Neteando con Fernanda

Mismo infierno, diferente diablo

“Cometer un error y no corregirlo es otro error”.

Confucio

Claudia se quejaba de lo mucho que trabajaba su novio. Nunca tenía tiempo para salir y los planes cambiaban o se cancelaban si surgía algo de chamba. Claudia quería una relación formal con él y a pesar de que sabía que la quería, detestaba la idea de estar sola en todos los eventos familiares, laborales o con sus amigos. Cuando el susodicho llegó cuatro horas tarde a la boda de su hermano, Claudia supo que tenía que terminar la relación. Así lo hizo, y después de una temporada de lágrimas y tequilas, empezó a salir con Manuel, quien parecía opuesto a su ex y se casó con él.

Por increíble que parezca, un tiempo después escuchamos las mismas quejas por parte de Claudia. Manuel, que se veía tan relajado y tranquilo, resultó ser un deportehólico. Cuando no estaba corriendo, estaba nadando, montando en bicicleta o lo que fuera. Y si no practicaba un deporte lo veía. Claudia asistía sola a todos los eventos porque su marido estaba entrenando o no podía desvelarse para poder ejercitarse al día siguiente. Resulto igual o peor que su ex. Vivía en el mismo infierno, solo que con diferente diablo.

Supongo que todos hemos estado en la misma situación de Claudia: repitiendo nuestro infierno. Dejamos una empresa porque tenemos problemas con la jefa, para llegar a otra donde tendremos problemas con el nuevo jefe. Te cambias de ciudad, pero si llevas tus problemas sin resolver vivirás situaciones similares, no importa que estés del otro lado del mundo. Quienes se han casado dos o tres veces saben que repetir infiernos es más común de lo que parece.

Hace 100 años, el padre del psicoanálisis, Sigmund Freud, llamó a esa conducta “compulsión de la repetición”. Ésta lleva a los individuos a tener un idéntico desenlace en todas sus relaciones. Por ejemplo, benefactores que se ven traicionados por sus protegidos o mujeres que dejan a un mujeriego para buscar a otro. Sabemos que, como dijo Einstein, solo un loco espera resultados diferentes haciendo lo mismo. Así que hay que cambiar para obtener algo distinto. El problema es que para poder tener actitudes diferentes tenemos que saber qué queremos cambiar de nosotros y por qué repetimos el mismo patrón.  

Está claro que debemos trabajar mucho en nosotros después de una separación, un despido o cualquier situación dolorosa para no repetir nuevamente el infierno una vez que logramos salir de él. El problema es, como todo, que no nos gusta aceptar que nos equivocamos y cambiar el rumbo para no repetir los errores. Es fácil que tropecemos con la misma piedra gracias a nuestra decisión (¿necedad?). Trabajar en uno mismo puede resultar aterrador para algunos. Prefieren esconder eternamente la basura bajo la alfombra hasta que es un montículo que te hace tropezar una y otra vez. Otros deciden “agarrar el toro por los cuernos” y, a pesar de su determinación, está claro que no es una labor ni fácil ni rápida.

El otro día vi en Twitter una foto que decía: “La vida es tan buena maestra que, si no entiendes la lección, te la repite”. ¡Vaya que lo es! Parecería que tenemos un radar en el subconsciente para encontrar justo eso que aseguramos no querer. Un amigo dijo que buscaría una mujer diferente a su madre, con la que tenía una mala relación. A los cinco años de casado se sorprendía diciendo que su esposa hacía tal como su mamá (lo cual, justo en este caso, no es nada bueno). Alexis Schreck dice que nos relacionamos con nuestros maestros, jefes, hermanos, amigos, parejas e hijos con el bagaje de experiencias que marcaron nuestra infancia, que nos dejaron huella y cicatriz, para bien y para mal. Tenemos la tendencia a repetir en la actualidad vivencias de nuestra infancia. Nos comportamos de la misma forma que lo hicimos con nuestros padres y hermanos, y utilizamos actitudes idénticas, ideas, emociones y pensamientos, de forma que nos volvemos a colocar en las mismas situaciones penosas frente a los demás, sin advertir que pertenecen a nuestras experiencias más tempranas, ahora ya olvidadas.

Me pregunto si como país no estamos haciendo lo mismo: repitiendo una y otra vez nuestro infierno con diferentes diablos. Las mismas situaciones que no nos gustan una y otra vez. Escondemos la basura bajo la alfombra culpando a todo y a todos en vez de hacer una reflexión seria de qué es lo que pasa y por qué. Es fácil echarle la culpa al gobierno de todo lo malo cuanto acontece, pero si no tomamos este asunto con seriedad, seguiremos viviendo en un país con muchos problemas: el mismo infierno con otro gobierno.


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