Neteando con Fernanda

Recordar por qué amamos

Cosas extraordinarias suceden cuando menos se espera. Esta semana tuve una experiencia extraordinaria dentro de lo ordinario y quiero compartirla: resulta que tenía que hacer una entrevista en Bellas Artes; me dieron los datos del entrevistado y la hora en que sería la conversación. Tomé nota y me puse a leer sobre el tema.

Al día siguiente llegué puntual al Palacio de Bellas Artes. Me sorprendió que Rodolfo Domínguez —mi camarógrafo— y yo fuéramos los únicos en la entrada. Pensé que los demás compañeros de otros medios estarían adentro. Después de pasar de una puerta a otra finalmente logramos ingresar. Personal de Bellas Artes nos encaminó con el equipo de difusión de la orquesta.

El ensayo había comenzado. Caminamos entre bambalinas tratando de no hacer ruido... Cuando nos abrieron la puerta del teatro me di cuenta de que no había nadie más en la sala.

Me indicaron que me sentara y que alguien me buscaría para la entrevista. Así lo hice mientras Rodolfo realizaba tomas del ensayo. Estaba en el Palacio de Bellas Artes escuchando una sinfonía de Beethoven, sola, como si fuera la dueña del lugar. La música seguía, la orquesta paraba por instantes a indicación de David Stern, quien precisaba cómo quería que sonara.

Los músicos y el director denotaban una gran pasión por su trabajo. El Palacio de Bellas Artes, que siempre me ha parecido imponente, ahora, sin gente alrededor, lo sentí más pequeño, familiar.

Disfruté cada segundo mientras escuchaba la orquesta prácticamente sola. Cuando llegó la hora del descanso los músicos dejaron de tocar. Vinieron para llevarme a la entrevista con el maestro David Stern, quien dirige  la Orquesta Sinfónica Nacional en dos conciertos.

Stern es una persona muy amable y atenta. Sus ojos se iluminan cuando habla de su trabajo y de la música.

Empecé por preguntar qué había elegido para los conciertos. Me respondió que dado que la sala (el Palacio de Bellas Artes) cumplía 80 años, merecía tener la mejor música... Eligió Beethoven para ello.

De acuerdo con el hijo del famoso violinista Isaac Stern, Beethoven mantiene vivos a los músicos, y a pesar de que ha dirigido esas piezas en múltiples ocasiones, cada vez encuentra algo nuevo y aprende sobre ellas. Stern me explicó que toda la melodía estaba en la mente de Beethoven, ya que para el momento en que la compuso se había quedado sordo y no podía escucharla.

En vez de escribir una música amarga o trágica, Beethoven —al igual que otros grandes músicos— logró componer obras alegres, armónicas y hermosas, a pesar de que su vida estaba llena de tristeza.

“Pudo haber escrito algo muy oscuro y eligió algo ligero. Y encuentro eso conmovedor, ya que la música responde a nuestros miedos y alegrías más profundos, es algo que está bajo la superficie, no tiene que ver con lo que hiciste ayer o comiste hoy, sino con quién eres verdaderamente, y cuando tocamos Beethoven volvemos a eso y sentimos algo que es mucho más grande que nosotros, eso es maravilloso”, dijo Stern.

Siempre me ha gustado mi trabajo. Amo lo que hago. Adoro escribir mis libros, escribir las columnas para MILENIO, Contenido y otros medios; hacer entrevistas, dar asesoría en marketing, estar al aire en la radio con Gonzalo Oliveros y los reportajes de cultura en UnoTV.

Desde luego que algunos días me gustan más que otros. Detesto los momentos en que el trabajo se acumula y no ves cómo vas a terminar; tampoco me gusta cuando me siento desconectada y sin inspiración; sin embargo, el balance siempre es positivo.

Mientras escuchaba a Beethoven y entrevistaba al maestro Stern recordé que son esos momentos los que me hacen amar mi empleo y me sentí verdaderamente afortunada de tener un trabajo que me permita vivirlos y compartirlos.

Lo extraordinario existe con frecuencia dentro de lo cotidiano, la bronca es que dejamos de percibirlo. Por eso es importante estar atentos y hacer un esfuerzo por recordar qué es lo que nos hace apasionarnos por nuestra labor, proyectos, lugar donde vivimos, personas que elegimos tener cerca… Cuando logramos recordarlo, regresa la pasión y la inspiración; lo negro desaparece.

Quizá las cosas no salieron como esperábamos (pocas veces lo hacen), pero estas contrariedades no deben desanimarnos ni hacernos sentir que no es un trabajo adecuado para nosotros.

Tenemos muchos momentos agradables en nuestro desempeño. El reconocer qué es lo que nos gusta y entender que somos afortunados en poder hacerlo es un privilegio, inspira.

Mañana es lunes, muchos vamos a ir a trabajar, recordemos antes de llegar eso que nos apasiona de nuestra labor. Estoy segura que será una mejor semana. Por lo pronto, buen domingo.

 

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