Neteando con Fernanda

Vacaciones...

Las vacaciones son una receta maravillosa para desconectarnos y salir de la rutina. Esa que tenemos tan arraigada que ya ni siquiera la notamos. Abrimos los ojos, tomamos el desayuno y salimos corriendo a trabajar y —muchas— horas después, vuelta a casa. Un día tras otro.

No importa cómo sean las vacaciones que hayamos elegido, llenas de aventura, cultura o descanso; solos o acompañados, el estar un tiempo fuera es un regalo mágico que nos da la oportunidad de aprender y ver las cosas bajo otro ángulo.

Para mí, vacaciones significa "estar lejos". Mi concepto de lejanía no tiene que ver con kilómetros, es más bien un estado mental. Muchas veces he estado a unos cuántos kilómetros de la Ciudad de México y me he sentido "lejos". Esta lejanía llega cuando hay poco Internet, llamadas telefónicas inexistentes, ausencia de televisión y Netflix, la rutina desaparece y podemos hacer las cosas que cotidianamente no hacemos: más ejercicio, leer durante horas, dar largos paseos, o embarcarnos en alguna aventura.

Tuve la suerte de salir de vacaciones a principio de marzo. Estar fuera fue maravilloso. Visité amigos queridos, conocí un gran país como Marruecos y tuve la oportunidad de convivir con gente muy interesante. Una gran experiencia. Con tantas sorpresas agradables, el tiempo del que somos esclavos, perdió importancia. Si era lunes o martes no era relevante. Claro indicio, en mi opinión, de que las vacaciones han surtido efecto.

Independientemente de que hayan sido vacaciones de descanso, dedicadas a la contemplación del paisaje y a la lectura o unas llenas de aventura; si fueron en la ciudad o en la playa; en nuestro país o en extranjero; cortas o largas; estos días mágicos —que desearíamos fuesen eternos—, tienen que llegar a su fin (de lo contrario dejarían de ser días de asueto).

Vuelta a la rutina. Nos topamos con lo mismo que dejamos. Hay que responder montones de correos, ponerse al día en el trabajo y con los pendientes domésticos. Parecería que nos va a caer una lápida encima y que nos arrepentimos de haber salido unos días, pero no es así. Si bien es cierto que salir de la rutina no cambia nuestra realidad, ni resuelve los problemas, nos permite alejarnos de ellos. Cuando volvemos de esos días de asueto, nuestros problemas están ahí pero podemos verlos desde otro ángulo.

Bien dicen que no es lo que sucede, sino cómo vemos y qué hacemos ante eso. El tiempo de descanso es una gran oportunidad para cambiar el enfoque de muchas cosas que nos tienen atrapados, atorados y de malas. Cuando logramos distanciarnos emocionalmente de algún problema, podemos encontrar soluciones o al menos encontrar una manera de que sean más ligeros, manejables.

Apreciamos muchas cosas que no tomamos en cuenta por estar corriendo de un lado a otro, batallando contra una ciudad que a veces resulta insoportable y nos deja sin tiempo ni fuerzas para disfrutar el sabor de un café. Después de unos días fuera, logramos apreciar esas cosas que por la rutina habíamos dejado de percibir como la amabilidad de la señora que nos atiende en el mercado o lo mucho que disfrutamos las conversaciones, aunque sean breves, con nuestros colegas.

Los días que pasamos fuera nos dejan siempre alguna enseñanza que podemos aprovechar. Por mínimo que parezca, algo cambio en nosotros. Aunque las vacaciones hayan sido unos días en casa y nos hayamos dedicado a ordenar y limpiar, el estado mental se transforma.

Es innegable que uno se siente diferente después unas vacaciones. Con más ánimos, mejor humor y más ganas para seguir con esas labores cotidianas o poner en práctica esas ideas que nos vinieron a la mente mientras recorríamos un museo, leíamos un libro o mirábamos tranquilamente un paisaje. Quizá de ese tiempo fuera hayan surgido nuevas ideas o nos hayamos sentido inspirados para hacer algo diferente.

A pesar de que llegan a su fin, recordar es volver a vivir y es muy agradable compartir esas experiencias y aventuras con nuestra familia y amigos, y de la misma forma escuchar las suyas. Semana Santa es el periodo vacacional por excelencia. Espero que para todos estos días hayan sido de inspiración y lleguen contentos y con las pilas bien cargadas, para que nos contagien.

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