar y aprender a convivir con este "gran hermano" que, invisible, está al acecho para ver en qué nos equivocamos y cómo pueden mofarse de nosotros.

El maniqueísmo en las redes sociales es grave. Plagadas de unos ciudadanos "modelo" que, sintiéndose perfectos, juzgan a todos como si ellos no hubieran cometido un error jamás. Superiores al resto de los mortales, señalan con dedo flamígero a quienes cometen un error. Su crítica destructiva, generalmente anónima, es el lado oscuro de las redes. Hacen pedazos a quien perdió la cabeza y acabó siendo captado por una cámara en un momento de prepotencia, ebriedad o alguna infracción a la ley. Perder la cabeza es siempre un error, pero no en todos los casos un delito. Si las críticas de un santurrón son difíciles de soportar en la vida real, aguantar los insultos sin fin en las redes debe ser un infierno. Supongo que nadie que te llame "amigo" subiría a las redes un video de uno de tus peores momentos, pero, como en el caso anterior, muchas veces somos víctimas de descuidos de nuestros amigos que sin ninguna mala intención toman una foto o Periscope que nos ponen en serios aprietos cuando se propagan en las redes, como sucedió con el Periscope de Xóchitl Gálvez en la fiesta del jefe Diego.

No tenemos que ser grandes personalidades para que suceda lo mismo. Hace unos meses un amigo publicó unas fotografías con el comentario: "Festejando a mi querido Fulano el día de su cumpleaños y disfrutado de su hospitalidad. Gran anfitrión". Lindas palabras. El problema fue que horas después el festejado recibió varios comentarios de amigos "sentidos" porque no habían sido invitados, entre ellos el jefe. La persona que subió las fotos jamás pensó que le causaría tantos problemas. En esas ocasiones, extraño los tiempos previos a las redes sociales, en que difícilmente se hubieran enterado o hubieran visto las fotos del evento.

Por supuesto que los asistentes a tu festejo tienen derecho a compartir todo lo que quieran de su vida, pero ¿de la tuya? ¿de tu casa? No estoy tan segura. Creo en la libertad de expresión, pero también en el derecho a la privacidad. No tenemos derecho de impedir que nadie haga uso de su teléfono como le dé la gana y suba a las redes sociales fotos de nuestro hogar, eventos o de nosotros, con la persona equivocada o en un estado inconveniente, pero deberíamos tenerlo, ya que en las redes es imposible controlar, y en muchos casos prever, la consecuencia de nuestras acciones. Se puede borrar el tuit o quitar la foto, pero es imposible revertir el daño que esa foto ha causado.

¿Necesitamos reglas de etiqueta, algo así como un Manual de Carreño para las redes sociales? Podría ser práctico, pero no lo creo. Lo que es indispensable, además de pensar antes de escribir, es cortesía, respeto y consideración. Preguntar, en vez de asumir que no hay problema si subimos una foto. Sentido común, como para cualquier otra cosa.

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