Neteando con Fernanda

Vidas perfectas

Las redes sociales, Facebook en particular, nos han dado un escaparate para mostrar nuestra vida. Y a juzgar por lo que vemos, parecería que vivimos una vida de ensueño: en los perfiles de la mayoría hay fotos de viajes, platillos deliciosos, amigos sonrientes y eventos divertidos. Una visita por Facebook y veremos familias ejemplares, profesionistas exitosos y matrimonios enamorados. Y sí, esos momentos de unión familiar, romance, viaje, etc., existen, pero no son una fotografía de nuestra realidad. Existen también otros momentos no tan felices que no aparecen por ahí.

Me topé con un artículo de Hannah Seligson publicado el 26 de diciembre de 2014 en The New York Times titulado: “Facebook’s last taboo: The unhappy marriage” (El último tabú de Facebook: un matrimonio infeliz), en el que comentaba que para ésta red social quienes comentaban acerca de sus divorcios eran aún pioneros. Hablar de una ruptura o un matrimonio infeliz lejos de ser una tendencia, era un tabú. 

La pregunta es válida: si en las redes sociales publicamos bodas, bautizos y primeras comuniones… ¿por qué no publicar nuestro divorcio? La respuesta en mi opinión es simple: Facebook no es para eso. En las redes sociales tratamos de mostrar nuestra mejor cara, por lo que no son el lugar para ventilar nuestra miseria conyugal —ni de ningún otro tipo—. Ahí tratamos de mostrar nuestra mejor cara. No imagino a nadie posteando la foto de la cara del cajero del súper cuando nos dijo que la tarjeta no pasaba (cosa que sucede), tampoco veo subiendo a nadie una foto de nuestra casa cuando está hecha un desastre (cosa que también sucede) o cuando hacemos algún desfiguro (estas pueden aparecer en las redes, pero no gracias a nuestra labor, sino a la de nuestros amigos-enemigos o frenemies, como les dicen en inglés). 

Tenemos la creencia de que los matrimonios deben ser felices y perfectos, por lo que el fin de una relación se considera como un fracaso. Por ello, no creo que a corto plazo veamos fotos de nuestros amigos subiendo a Facebook imágenes de la firma de su divorcio en el juzgado. Tampoco imagino que alguien ponga en su estatus de la relación: “Atravesando por una etapa difícil”, “ahorita ni nos hablamos” o “soy infiel”.

¿Por qué nos cuesta tanto trabajo soltar la idea de que los matrimonios son perfectos y eternos? Sabemos que hasta los mejores matrimonios atraviesan por etapas difíciles, la infidelidad existe y el índice de divorcios ha ido en aumento; sin embargo, a pesar de saberlo, nos cuesta aceptar que las cosas no van bien y desde luego compartirlo. Un autoengaño o negación con la esperanza, quizá, de que los problemas sean temporales y desaparezcan, como unas nubes negras que se lleva el viento. Por eso preferimos guardarnos nuestras tribulaciones y compartirlas con nuestros íntimos a ventilarlas a los cuatro vientos. Recuerdo que hace poco comenté acerca de una pareja que acababa de conocer: “Parece que se quieren mucho”, a lo que mi amiga, que los conoce mucho mejor que yo, respondió: “Sí, se llevan muy bien para el trabajo, pero no como pareja. Están en trámites de divorcio”. Me sorprendió porque durante dos horas, además de parecer una pareja muy bien avenida, no mencionaron nada al respecto. Curioso, porque ambos son muy liberales y uno podría suponer que para ellos el tema sería algo muy natural. Lo cierto es que el divorcio no es solo tabú en Facebook.

Más allá de las redes sociales, es importante reconocer que la vida no es perfecta y que nosotros tampoco lo somos. Existen problemas, nos equivocamos, las cosas no salen como quisiéramos, a veces tenemos deudas y, sobra decirlo, las relaciones son complicadas —o las hacemos así—. En vez de sentirnos mal y verlos como fallas o errores podríamos aceptarlos como lo que son: eventos y situaciones. Tenemos tanto miedo a aceptar la naturaleza no perfecta de las relaciones que nos impide entender que la felicidad no depende de otra persona sino que es nuestra responsabilidad. Claro que es triste terminar una relación, pero cuando pasamos de ser media naranja a medio limón y estar en esa relación nos hace sentir miserables y es momento de actuar: O hacemos un gran esfuerzo por mejorarlo o lo dejamos, porque estar toda una vida en una relación que no funciona no tiene sentido. Si una relación termina, sucede porque durante un tiempo, por lo menos uno de los integrantes no estaba contento, ni se sentía enamorado y compartía su vida con la persona incorrecta. Quizá, para muchos, dejar de estar con la persona equivocada es una de las situaciones más positivas que pueden sucederle en la vida. El divorcio es un tabú para Facebook, porque todavía lo es para nosotros.

 

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