Neteando con Fernanda

Vámonos a lo oscurito

Si escuchamos “luces nocturnas”, inmediatamente pensamos en luces de neón afuera de un antro. Si la frase es vida nocturna, la asociaremos con parranda, alcohol, excesos, humo y reventón, en el mejor de los casos. Pocos, muy pocos, pensarán en las estrellas cuando escuchen luces nocturnas y menos aún pensaran en murciélagos o en flores que abren sus pétalos y esparcen su perfume de noche al oír la frase “vida nocturna”. 

¡Cuántas estrellas! Exclamamos  sorprendidos cuando salimos de la ciudad para ir al campo. Nada de cuántas. Son las mismas estrellas en todas partes, su número no cambia, lo que sucede es que la iluminación artificial nos impide verlas. Nos preocupa la escasez de agua, la contaminación, el uso de combustibles fósiles y, claro, debemos preocuparnos por ellos, pero no hablamos y no nos preocupamos por la contaminación lumínica y, al igual que otros temas ambientales, debemos hacerlo. Estamos perdiendo uno de nuestros patrimonios, se nos está escapando algo que es indispensable para nuestra salud y eso es la oscuridad.

Tuve la oportunidad de platicar con Paul Bogard gracias a mi amiga Myriam Vidriales, quien me lo presentó en el Hay Festival de Xalapa. Paul es profesor de literatura creativa de no ficción en la Universidad de James Madison en Virginia. El creció en Minnesotta, que era un estado bastante oscuro y le gustaba, disfrutaba esa oscuridad. Un día, notó que cada vez era más difícil ver las estrellas. Cayó entonces en cuenta que se estaba perdiendo la oscuridad. Paul se puso a investigar todo lo que sucede a consecuencia de esta pérdida. Este estudio lo llevó a realizar un viaje por varios países, desde Las Vegas, Nevada (el lugar más brillante del planeta), a la oscuridad en un desierto. Las experiencias de este viaje y sus años de estudio los incluyó en su libro El fin de la oscuridad.

Para Paul la oscuridad es parte de la naturaleza, es necesaria para el medio ambiente y para nosotros como seres humanos. Paul subtituló su libro Buscando a la noche en una era de luz artificial, con un significado literal pero también uno metafórico: “Buscamos la luz artificial, queremos todo rápido, fácil, feliz y olvidamos que vivir con la oscuridad es parte de la naturaleza humana. A veces estamos tristes, deprimidos, no comprendemos, no sabemos a dónde ir y es una parte de la vida. Las civilizaciones antiguas entendieron esto y le daban su lugar a la oscuridad, pero ahora pensamos que podemos vivir sin ella”.

Paul me explicó cómo de esta oscuridad nació la posibilidad de ver las estrellas, aprender de ellas. La oscuridad es propicia para la reflexión, el pensamiento y la meditación. Esta pérdida de oscuridad tiene consecuencias importantes en la salud del ser humano. La luz interrumpe nuestro sueño y da lugar a trastornos de sueño que provocan enfermedades como cáncer, diabetes y depresión, interrumpe los ciclos circadianos, impide la producción de melanina (se ha encontrado que los niveles bajos de melatonina están relacionados con cáncer de próstata y de mama).  Para la naturaleza también es desastrosa. La luminosidad destruye hábitats de las criaturas que necesitan de ésta para vivir.

Podemos disminuir esta contaminación lumínica. ¿Cómo? Primero dándonos cuenta que usamos demasiada luz y que mucha de ella se va al cielo, lo cual no beneficia a nadie. El tapar las fuentes de luz (alumbrado público principalmente)  es sencillo y tiene grandes beneficios. Si las diriges hacia el suelo nos dejará con la misma cantidad de luminosidad, pero reducirá la cantidad que llega al cielo.

Nos referimos siempre a la luz como una cualidad sin darnos cuenta que todo tiene dos caras; el yin y yang. Después de todo, como Paul explica, la evolución de las especies se dio con días luminosos y noches oscuras. Necesitamos la luz, pero también la oscuridad. También en sentido metafórico. Necesitamos tiempo para descansar, reflexionar y cargar baterías. La oscuridad nos da eso, y quizá es en este estado que nos sentimos más románticos y cachondos, y cuando nos sentimos atraídos por alguien queremos que nos lleven a lo oscurito.

En todas las culturas, recordó Paul, para poder ser un héroe hay que enfrentarse a la oscuridad. Hablando de ésta en términos psicológicos, una de las grandes tareas que tenemos en la vida es aceptar que tenemos una parte oscura, a la que tenemos que conocer, aceptar y aprender a vivir con ella. Tenemos que aceptar que es una parte de nosotros y de la vida, al igual que la luminosidad. Dentro de nosotros conviven la alegría y la tristeza, la agitación y la calma, la aceptación y el enojo. Cuando logramos entender y apreciar la oscuridad, somos héroes de nuestra propia vida.

 

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