Neteando con Fernanda

Madres desesperadas

Idealizamos la maternidad. Nuestra idea de madre es la de una mujer con cualidades de diosa, superhéroe y aires de santidad. Idealizar no es una buena idea, la maternidad no es la excepción, tiene crisis todo el tiempo. No nos atrevemos a confesar que es una chamba a la que a veces uno quiere renunciar y nos sentimos muy mal por ello. Está lejos de la idea de mamá perfecta, eres una madre desesperada.

Cuando tuvo a su primer bebé, Laura le reclamó a todas sus amigas que solo le hablaron de la parte maravillosa de tener hijos; le dijeron que todo era color de rosa. “Las muy hipócritas se callaron la parte de las noches sin dormir, las preocupaciones, el eterno cansancio. Mientras me pintaban un cuadro de ensueño, olvidaron hablarme de la otra cara de la maternidad”. Laura superó su depresión post parto y fue muy feliz hasta que sus hijos fueron adolescentes. Nuevamente se cuestionó la maternidad. “Yo tenía un hijita hermosa, nos comunicábamos con la mirada. Cuando yo decía blanco era blanco y cuando decía verde era verde. De repente esa niña maravillosa desapareció, ahora tengo enfrente a una persona que a todo dice que no y que nada le parece. No nos comunicamos ni nos entendemos. ¿Quién es esa persona? No la conozco”, dice Laura.

Ella no está sola. La adolescencia es una etapa difícil tanto para los padres, como para quien la “adolece”. Muchas madres —y padres, desde luego— se cuestionan la maternidad cuando sus hijos llegan a esa etapa; sin embargo, su hija es una adolescente normal. Hace lo que corresponde para su edad. Tiene que buscar su propia identidad separada de la de los padres y no es tarea fácil.

“Los adolescentes suelen sentirse omnipotentes y megalómanos; sin embargo, el adulto no debe darse por vencido. Debe ser un padre amoroso, que pone límites, sin ser autoritario ni permisivo. Si una madre se siente cansada, deprimida y claudica, deja al adolescente desprotegido ante los cambios”, dice Alexis Schreck, quien junto con Martha Páramo Riestra, acaba de publicar el libro Misión imposible: cómo comunicarnos con los adolescentes de Editorial Grijalbo.“Es importante tomar en cuenta en qué etapa se encuentra la madre cuando sus hijos entran en la adolescencia. Si está felizmente casada, si se siente vital, interesada por el mundo o si siente que va en decadencia, ya que un adolescente, con toda la vitalidad y la sexualidad a flor de piel, es muy confortativo para una madre que se siente sola”, dice Schreck.

“Los adolescentes tienen cuatro defectos: se creen inmortales, infértiles, invencibles e inmunes”, señala Martha Páramo. Son “defectos” de su edad; el adolescente reta a sus padres, cuestiona sus convicciones porque necesita separarse y tomar una identidad propia. Los padres tienen que ser fuertes y confrontar al adolescente con la realidad del mundo externo. Hacerle entender que no puede hacer lo que quiere.

“Hay que recordar”, comenta Alexis, “que el adolescente no puede diferir la dosis hormonal que está llegando. No puede decirle al cuerpo: Espérame tantito, ahorita estoy muy chavo y en la escuela me van a ver mal si me cambia la voz. Se sienten invadidos por un cuerpo que de pronto les resulta ajeno y las dosis de hormonas que los hacen tan emocionales es incontrolable”.

Afortunadamente, la adolescencia no es eterna. Termina cuando el joven adquiere una identidad, un oficio, es responsable y considerado por el otro. De acuerdo con Martha y Alexis, el que dejen el narcisismo es una buena señal.

Siendo ambas doctoras en psicoanálisis, el libro de Alexis y Martha no se queda en entender el proceso únicamente como un fenómeno social, tiene la visión psicoanalítica; sin embargo, su mayor virtud es que reta a los padres a que se cuestionen a sí mismos. Sus propios procesos y sus pasos por la adolescencia, así como su propio momento actual, para que desde ahí puedan entender la interacción con su hijo. “No es un libro que dice: Mira el monstruo que tienes en casa y trátalo con pinzas. Es un libro de mírate a ti mismo y a través de tu proceso ve qué está haciendo o dejando de hacer tu hijo. Los padres tienen que cuestionarse ¿Cómo estoy yo, mi pareja, mi situación? Para entender cómo actúa su hijo”. Alexis comenta que existen casos en los que un hijo empieza a beber mucho para “tapar” el alcoholismo del padre, o bien, empieza a reprobar en la escuela para que sus padres, que se llevan mal, se unan y vean por su bien. El momento que viven los padres, sin duda afecta a los hijos en el paso por la adolescencia.

Ser mamá es cosa de todos los días, también de esos días en que se quiere renunciar a esa chamba. Felicidades a todas ellas.

 

fernanda@milenio.com

http://www.milenio.com/blog/fernanda

Twitter http://twitter.com/FernandaT