Neteando con Fernanda

Lee un autor con el que no estás de acuerdo

Lo más importante es unir a todo el país de nuevo. ¿Qué pasaría si toda la gente en Estados Unidos tomara 10 minutos para leer o escuchar algo con lo que no están de acuerdo? Abrir nuestros ojos y oídos a las preocupaciones y las opiniones de otros. Si lo hacemos, vamos a unirnos como país. Debemos escuchar a la gente que no piensa como nosotros.”  Dijo John Richard Kasich en un debate en CNN, con Bernie Sanders, al hablar de la división de Estados Unidos.  Para el gobernador republicano de Ohio leer, escuchar o ver algo con lo que no comulgas es el camino para poder lograr una integración en su país.

No está nada mal, de hecho es una gran idea. Así, durante 10 minutos, quienes niegan el cambio climático escucharían los terribles problemas que el calentamiento global está causando o quizá leeríamos y nos informaríamos sobre lo que significa el feminismo (no es otra cosa más que equidad); puede despejar muchos mitos en hombres y mujeres que tiemblan cuando escuchan la palabra, como si la equidad fuera algo temible. Así, quienes defienden tal o cual postura pueden escuchar argumentos en contra, tener una visión más completa y ser más objetivos.

El problema es que nos gusta tener la razón. Por ello, una persona conservadora se rodeará de información que refleje su forma de pensar. La ideología de sus amigos será similar a la suya. Un liberal hará lo mismo, pero con liberales. El problema de esta actitud tan común es que nos encierra en una burbuja (el gobernador Kasich lo llamó un “silo”) y es prácticamente imposible entender otros puntos de vista. Mucho menos ponernos en sus zapatos. 

Recuerdo que a principios de este año, cuando no había otra palabra que gasolinazo compartí, en algunos chats de WhatsApp, información sobre los problemas de los subsidios a combustibles fósiles. Fue un drama: me insultaron bien y bonito hasta que, finalmente, acabé fuera del chat. No era una defensa al gasolinazo, a Pemex o el gobierno, el mensaje simplemente exponía los peligros de los subsidios. Algo que, además, le he escuchado decir a Mario Molina hasta el cansancio desde hace mucho tiempo. Me pareció importante tener en cuenta ese mensaje.

Sucede que cuando estamos convencidos de algo nos cerramos a escuchar argumentos en contra a pesar de que estén llenos de verdad, ciencia y sabiduría. La percepción y la emoción son más importantes que la realidad. Por algo “posverdad” fue la palabra de 2016 que nos trajo brexit y Trump, ya vimos que el hartazgo, las emociones y la falta de información son peligrosísimos cuando vamos a elegir nuestro futuro.

Si solamente leemos a los columnistas que piensan como nosotros siempre veremos el problema desde un solo ángulo. En las grandes discusiones nacionales quienes defienden la familia natural se beneficiarían de escuchar a científicos y psicoanalistas que han estudiado el tema para entender que los niños necesitan dos padres que los amen, no importa si son del mismo sexo, ya que la homosexualidad es natural, no es una desviación o enfermedad. Quienes defienden al matrimonio igualitario, al escuchar a quienes no piensan como ellos, pueden entender los miedos de los opositores y buscar la manera de combatir toda la información falsa que rodea al tema.

Dedicar 10 minutos de nuestro día a abrir nuestra mente es sencillo y un precio muy barato. Aprender sobre otras religiones o investigar la manera de cómo otros países solucionan sus problemas, tratar de entender otros puntos de vista, es un beneficio para nosotros. No significa que tengas que cambiar tu forma de pensar, simplemente tendrás un punto de vista más amplio.

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