Neteando con Fernanda

“Ups, tenemos que hablar de infidelidad”

Durante la semana leí un artículo de Dan Bilefsky en The New York Times acerca de la conmoción que causó un anuncio de un portal para las que buscan una aventura. La empresa lanzó una campaña con una manzana mordida y la leyenda: “Gleeden, el primer sitio de encuentros extra maritales pensado por mujeres, para mujeres”.

El anuncio no fue bien recibido. Muchos se escandalizaron y lo consideraron como una amenaza a la moral y las buenas costumbres. La empresa de los autobuses que llevaban el anuncio decidió retirarlos, ya que las quejas en una semana eran más de la mitad del total de quejas que recibe en un año.

Siete ciudades decidieron retirar la publicidad. Asociaciones religiosas pusieron el grito en el cielo e iniciaron una campaña en las redes sociales bajo la etiqueta: #StopGleeden (Detengan a Gleeden), argumentando que la infidelidad destruye al matrimonio y que esos anuncios atentan contra la familia. Ante los ataques, la vocera de la empresa denunció censura ante los tribunales, alegando que la infidelidad había sido despenalizada desde 1975. Definitivamente, a pesar de ser muy practicada, es un tema que levanta ámpula.

Lo sorprendente es que todo sucedió en Francia. El país del amor y la seducción, donde las amantes de los reyes —desde luego casadas— han sido más famosas y poderosas que las propias reinas. Tal es el caso de Madame de Pompadur, cortesana de Luis XV, quien desde luego tuvo un marido a quien le puso alegremente los cuernos. La infidelidad en ese país no es nueva ni desconocida.

Por eso me parece incomprensible que hayan retirado los anuncios; máxime que hace apenas unos meses tres millones de personas tomaron las calles para manifestarse a favor de la libertad de expresión por lo ocurrido en la revista Charlie Hebdó.

Los franceses no son los únicos con esta doble moral acerca de la infidelidad (y dicho sea de paso, sobre la libertad de expresión). En México, sucede algo parecido; a diferencia de la masculina, que es tolerada o hasta en ciertos casos aplaudida; la de las mujeres es algo que preferimos no ver y no hablar.

Lo cierto es que la infidelidad femenina ha existido siempre y la prueba está justamente en que existe la masculina. Un amigo me dijo: “Desde luego que hay muchas mujeres infieles, si no fuera así, todos tendríamos la misma amante…”.

Ante la infidelidad masculina quizá habría que preguntarse quiénes son las amantes de los varones ya que resulta bastante poco probable que todas sean solteras. Mi amigo no cree que la infidelidad femenina haya aumentado a últimas fechas. El considera que siempre han existido mujeres infieles, lo que sucede es que hoy es un tema del que se habla más; coincido con él, hace algunos años ninguna mujer hubiese confesado ser infiel ni bajo tormento, hoy algunas lo hacen y otras hasta alardean.

No podemos cerrar los ojos a la realidad. El sitio Gleeden, fundado en 2009, dice tener 2.5 millones de usuarios; un millón de ellos en Francia. Hay un número importante de mujeres buscando amoríos en las redes sociales (eso sin contar que hay muchas que buscan y tienen amoríos fuera de ellas). Lo mismo sucede en todas partes.

Es algo que ha existido desde que el mundo es mundo, y seguirá. La infidelidad no es exclusiva de un género o país, y la fidelidad no es para todas las personas.

La infidelidad es una decisión personal. No se trata de justificarla ni satanizarla. Cada quién sabrá su cuento.

Lo que como sociedad tenemos que ver, es si no estamos midiéndolo todo con un doble rasero y si tenemos los ojos cerrados a la realidad. Los franceses quizá harían bien en cuestionarse si más que liberales, son cada vez más conservadores y si verdaderamente quieren ir para allá. Nosotros, podríamos preguntarnos también qué es lo que estamos midiendo con un doble rasero.  La doble moral no es positiva para nadie. Como dijo Andrew Lloyd Webber en su obra de teatro Aspects of love: “Hay mucho más sobre el amor, mucho más, que tan sólo hacer el amor, eso es fácil…”

 

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