Neteando con Fernanda

Temporada de impugnaciones

En una reunión con mis compañeros de la universidad, uno de ellos recordó una anécdota que uno de nuestros profesores relató en clase. El profesor contaba que en uno de sus asuntos más complicados, se había topado en la calle con el abogado de la contraparte y le había dicho: Oiga colega ¿Y cómo vamos a arreglar esto? ¿Por las buenas o por las malas? El profesor sonrió y respondió: “¿Cómo que cómo? Conforme a derecho, colega”, “Conforme a derecho”, repitió su contrincante. Ambos sonrieron. El resolver las cosas conforme a derecho implica imparcialidad y justicia. Cuando le preguntamos quién había ganado el asunto, él respondió: “El derecho señorita”. 

Los límites nos dicen qué podemos y no podemos hacer. El apegarse a la legalidad, da certeza. No hay nada personal en una norma jurídica. Se aplican —o deberían aplicarse— a todos quienes caen en el supuesto. Las leyes no están redactadas para perjudicar o favorecer a Fulano o Mengano. El que haga A tiene como consecuencia B y punto. El que se resuelvan las cosas conforme a derecho debería ser lo común. Desafortunadamente, vivimos en un país donde es más común resolver las cosas por las buenas o por las malas que conforme a derecho.

Existen leyes que son absurdas y deben cambiarse, pero mientras tengan vigencia, hay que seguirlas. Quizá es un absurdo que la edad para  ser presidente sea de 35 años cumplidos al día de la elección, pero mientras esté vigente, no pueden contender los que no alcancen esa edad. No importa si los consideramos capaces o son idóneos para el puesto. Tampoco importa de qué partido sean, simplemente no cumplen un requisito establecido por la ley y punto. No es personal, no es en su contra, tampoco son víctimas, simplemente se está aplicando la ley, lo cual es algo positivo.

Me enviaron una foto con un voto nulo. Sobre la boleta alguien escribió las siguientes palabras: “Aprovechando que los tengo a todos juntos: vayan y chinguen a su madre”. Una disculpa por el lenguaje, espero no ofenda a nadie, lo pongo porque creo que refleja el sentir de muchos. Los abusos de los partidos y candidatos —que ellos mismos se han encargado de exhibir—, ya colmaron la paciencia de muchos ciudadanos y han logrado que les hayamos perdido la confianza. No a uno u otro, aclaro, sino en la clase política en general. Estamos hartos de que rebasen los topes de campaña, de millones de spots sin propuestas, de juanitos y chapulines. Cansados de la falta de respeto por las decisiones, de impugnarlo todo, denunciar inexistentes fraudes y tomar la ciudad como rehén para protestar por esa ficticia injusticia.

Si es triste ver que en tiempos de campaña candidatos y partidos no respetan la ley, el que los ciudadanos justifiquen esos atropellos solo porque comulgan con el partido o candidato también lo es. Es terrible escuchar las consabidas cantilenas: “Es que no había de otra”, “le robarán la elección”, “compraron los votos”. Letanías que repiten sin que existan pruebas, desde luego hay que denunciar las arbitrariedades e impugnar lo injusto, pero el usarlo como estrategia política, no es ético y desgasta la ya muy reducida confianza en la democracia.

Es difícil ser objetivo y congruente, pero es en nuestro beneficio. Si bien es válido tener preferencias políticas, no podemos mirar hacia el otro lado cuando ellos violan la ley. El decir que hay otros que hacen lo mismo, no los hace inocentes. La legalidad y certeza jurídicas son mucho más importantes que una persona o un partido. Necesitamos ejercer como ciudadanos nuestra congruencia en estos momentos, porque está claro que los partidos no van a hacerlo.

En tiempos electorales, la legalidad es indispensable para el fortalecimiento de la democracia. Por ello es necesario que los partidos y candidatos respeten las condiciones y normas; se ajusten a tiempos y presupuestos y, quizá lo más importante, respeten la decisión de los ciudadanos.

Me cuesta trabajo entender la ceguera a o necedad de los partidos y candidatos que parece que no pueden ver el daño que se causaron a ellos mismos después de las campañas, y creo que me cuesta aún más el que no vean el daño que causan con sus plantones, bloqueos y marchas para defender una victoria en la que ni ellos creen. El recurso de impugnarlo todo, hablar de fraudes inexistentes y victimizarse también es un recurso gastado que en nada favorece a la democracia, ni construye el país que queremos. Nos piden que votemos, bueno nosotros pedimos que respeten nuestra decisión a pesar de que no les favorezca.

 

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