Neteando con Fernanda

Violencia es violencia

El 16 de mayo de este año, en Gran Bretaña, tres cámaras ocultas captaron las reacciones de los transeúntes ante dos situaciones de violencia en las que una pareja discute acaloradamente. En el primer caso, es el hombre el agresor. Todos los que pasan a su lado lo increpan y amenazan con llamar a la policía o se solidarizan con la mujer y le dicen que no tiene por qué aguantar ese trato. En el segundo caso, es ella quien agrede a su pareja. A pesar de ser una situación similar a la anterior, la reacción de los terceros es diametralmente opuesta. Lejos de intervenir, miran la escena entre curiosos y divertidos. Nadie se acerca o amenaza con llamar a la policía. No se solidarizan con la víctima y ninguno le dice a la mujer que se calme. Después de esta escena vemos un texto que explica que 40 por ciento de los hombres en Reino Unido son víctimas de la violencia doméstica y termina con la etiqueta #Violenceisviolence. El video lleva más de 6 millones de visitas en YouTube después de unos cuantos días de haber sido publicado (https://www.youtube.com/watch?v=u3PgH86OyEM).

Hace un par de meses, en un viaje por carretera, las hijas adolescentes de una amiga comentaron que en su escuela había muchas alumnas que acosaban a los hombres: “¿Cómo los acosan?”, pregunté. Me explicaron que en su escuela, (desconozco si sucede en otras) la moda es acorralar a los chicos para que las besen. Un grupo de chicas elige a un chico al cual persiguen hasta que logran acorralarlo, y le piden —o más bien lo obligan— a que las bese. Algunas lo besan por la fuerza. Por supuesto que las demás amigas están ahí para apoyar a la besucona, le aplauden y después salen corriendo y riendo.

Esta historia, que vista de lejos podría parecer que es el sueño de un adolescente, es en realidad una pesadilla. Se ven obligados a besar a una o varias chicas que no les gustan; ya que el rechazarlas los haría quedar muy mal parados. Si quisieran denunciar el hecho ante las autoridades escolares, serían tachados de chismosos. Pregunté si en su escuela los maestros o padres de familia estaban al tanto de estos sucesos. Me respondieron que sí, pero que no hacían nada para evitarlo.

Si la situación fuese al revés, un grupo de jóvenes tratando de besar a la fuerza a una jovencita, las reacciones serían diferentes. La escuela tomaría cartas en el asunto y el joven seguramente recibiría una sanción y probablemente tendría que enfrentar una denuncia al igual que sus amigos-cómplices. Los padres de familia podrían el grito en el cielo. Nadie se quedaría con los brazos cruzados al saber que un grupo de jovencitos montoneros acosaban así a una chica. El hecho es que el ser acorralado y obligado a besar a una o varias personas o ser besado por la fuerza es violencia, independientemente del género.

En este espacio las dos últimas semanas hablamos de las contradicciones y los estereotipos, creo que tanto el video como la historia de los hombres besados por la fuerza tocan los dos temas. Tenemos la creencia estereotipada de que únicamente las mujeres son víctimas de la violencia doméstica y en los casos en los que la víctima es un varón no la condenamos de la misma manera.

A pesar de ser una realidad, el tema de la violencia doméstica hacia los hombres es, desafortunadamente, un tabú en nuestra sociedad. El que un varón permita que alguien del “sexo débil” lo maltrate no lo hace una víctima, lo convierte en un tonto. Hay pocas denuncias por parte de ellos y, por ende, es difícil contar con estadísticas o información respecto a la gravedad de éste problema. Si bien es cierto que la mujer es víctima de la violencia con mayor frecuencia, existen también hombres que lo son. El hecho de que sean menos, haya poca información y le demos poca atención no desaparece el problema ni lo hace menos grave.

Se suele representar a la justicia con una balanza y una espada llevando una venda en los ojos. Esta venda representa la imparcialidad, ya que la justicia debe ser impuesta objetivamente, sin miedo ni favoritismos, sin mirar la identidad, el dinero o el poder. La justicia debe ignorar quién es la víctima o el victimario, para juzgar únicamente el hecho.

Por supuesto que la violencia contra las mujeres en nuestro país es alarmante y un problema grave que hay que atender con urgencia; sin embargo, no podemos ignorar que hay otras víctimas de la violencia doméstica —aunque sean una minoría—  y que merecen ser tomadas en cuenta. Violencia es violencia y debe ser condenada independientemente del género. La violencia es un tema en el que no debemos de tener un doble rasero.

 

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