Neteando con Fernanda

Papás modernos

La forma en que hombres y mujeres disponen de su tiempo ha cambiado mucho durante los últimos 50 o 60 años. Los padres realizan más quehaceres domésticos y cuidado de los hijos, mientras que el número de mujeres que realizan un trabajo remunerado fuera de casa ha aumentado. Los roles empiezan poco a poco a converger.  Si bien todavía hay un rezago para hablar de equidad parental, las leyes han ido cambiando. Las empresas empiezan a entender y apoyar a los padres para que puedan estar más tiempo con sus hijos y no se pierdan esos momentos únicos. La licencia de paternidad que hace unas décadas hubiera sonado absurda hoy es una realidad para muchos.

Por supuesto que estos cambios tienen consecuencias: el nuevo modelo de paternidad ha aumentado el nivel de estrés en los hombres que se preocupan por compaginar su trabajo y la paternidad. Preocupación que también afecta a las mujeres, pero que hasta hace unos años no era percibida por los varones.  En términos de equidad en este rubro falta mucho por hacer todavía. Existe una baja expectativa en las empresas sobre el rol parental de los hombres, pero no así en las familias. El estudio “The New Dad: exploring fatherhood with a career context”, pone de manifiesto que la paternidad en los hombres es recibida de forma muy positiva en el trabajo, ya que se percibe como un signo de madurez. Pero como contrapartida, no se espera que la paternidad tenga consecuencias a nivel laboral del mismo modo que una mujer. Es decir las empresas aman que sus empleados sean padres, pero no quieren las consecuencias que esto conlleva.

Nuestra generación es testigo de cómo han cambiado las cosas. Si bien crecimos con una idea tradicional sobre la paternidad, decidimos no repetir lo que hacían nuestros abuelos cuando fuimos padres.

Mis abuelos eran completamente diferentes. Mi abuelo materno pasó los años de la revolución en el extranjero estudiando idiomas. Mi abuelo paterno, en cambio, luchó al lado de Zapata y fue diputado en tiempos de Álvaro Obregón. Eran dos personajes opuestos en todo —o casi todo—; en lo que ambos coincidían era en los roles que debían tener en la paternidad. Ellos eran los proveedores y sus mujeres se ocupaban de la casa y los hijos, lo tenían clarísimo. Mis abuelas, que a su vez eran polos opuestos, desde luego coincidían con sus maridos. Cada uno estaba muy bien en su rol y no interfería en el del otro. Ninguno de mis abuelos hubiese pensado en cambiar un pañal y mis abuelas no consideraron ni remotamente la posibilidad de pedírselo. Por supuesto que ellos intervenían en la educación de sus hijos, pero de una forma lejana.

No puedo imaginarme a mis abuelos levantándose temprano para llevar a sus criaturas a la escuela o pedir permiso en la oficina para asistir al festejo escolar de sus retoños. Se sentían felices siendo proveedores y no tenían culpas por no pasar tiempo suficiente o de calidad con sus hijos. Tanto ellos como ellas estaban muy conformes con ese arreglo y así educaron a sus hijos. Mis padres no tuvieron problema para repetir en gran medida lo que habían visto de sus padres, pero sí recuerdo a mi padre en mis fiestas escolares.

Así como ha aumentado el número de mujeres en la fuerza laboral, los padres solteros han demostrado que pueden hacer un gran trabajo educando a sus hijos. En los divorcios ya no es tan poco común ver a padres que piden —y obtienen— la custodia de sus hijos menores, lo que fue impensable durante muchos años. Empezamos a ver baños “familiares” para que los padres puedan cambiar el pañal de su bebé sin tener que entrar al baño de mujeres.

Los padres modernos (entre ellos mi hermano), a diferencia de sus padres y abuelos, están involucrados en la crianza de sus hijos desde que nacen. Cambian pañales, preparan y dan biberones, van a las citas con el pediatra, a las juntas escolares, no se pierden sus clases públicas, ni el festival de la primavera. No nada más no lo ocultan en su oficina, sino que lo comparten orgullosos. Quizá las mujeres tendríamos que entender que esta equidad conlleva también apoyar en gastos de la casa o de los hijos, apreciar su rol de proveedores de la  misma forma que queremos que aprecien el trabajo doméstico. El que los roles estén cambiando, definitivamente son buenas noticias. El sacudirnos clichés de que las madres son mejores para cuidar a los niños y los padres deben ser únicamente proveedores es limitante y falso. Estamos mucho mejor sin esas ideas.

Muchas felicidades a todos los padres en este día, especialmente al mío, Javier de la Torre.

 

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