Neteando con Fernanda

Mil maneras de malentendernos

Tenemos muchas maneras de comunicarnos. Buena parte de nuestras conversaciones hoy en día, por ejemplo, requieren de nuestros dedos en vez de nuestra voz. Pasamos horas conversando o chateando con nuestros amigos y familiares por WhatsApp o cualquier aplicación similar. La tecnología, que nos ofrece mil maneras de comunicarnos, desafortunadamente también ofrece la posibilidad de tener grandes malentendidos en diferentes plataformas y aplicaciones (eso, sin contar lo ensimismados que pasamos mirando al celular cuando deberíamos estar prestando atención a la persona que tenemos a lado).

Algunos de los peores malentendidos que he tenido recientemente han sido vía chat. No sé si porque al escribir a la carrera usamos abreviaciones y dejamos fuera los signos de puntuación o porque es difícil captar el humor y el tono con el que está escrito. Como bien sabemos, una coma o un punto pueden cambiar el sentido de una frase. Estoy segura de que si decimos las mismas palabras en una conversación por chat y en persona, el resultado será totalmente diferente.

Además de eso, está el tono. Bien sabemos que muchas veces es peor la forma que lo que decimos que el contenido.  Podemos usar las mismas palabras pero el tono hace la diferencia. Una frase como “No seas tontito” cambia si se dice en tono cariñoso o agresivo y eso cuesta trabajo entender, y puede mal interpretarse en el chat. Existen parejas que pasan más tiempo chateado que hablando por teléfono cuando están separadas. Una amiga analista me comentó que en su consulta una pareja se quejaba de que le había gritado muy feo en el chat. ¿Cómo te gritó? Le preguntó y su paciente respondió: “Es que me escribió todo con mayúsculas”.

Por último está el humor. No todos entendemos una broma de la misma forma. Y si es difícil hacerlo en persona, por escrito es más complicado. Además de que hay chistes o bromas que no entendemos, al igual que en las conversaciones cara a cara, hay frases de violencia o control que se “disfrazan” seguidos por un  “jajajaja” o algún emoticón que guiña, entre otros. Si, por ejemplo, alguien escribe: “¿Por qué no me contestaste? Me tienes sufriendo, ¡qué cruel eres! ¿Eh? Ya pasaron más de 30 minutos y no sé nada de ti. Sufro”. Recibimos esta hilera de reclamos sin que quien los escribe sepa si estás en una junta con tu jefe, conduciendo, o en una consulta médica. Cuando te molestas o explicas lo qué sucedió, el controlador te dice: “Es broma” y —para rematar— “¿Es que no tienes sentido del humor?”

 El problema es que lejos de solucionarse con una conversación cara a cara, probablemente los reclamos del controlador o la controladora irán a más. 

Para quienes tienen alma de Sherlock Holmes, —o ya de plano de stalkers— la tecnología ofrece grandes posibilidades de husmear en la vida ajena y llegar a conclusiones erróneas. Por ejemplo, si ves que tu pareja estuvo en WhatsApp (lo siento pero eso de “guaseapear”, aunque lo haya aprobado la RAE, no me va) a las 3:45 am por última vez, seguramente piensas que se fue de jarra y te engaña. Lo último que se nos ocurre es que tenía insomnio y contactó a un amigo que vivía en otra zona horaria. De la misma forma si tu pareja dice que va a dormir y lo ves “en línea” dos horas después, quizá te ofendes, pensado que le aburre hablar contigo o que te está poniendo los cuernos. Definitivamente las opciones anteriores son posibles, pero también existe la posibilidad de que haya sucedido cualquier cosa no relacionada con la falta de amor que justifique que esté en línea, en vez de estar dormido, como era su plan original.

No creo que la forma de comunicarnos vaya a cambiar. Honestamente, el chat tiene muchas ventajas como para dejarlo. En muchas situaciones es más fácil contestar un chat que una llamada; sin embargo, creo que se debe de quedar solo en eso: temas superficiales o resolver cuestiones urgentes. “Te marco luego”, “estoy en junta”, “nos vemos a tal hora en tal lugar”, “ya llegué a casa. Todo bien” o cosas por el estilo. El tener conversaciones un poco más profundas vía chat es un riesgo y si las cosas están tensas, lo mejor (y más sensato) es dejar el chat y verse en persona para no seguir haciendo más grande el malentendido.

Ahora que contamos con tantas maneras de comunicarnos, hay que recordar que “hablando se entiende la gente”, para ahorrarnos malentendidos que nos ocasiona la comunicación vía chat y que se hubieran evitado hablando.

 

fernanda@milenio.com

Twitter http://twitter.com/FernandaT