Neteando con Fernanda

Noelia, historia de una promesa cumplida

“Papá, quiero ver tortugas mañana”. Le dijo una noche Noelia a su padre. Como en otras ocasiones, habían salido a dar un paseo en la playa, el cual fue interrumpido por una tortuga marina que salió del mar a desovar. Ante la atenta mirada de Noelia y su padre, una tortuga salió del mar y lentamente caminó hasta llegar a un sitio en la playa. Noelia y su padre no lo sabían, pero era la misma playa en la que años antes había nacido. Con sus aletas hizo un hoyo en la arena y se acomodó sobre él para depositar sus huevos. Cuando terminó, lo cubrió con arena y regresó al mar. Con sumo cuidado, Noé marcó el lugar haciendo un círculo de piedras para poder regresar cuando finalizara la incubación. Noelia, con menos de cuatro años, quedó impresionada por la experiencia. Menudita, de pelo rubio y una carita de ángel, ignoraba el efecto que sus palabras tendrían en la vida de su familia y los habitantes de la comunidad. Noelia volvió a repetir: “Papá, quiero ver tortugas mañana” y su padre se comprometió a hacerlo.

Noé sabía poco de tortugas, pero quería cumplir la promesa a su hija, por lo que se puso a estudiar. Aprendió que la tortuga que había visto en la playa de Los Barriles, en Baja California Sur, era golfina, una de las siete especies de tortugas que anidan o se alimentan en México y una de las ocho que existen en el mundo. A pesar de que nacen miles de tortugas cada año, están en peligro de extinción. Solo una de cada mil llegará a la edad adulta.

Después de 40 días, Noelia y su padre volvieron al sitio hasta que sucedió el milagro: la arena comenzó a moverse y apareció la primera. Poco a poco salieron las demás y juntas emprendieron lentamente su camino hacia el mar. En esos momento enfrentan su primer peligro, ser devoradas por aves o cangrejos. Los científicos creen que esta caminata les permite guardar en su memoria los químicos del lugar, para poder ubicarlo y volver a él años después. Una vez en el mar, les perdemos la pista. Los científicos los llaman “años perdidos”. No las veremos otra vez hasta que alcancen la edad reproductiva y regresen a desovar en la misma playa en la que nacieron. Un misterio y un milagro.

Después de estudiar sobre las tortugas, Noé inició con el trámite de los permisos para poder formar un grupo tortuguero. Fue rechazado, pero decidido a cumplir su promesa, buscó asesoría hasta que finalmente la autoridad le consiguió el permiso y Noé empezó a patrullar 17 kilómetros de playa cada madrugada.

Un día le pidió a su hermano Omar que lo acompañara en su patrullaje y le ayudara a llevar los huevos a un corral protegido. La magia del trabajo hechizó a Omar, quien empezó a patrullar todas las noches durante la temporada. Lejos de recibir un centavo por estas tareas, Omar y Noé Ariza gastan sus propios recursos en gasolina, mantenimiento del corral y refacciones para las cuatrimotos, entre otras cosas.

 Generalmente Omar patrulla por las noches y Noé por las madrugadas. A veces tienen que cavar hasta 14 nidos en el corral. Omar encuentra cansado el hacer los nidos para guardar los huevos pero vale la pena por la satisfacción de ver a las tortugas nacer. Al igual que muchos otros habitantes de Baja California Sur, Omar y Noé se vieron afectados: el corral desapareció con el huracán Odile. El sitio donde se encontraba estaba cubierto de escombros, los nidos destruidos.

¿Por qué cuidar a las tortugas? Como dice la pequeña Dian, hija de la bióloga y maestra en ciencias Graciela Tiburcio, que con tan solo 10 años sabe más que muchos sobre tortugas, y participó en la Reunión de la Niñez por la Conservación de Tortugas Marinas, primero que nada porque “son una especie fabulosa” que además juegan un papel importante en la regulación de ecosistemas. Son uno de los pocos depredadores de las medusas. Si se extinguiesen, las medusas se multiplicarían sin control haciendo, si no imposible, sí bastante peligroso nadar en el mar, lo que alejaría a muchos turistas. Para ayudar a sobrevivir a las tortugas necesitamos gente como Noé, que las cuida, y como Graciela, que desde hace dos décadas estudia afanosamente el comportamiento de estos reptiles y ha hecho un importante trabajo de concientización a las comunidades en varios países.

Con el apoyo de la Alianza WWF-Telcel, Omar y Noé pudieron reconstruir y legalizar su corral; Graciela pudo poner un transmisor satelital a una tortuga golfina hembra adulta a la que nombró Noelia, para conocer sus hábitos alimenticios y migratorios. Los datos que arroje el transmisor serán invaluables para ella y otros científicos. Puedes conocer más de las tortugas, y el trabajo de Graciela y otros científicos  enwww.lanaturalezanosllama.com y si quieres apoyar a Omar y Noé, puedes escribir a omararaiza1@hotmail.comnoearaizapiol@yahoo.com.mx.

 

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