Neteando con Fernanda

La corrupción tiene dos caras

Esta semana la corrupción ha estado en boca de todos. Ya sea para criticar la iniciativa del Presidente o para elogiarla (los menos). A pesar de las opiniones a favor y en contra, supongo que todos podemos coincidir que estas medidas son una reacción ante la presión de una sociedad civil indignada. ¡Qué bueno que haya una reacción firme del gobierno federal!; sin embargo, es apenas un comienzo. Hay todavía muchísimo que hacer en todos los niveles.

Ya era hora. Sí, la Casa Blanca enoja, y es necesario aclarar el tema, pero confinar la corrupción a una persona o un partido es cerrar los ojos a la realidad. La corrupción, como una moneda, tiene dos caras: Una está en el funcionario público que pide la mordida y otra en personas o empresas que, para salir del problema o evitar el abuso, dan esa mordida, moche, soborno.  Es decir, para que una autoridad dé un permiso chueco a cambio de una jugosa mordida, forzosamente tuvo que existir un interesado, ya sea una persona física o moral, quien dio ese dinero.

De esta cara de la moneda hablamos menos. No nos gusta mirarla, ya que nos habla de nosotros, nuestros valores y la sociedad que estamos formando. Nos referimos a la clase política y sus actos de corrupción como si fueran de otro país, o casi de otro planeta y definitivamente esto facilitaría las cosas, pero no es así. Son mexicanos que crecieron en el seno de una familia mexicana.

Si miramos a nuestro alrededor, encontraremos corrupción en mayor o menor medida en temas que nada tienen que ver con el gobierno. Es tan arraigada que hay quienes ya la consideran como normal, la justifican o la aplauden. Desde los padres de familia que opinan que su hijo es muy listo porque se coló en la fila, quienes no ven ningún problema en comprar piratería, vender kilos de 900 gramos o llevar a casa lápices, libretas, carpetas propiedad de la empresa en que trabajan. Algunos piensan que cierta corrupción es una bendición cuando no han tenido tiempo de verificar el auto o sacar su licencia, ya que les permite salir del apuro sin menor complicación.

Cuando mi amiga Clara vendió su casa, y compró un departamento, le pidió a la corredora que ambas operaciones fueran conforme a la ley. La venta fue un problema: el comprador quería escriturar a otro precio, al notario no le preocupaba “dar fe” de una mentira y las corredoras pusieron el grito en el cielo cuando se les solicitó recibo de honorarios.  Molestas, dijeron que si tenían que dar un recibo su comisión debería aumentar 16 por ciento, ya que tendrían que pagar el IVA. El comprador y su esposa, así como el notario (más bien su ayudante, porque él se encontraba fuera del país) se molestaron porque Clara quería hacer las cosas conforme a la ley. Ambos dijeron que era común que las propiedades se escrituraran a otro precio o que el avalúo no fuera muy exacto, que era lo normal. La operación casi se cancela. Una de las corredoras comentó que en todos sus años en el oficio nadie había pedido jamás que todo se hiciera conforme a la ley. Patético.

Sin duda, el poder es una tentación grande, pero no es indispensable para que seamos corruptos. La corrupción no depende de un partido político o de un cargo, es una cuestión de valores. Hay funcionarios públicos honestos, así como hay ciudadanos (que no tienen nada de que ver con el gobierno) para los que la transa forma parte de su modus vivendi. 

Hay empresas que prefieren pagar fortunas a sus asesores fiscales para hacer algún tipo de “alquimia” que pagar los impuestos que les corresponden. A pesar de las disposiciones fiscales, hay miles de empresas que todavía te preguntan si quieres factura y de ser así tienen que aumentarte el IVA. Y, por supuesto, hay quienes creen que hacerlo está muy bien. “¿Y por qué yo voy a pagar el IVA por la batería del auto?  ¿A quién le hace daño que yo no pague IVA?  No es lo mismo unos cuantos pesos que no se pagan al erario que desviar millones de recursos para tu bolsillo, pero es deshonesto e ilegal.

No nos gusta la corrupción de los políticos. Estamos hartos y de verdad qué bueno, es una señal positiva, pero también hay que mirarse uno mismo y ser igual de exigentes con nosotros mismos. Mientras haya una cara de la moneda existirá la otra, por eso si queremos terminar con la corrupción tenemos que ver ambas caras y erradicarlas.

Quienes ocupan cargos públicos tienen su parte en este asunto y deben rendir cuentas de sus actos. Nosotros, responsabilizarnos de las de nuestra parte y actuar conforme a la ley. Hay una buena noticia en este tema de la corrupción: no tenemos que seguir así. Podemos cambiar y mejorar las cosas.

 

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